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RUTAS

Ruta por Calatañazor; historia viva por el Valle de la Sangre

Actualizado 06/10/2016 17:36:56

El recorrido nos lleva al Sabinar, La Fuentona, Muriel de la Fuente, Cubilla, Cubillos, Cantalucia, Talveila, Muriel Viejo, la ermita de La Blanca, Cabrejas del Pinar y Abioncillo de Calatañazor

Pocas veces tenemos que agradecer a la desidia institucional el mantenimiento de un pueblo. La villa de Calatañazor es hoy una puerta al pasado. El trazado de sus calles, sus casas recuperadas, la iglesia, el castillo, las murallas, nos hacen conocer la vida de nuestros ancestros.

Desde aquí, empezamos la ruta. Dejamos el coche en el aparcamiento municipal, y nos dirigimos hacia Muriel de la Fuente, con parada en El Sabinar, donde podemos admirar árboles centenarios. LLegamos al Centro de Interpretación de La Fuentona, que también lo es de la sabina, donde nos podemos llenar de información y olores.

Recorremos La Fuentona, admirando el agua cristalina de un recien nacido, el río Abión. A un lado dejamos la cascada, efervescente en tiempo de lluvias, y alcanzamos el nacedero que en forma de laguna nos muestra una tonalidad variada de colores tamizados con el entorno.

Retomamos la ruta hacia Muriel de La Fuente, y en el pueblo podemos admirar las esculturas colocadas en enclaves estratégicos de figuras clásicas. Marchamos hacia Cubilla, y nos acercamos al despobllado de Cubillos, con restos de la arquitectura tradicional. Nos encaminamos hacia Talveila, por Cantalucia, y en la localidad visitamos el museo etnográfico. Nos cruzamos hacia Muriel Viejo, y pasamos por el Centro Forestal y el lavadero camino de la ermita de La Blanca. De ahí a Cabrejas del Pinar, un paso. Vemos la Fuente Romana, la antigua fragua, las nuevas plantaciones de encinas micorrizadas. Volvemos en dirección La Fuentona hasta el cruce de la carretera que une Muriel y Calatañazor, y entramos en Abioncillo, recorriendo las calles, del pueblo-escuela.

Ya en la villa histórica podemos adentrarnos en la iglesia y ver su museo, adquirir pastas o algun detalle en los comercios, y comer bien en los restaurantes, que ahora abren sus terrazas y hacen que el visitante se sienta a gusto, tras un recorrido placentero.

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