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Isabel Carrasco

Isabel Carrasco

OPINIóN
Actualizado 19/05/2014 11:26

Sin lugar a dudas, esta campaña electoral europea será tristemente recordada por la familia del Partido Popular de Castilla y León y de España, como aquella en la que asesinaron a Isabel Carrasco.

La presidenta del Partido Popular y de la Diputación en León, se disponía, como otros muchos, a acudir al mitin que en Valladolid íbamos a celebrar los populares el pasado lunes 12 de mayo.

Pero dos mentes enfermas y llenas de odio, se cruzaron en su camino. Dos mentes irracionales, que sin lugar a duda, cambiaron el curso de ese día, convirtiéndolo en una jornada de luto y de dolor.

Sin lugar a dudas, esta campaña electoral europea será tristemente recordada por la familia del Partido Popular de Castilla y León y de España, como aquella en la que asesinaron a Isabel Carrasco.

Un día infame, en donde luego se comprobó, cómo también a esas mentes putrefactas se sumaban otras, que con el mismo desprecio hacia la vida humana y de la que solo Dios es dueño, se hacían hueco en las redes sociales para frivolizar sobre un hecho atroz como lo es arrebatarle la vida a una persona.

Unos hechos, que constatan que algo falla en esta sociedad, en la que unos aprietan el gatillo y otros lo celebran; unos hechos en definitiva, que a muchos nos recordaron años anteriores en aquella España donde unos mataban y otros aplaudían.

No es momento ni lugar para grandes párrafos. Pero vayan por delante estas reflexiones: ¿todo vale y todo es justificable en política cuando las cosas no marchan bien?; ¿el hastío del ciudadano con los políticos justifica cualquier declaración aberrante?

Hoy más que nunca, se debe de remarcar que existen unas líneas que no deberían de ser traspasadas nunca. Unas líneas, que propician el correcto y necesario equilibrio en nuestra sociedad, y unas líneas, en definitiva, que si se traspasan, pueden conducirnos a una situación inmoral y sin retorno alguno y en donde el ser humano, corre peligro de perder su condición.

Nadie merece un final así. Pensar lo contrario, es haber perdido el alma.

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