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Tras la borrachera griega

Tras la borrachera griega

OPINIóN
Actualizado 01/02/2015 23:10

España no es Grecia. España no puede ser Grecia. Lo que España necesita, y así sus ciudadanos, son políticas de estabilidad y prosperidad alejadas de falsos ídolos.

La victoria en Grecia de los populistas, no ha hecho sino sembrar de incertidumbre a una Europa que se recupera de una de las crisis más graves sufridas en años. Los primeros pasos del nuevo Ejecutivo heleno no es que ayuden demasiado para un país que inexorablemente necesita la ayuda de sus socios para salir de la delicada situación en la que está inmersa. Ya sabemos que los populismos se crecen y alimentan a sí mismos, pero una vez digerida la victoria, una vez pasada la borrachera electoral, la cruda realidad continuará a la vuelta de la esquina.

La revolución llevada a cabo en Grecia por el partido Syriza, recuerda a la emprendida por Lutero allá por el siglo XVI. Una revolución contra el sistema impuesto de la época, pero que a la larga, sólo trajo destrucción e inestabilidad porque antes de entender la realidad existente ? aún con sus errores ? primó el populismo sordo y ciego.

En España comienzan a aflorar los que ya mascan entre sus afilados dientes algo similar para su patria. Comienzan a nacer gritos de ese populismo que en ejemplos presentes por el mundo, siempre tienden a acabar con la paz y la justicia en nombre precisamente de ellas. Populismos que se sirven del descontento, del desánimo, para luego imponer una dictadura encubierta donde las libertades individuales terminan por desaparecer para imponer su particular opio para el pueblo.

España no es Grecia. España no puede ser Grecia. Lo que España necesita, y así sus ciudadanos, son políticas de estabilidad y prosperidad alejadas de falsos ídolos que bajo la piel de cordero esconden verdaderas fieras dispuestas a convertir en un desierto lo logrado por todos en más de treinta años.

Es verdad que el desánimo ha ocupado un lugar en los hogares de los españoles, pero no es menos cierto afirmar, que nadie querría en su salón, junto a su televisor y su familia, una fiera dispuesta a desgarrar un futuro que poco a poco vuelve a retomar su color natural. España no está para experimentos, y por tanto, nadie debería prestarse a que los hicieran con su presente, ni con su futuro.

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