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A Canto Benito

A Canto Benito

OPINIóN
Actualizado 09/12/2014 00:51

Naciste zamorana, pero con los años te hiciste una soriana de los pies a la cabeza; pero ante todo, fuiste siempre una buena persona ? mujer siempre fuerte? y con un carácter propio y que esta tierra castellana imprime a fuego entre sus gentes nobles.

Querida Canto: todos los que formamos la gran familia del Partido Popular de Soria sentimos en estas horas una inmensa tristeza por tu muerte tras una lucha incansable con la fatídica enfermedad que definitivamente ha apagado tu cuerpo. Son muchos los recuerdos que al escribir estas líneas me vienen a la mente, porque muchos han sido también los años de compañerismo dentro del que fue tu partido y en el que sin duda alguna, has dejado una huella inquebrantable.

No hace muchos meses que volvías a contarme camino a Valladolid, cómo llegaste destinada a Soria desde Zamora ? tu tierra natal ?, en pleno inicio de las fiestas de San Juan a finales de los 80, con el lío que eso le supuso a una forastera que venía a tomar posesión y que no entendió lo sagrado de esas fechas para los sorianos. Impotente y asombrada por lo que aquí te encontraste, te volviste a Zamora, donde tus padres me decías, te dijeron que si estabas loca por haberte vuelto sin tomar posesión. Quien te iba a decir, querida amiga, que con el paso de los años, ibas a ser tú misma, una apasionada de las mismas fiestas que tanto marcaron tu llegada a la ciudad; una ciudad, donde además conociste al que sin duda alguna ha sido tu bastón hasta tus últimos momentos, tu querido marido Sergio, que conociste con la complicidad de Pedro Antonio Heras tras una noche de elecciones europeas allá en el año 94.

Naciste zamorana, pero con los años te hiciste una soriana de los pies a la cabeza; pero ante todo, fuiste siempre una buena persona ? mujer siempre fuerte? y con un carácter propio y que esta tierra castellana imprime a fuego entre sus gentes nobles. Quizás sea esa, tu faceta de buena persona, la que quedará a partir de ahora en el ambiente de cualquier sala donde se pronuncie tu nombre y tu recuerdo.

Durante estos casi cuatro años en los que Jesús Peregrina y yo hemos compartido escaño contigo en las Cortes de Castilla y León, sólo podemos mostrar un profundo agradecimiento por todo el apoyo que nos diste como veterana en esto de la actividad parlamentaria. Tu sentido del humor, tus consejos, tus vivencias y tus anécdotas tras tantos años en la política regional, se convierten hoy más que nunca, en un fondo privilegiado de recuerdos que mantendremos Jesús y yo mismo, vivos en nuestros corazones. Más aún yo, porque con especial cariño recordaré siempre cómo cuando me ofrecieron ir en la lista al Parlamento regional, y te llamé para pedirte consejo, me dijiste: "bájate a casa ahora mismo", y allí, en tu salón, hablamos largo y tendido sobre unas Cortes de Castilla y León desconocidas para mí.

Meses más tarde, cuando me llamaron para decirme que entraba en el arco parlamentario, fuiste la primera persona a la que llamé para decírselo. Cómo te alegraste Canto. Contigo fui al Parlamento por primera vez antes de tomar posesión para conocer la casa, y cuando volvía al escaño tras tomar posesión en septiembre de 2011, en tu mirada y en tu gesto, pude leer eso que me dijiste en el salón de tu casa meses atrás, y que tan sólo otra persona más me dijo.

Querida Canto, durante estos últimos meses de lucha incansable, no ha habido día en que tus compañeros no te hayamos recordado; bastaba con ver tu escaño vacío para hacerlo. Realmente no pensábamos en este desenlace tan prematuro. Pese a todo, a los que hemos estado a tu lado en estos últimos meses, nos has dado verdaderamente un ejemplo de valentía frente a una enfermedad, que aunque iba por dentro, disimulabas muy bien con esa fortaleza que antes mencionaba. Realmente nos preguntábamos de dónde sacabas esa entereza para acudir a las comisiones y a los plenos según te encontrabas a veces.

Hoy estoy convencido de que cualquiera que haya tratado contigo siente una profunda tristeza. Seguro, cómo no, que también los niños de Los Rábanos "mis niños", como tú decías, y a los que adorabas y de los que tanto me hablabas cuando llegaba el verano y daban alegría a las calles del pueblo donde residías, porque en el fondo, querida Canto, llevabas dentro de ti a toda una madre como demostrabas con todos los que te rodeábamos.

Qué buena madre habrías sido Canto, y cuánto sé lo que te pesó no haber podido serlo. Precisamente fue allí, en Los Rábanos, hace unos meses, donde junto a Marimar Angulo nos propusiste quedar un día para asar un cordero en el horno de esa panadería a la que nos llevaste sólo para percibir el olor que desprendía; un olor, que al escribir estas líneas me viene de nuevo a la mente y que se entremezcla con la pena de que desgraciadamente esa comida ya no se producirá.

Querida amiga, dentro de unas horas, recorrerás por última vez de vuelta a tu Zamora natal, esa carretera que nos une con Valladolid y que tan bien conocías; una carretera, que a partir de ahora queda como testigo mudo de miles de pensamientos, conversaciones y recuerdos. Yo ahora, no puedo sino rezar por ti, porque como decía San Agustín, y yo te decía a veces hablando de la vida: una flor por un difunto se marchita, una lágrima se evapora, pero una oración por el alma la recoge Dios. Desde luego querida Canto, estoy convencido de que si en el cielo ? donde sé te encuentras ? hay un parlamento, habrás ya, sin duda alguna, tomado posesión y presentado alguna medida para mejorarlo.

Lo llevabas en la sangre y en el alma.

Un abrazo querida amiga, y descansa en paz.

Ignacio Soria Aldavero

Procurador del Partido Popular en las Cortes de Castilla y León

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