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CAPITAL

El Papa Francisco declara Venerable a Madre Clara, clarisa de Soria

Madre Clara
Actualizado 03/04/2014 18:14:24

El Papa Francisco ha aprobado en la mañana del jueves que se publique el Decreto que reconoce sus virtudes heroicas.

En la mañana de este jueves 3 de abril, y en el transcurso de la Audiencia que Francisco ha concedido al Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato, el Papa ha aprobado la promulgación del Decreto que reconoce las virtudes heroicas de la religiosa clarisa Sor Clara de la Concepción Sánchez. Supone éste un paso decisivo en el camino hacia la Beatificación de la madre Clara, si bien para que la celebración pueda llevarse a cabo hace falta un milagro reconocido por la Santa Sede y atribuido a la intercesión de Sor Clara que, en estos momentos, está siendo estudiado en Roma.

Declaraciones del Obispo de Osma-Soria

Al conocer la noticia, Mons. Gerardo Melgar Viciosa ha afirmado que “la promulgación del Decreto es un paso muy importante de cara a su Beatificación. A este paso le seguirán otros como son el reconocimiento del milagro como auténtico por parte de las comisiones de médicos, teólogos y Cardenales, y el reconocimiento y la firma del Decreto de Beatificación por parte del Papa”. Así mismo, Mons. Melgar Viciosa manifestó “un profundo agradecimiento al Santo Padre Francisco por el Decreto” y felicitó “a la madre abadesa y a toda la comunidad de Hermanas Pobres de Santa Clara de la Diócesis por este día de gozo, al tiempo que rezamos para que el proceso de Beatificación siga su curso de modo que, muy pronto, podamos ver firmado el Decreto que permita su Beatificación”.

Declaraciones de la abadesa de la comunidad de Soria

En el monasterio de Hermanas Clarisas de Soria la noticia ha sido recibida con una enorme alegría. Su abadesa, Sor Ignacia María, ha afirmado que hoy “es un día muy grande para todas nosotras pero también para toda la Diócesis de Osma-Soria”. “La madre Clara, ha dicho, es hoy más que nunca un pilar de la comunidad; queremos vivir sus ideales y transmitirlos a las próximas generaciones de religiosas que Dios nos regale, especialmente el amor a Jesús en la Eucaristía”. Como ha recordado Sor Ignacia María, “muchas de las hermanas mayores conocieron personalmente a la madre Clara y el recuerdo que tienen de ella es el de haber vivido con una santa. Todas las que tuvieron la alegría de convivir con ella poseen el mismo recuerdo: haberse sentido especialmente queridas por ella”. En el momento en el que se reciba el Decreto, las Hermanas Clarisas celebrarán una Misa de acción de gracias en el que el texto pontificio será leído y dado a conocer a los fieles de la Diócesis de Osma-Soria. Las Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas) poseen dos monasterios en la Diócesis: uno en la ciudad de Soria (54 religiosas) y otro en Medinaceli (9 religiosas); además han fundado comunidades en dos países africanos: Zimbabwe y Mozambique, donde viven consagradas 12 y 5 religiosas, respectivamente.

El Proceso

El Decreto de las virtudes heroicas es un juicio emitido por la Congregación de las Causas de los Santos que establece que Sor Clara vivió una vida en profunda unión con Dios y fiel a las enseñanzas de la doctrina de la Iglesia. Teológicamente es un testimonio del florecimiento completo de las virtudes en la vida de la religiosa. Una vez que la Santa Sede da el visto bueno a la “Positio” (documento que recoge los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos de la Sierva de Dios, aprobada por una Comisión de teólogos consultores, y por los Cardenales y Obispos de la Congregación para las Causas de los Santos), el Santo Padre, como ha sucedido esta mañana, autoriza la promulgación del Decreto de heroicidad de virtudes con lo que la Sierva de Dios pasa a ser considerada Venerable.

Vida de la Venerable

El 14 de febrero de 1902 nacía Juana de la Concepción Sánchez García en Torre de Cameros (La Rioja). Hija de Leopoldo (maestro) y Agustina tuvo 6 hermanos más y con dos años de edad se trasladó junto a su familia al municipio soriano de Rebollar. Desde niña se le observó una innegable predisposición para la vida religiosa: fueron muchas las veces que, en vez de ir a jugar con otros niños, se le encontraban en actitud contemplativa en el interior de la iglesia del municipio. Su deseo de ser religiosa debió de esperar varios años por el respeto y obediencia a su padre, cuyos principales deseos eran que continuara con sus estudios. A los 20 años de edad ingresó en la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara en el convento de Santo Domingo (Soria). Fueron 53 años de vida ejemplar ocupando diversos y variados cargos: ejerció de sacristana, tornera, ropera, vicaria, ecónoma y abadesa (este último servicio durante 17 años). En todos ellos destacó por su sencillez y sumisión. Los testimonios de todas las personas que la conocieron en vida son coincidentes: era una persona entusiasta, alegre y amable. Su principal virtud fue el amor y el servicio a los demás con una humildad extraordinaria. Logró una profunda renovación espiritual en el convento, de forma que es considerada la refundadora del mismo. Ella, con profunda confianza en Dios, tenacidad y no sin dificultades, consiguió aplicar de nuevo la Primera Regla de Santa Clara, cuyo primordial principio es el voto radical de pobreza, así como establecer la Exposición y Adoración permanente a Jesús Sacramentado. Murió repentinamente víctima de un infarto de miocardio el 22 de enero de 1973 en Soria. Cuando la noticia se divulgó por la ciudad fue unánime el clamor que se empezó a propagar: “¡Ha muerto una santa!”. Se expuso su cadáver en el coro bajo del monasterio y fueron cientos los fieles que acudieron a despedirse de ella; dos religiosas, sin parar, no daban a basto a pasar por sus restos mortales rosarios, estampas, medallas, etc. pues la convicción profunda de los fieles era que acababa de morir una santa. Fue enterrada en el pequeño cementerio de la comunidad; el 20 de abril de 1982, como paso necesario para el proceso de Beatificación, se produjo la exhumación de sus restos y su cuerpo fue encontrado incorrupto (habían pasado nueve años desde que fuera enterrada en la tierra y en un terreno que poco favorecía este hecho prodigioso). Hoy día su cuerpo se encuentra en una de las capillas del monasterio siendo visitado a diario por multitud de fieles.

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