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CAPITAL

"La provincia de Soria podría encajar y tener un sitio en Japón"

Maite, durante su úlitma estancia en la capital antes de partir a Japón.
Maite, durante su úlitma estancia en la capital antes de partir a Japón. / SN
Actualizado 01/02/2014 18:38:10

La periodista soriana Maite García Almazán vive ahora en el país nipón, en una apuesta de de continuar la vida fuera de España, tras dejar atrás una etapa en varios medios de comunicación de ámbito nacional.

“Creo que sí, que Soria sí tendría un lugar, un hueco en Japón”. Con estas palabras, quizás ensoñadoras, pero con los pies muy en el suelo y pisando firme, reflexiona la periodista soriana Maite García Almazán en la visión que le ofrece la provincia en el más extremo de los orientes.

Lleva allí ya cuatro meses, toda vez que decidió apostar en un órdago de maletas y lejanías inimaginables. Y de sensaciones también. Atrás quedaron sus labores en Telemadrid -“sobreviví a un ERE que fue horroroso”-, o Antena 3, además de otras labores en diferentes medios de comunicación en la capital de España y de difusión nacional. Ahora trabaja para Telecinco desde aquel país.

Ahora, el caminar arranca de otra vez. Nuevas costumbres, nuevo país, nuevo idioma… Perfecciones de sol naciente en las que el orden, la honradez y la pulcritud chocan con los devenires anteriores en España. “Hay que mirar hacia adelante”, dice, sin dejar atrás otros recuerdos y con la mirada en el seguro regreso. “Necesito salir para volver”, se sincera con tranquilidad, porque “quiero dar a la ciudad lo que ella me ha dado”. Añoranzas, quizás, que viven en el interior y que afloran espontáneas, como lo hace el Duero en sus albores para hacerse grande.

Conversadora directa, sin ambages ni estridencias, confiesa que sus raíces están aquí, e insiste en sus deseos. “Volveré. Quiero volver. Y como yo hay muchos sorianos que piensan en regresar para establecerse de nuevo en Soria definitivamente”, asevera con tranquilidad, a sabiendas que el momento del retorno llegará. Tardanzas no excesivas en el tiempo, calcula. “Aquí hay muchas cosas por hacer. Con imaginación se puede apostar por nuestra tierra”, observa, pero también puntualizando que “somos como somos. Si se hacen cosas, porque se hacen, y de lo contrario, porque no se hacen”, aunque de paso, se dirige hacia esa abulia que se prodiga en la vida soriana. “Veo que en muchas ocasiones se defienden actuaciones según el color político. Ocurre aquello del ‘me gusta porque soy de este partido o de este otro’, sin detenerse a mirar si verdaderamente es necesario o es bueno para la ciudad o para la provincia”.

Una certeza que asocia al desarrollo de obras en la capital, criticadas por unos y aplaudidas por el resto. “Lo bueno de verdad es que se haga algo. El centro de Soria se estaba agotando, muriendo por la invasión de las grandes superficies. No estoy en absoluto en contra de ellas, pero no me parecen adecuadas para una ciudad como la nuestra”, aclara. Y añade que “nos hemos empeñado en tener lo que tienen las grandes ciudades: es un gran error”, lamentando de paso que “no sabemos valorar la esencia de una pequeña ciudad como es la nuestra”

Diferencias al uso, Japón es el contraste con las costumbres sorianas, pero con cabida para quienes viven en la ‘Cabeza de la Estrema Dura’. “Hay mucha gente con riqueza vital”, compara, aunque también se muestra crítica con lo que cree se debe hacer un espacio “para que todos puedan entrar, participar”, logrando con ello sumar más riqueza a las aportaciones de ideas que tan solo unos pocos manejan. En las imperfecciones de ciudad, como también las tiene Tokio, alude a que la mitad de la población soriana “encajaría en Japón” ya que la otra mitad “es muy cerrada”.

Idas y venidas aparte, prefiere su tierra, con las desuniones que existen en política en un remar que nunca es al unísono, por todos, muy al contrario que las costumbres niponas que siempre miran hacia adelante “con el sentido de patria y con una historia que es sagrada, intocable y por la que todos luchan”.

Ahora, ya en Tokio, se enfrenta a modos de vida cuando menos sorprendentes para los occidentales, y por ende, a los sorianos. “Los niños llevan la misma mochila durante toda su etapa escolar, cuesta 180 euros, pero es rentable en dos sentidos: por un lado está el tema económico y por otro el saber dar valor a algo para que lo cuiden durante muchos años”, explica describiendo un detalle con el que arranca la existencia para los nipones. Y la honradez. “Apenas se ve la policía en las calles. De hecho, hay zonas verdes donde la gente sale a practicar el ‘running’ y deja el Ipad, la cartera, las llaves de su casa junto a su ropa al aire libre y al volver encuentra todo como lo ha dejado”. Una explicación que lo dice todo sobre las intenciones y el respeto a lo ajeno de los japoneses.

Y así, innumerables y constantes lecciones que sincera la enriquecen. “Los japoneses van siempre a una en el concepto de país”, en otra contraposición de los independentismos que día sí y día también refleja la prensa española. “Tenemos mucho que aprender de ellos”, afirma.

Quienes deseen seguir a esta periodista soriana, lo pueden hacer en su blog que escribe para el semanario Tiempo, y que lleva el título ‘Japón y yo’. Allí se pueden aconteceres diversos desde una visión humana, bajo dimensiones que no se escapan, pero que siempre sorprenden.

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Maite piensa que algún día volverá definitivamente a Soria. / SN
Maite piensa que algún día volverá definitivamente a Soria. / SN
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