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El arte del vídeo performance mexicano ilumina Soria

El arte del vídeo performance mexicano ilumina Soria

REPORTAJES
Actualizado 26/11/2017 20:58
Bernat Díez

Metáforas, como la del amor con el jamón, en movimiento. Miradas transformadas en imágenes. El laboratorio de creación y expermental de Pancho López, miembro del jurado del XIX Certamen Internacional Cortos de Soria, colabora a que la ciudad castellano y leonesa estreche lazos profundos con México, el país invitado al festival.

Muchas de las tendencias audiovisuales tienen cabida en el XIX Certamen Internacional Cortos de Soria, que ya es una realidad en la capital. Cine y más cine. En la Audiencia, en la calle o en lugares habilitados para las proyecciones. Entre esas variantes de la mismísima pantalla, el videoarte, o vídeo performance. De la mano de Pancho López, artista mexicano invitado al festival de Soria, la creatividad y los experimentos audiovisuales se acercan a la ciudadanía. Todo mediante el cuerpo, el gran protagonista de esta corriente ideada en los años 60. La creación sujeta al movimiento corporal. El vanguardismo mexicano cobra sentido en Soria. Sin ninguna duda, eso favorece al “hermanamiento”, en palabras de Pancho López, entre México y Soria.

Revisará todos los cortometrajes expuestos en la Audiencia. Impartirá una ‘máster class’ para que los sorianos conozcan lo que él crea. Desempeñará junto a otros “colegas” la función de jurado. Se lo tomará “en serio porque mi meta es salir de Soria con una experiencia nueva. Es un reto, un nuevo juego”. Mexicano, de Ciudad de México. “Estudié Comunicación. Me dedico al Performance y al videoarte”. Así se presenta a Soria Pancho López. Con “obra propia”, el artista trabaja mientras observa “lo cotidiano”. Temas como “el amor”, un lenguaje universal. A Pancho López le interesa “mucho el intercambio. Generar relaciones”. Sus creaciones experimentales, el salvoconducto para perpetrar “conexiones”. Define el vídeo performance como “un arte-acción interdisciplinario, involucrado con recursos tecnológicos y edición. Un arte del cuerpo para generar una imagen en movimiento”. Por ello cree que está “aquí”, en Soria. “La vídeo-creación, un universo único, es cercana al cine. Un híbrido que permite manipular los tiempos, el lenguaje y el mensaje. Explorar nuevos caminos”, apostilla. Palo de López a los agentes que rodean la gran pantalla: “El cine es caro y siempre va a ser caro. Complejo”, denuncia. Alaba, asimismo, su grandeza: “Es la forma universal para contar historias. Es un arte generoso. Te permite leer y releer. Visitar y volver a visitar historias. El cine es polisémico. Es un punto de conexión entre países”.

Repasando la trayectoria del vídeo performance, recuerde que en los años 80, “el videoarte era un espacio de libertad. El cuerpo era visitado y revisado. Las mujeres empezaron a trabajar con eso y encontraron un espacio único. En pleno siglo XXI, el videoarte es un mundo extremadamente abierto. Una posibilidad creativa”, destaca el artista de Ciudad de México. “Una mirada específica”, valora. “Crear, experimentar y explorar”, reflexiona.

Los 'pícnics' y el jamón serrano

Experimentos, creación o cuerpo. La obra de Pancho López se acerca a esos campos. “El principal elemento es el cuerpo, una copa que guarda alma, espíritu y identidad. He visto cómo se hace viejo. Observo como el cuerpo, por sus propios procesos, cambia. Ese es el principal factor de mi trabajo”, destaca. Pasó a grabar 17 pícnics en 17 lugares distintos. “Me gustaba salir a comer a lugares públicos. Iba yo solo, con traje y corbata, a comer comida formal en sitios públicos. En la Quinta Avenida de Nueva York o en el centro histórico de México, por ejemplo. Una aparición, con un mantel de cuadros, en este mundo imaginario de los pícnics”, relata. Se dio cuenta entonces que formaba parte de una sociedad “que consume”. Le interesaba ver cómo “el cuerpo consume y se consume”.

Cuenta con otros trabajos. ‘Love’ es uno de éstos. “El amor es universal. Todos lo sentimos”, manifiesta el mexicano. “El amor es como el jamón serrano. Algo lujoso y que todos deseamos”. Y en base a esa “metáfora”, Pancho López recreó esa comparativa en Madrid: “Partí la mesa que sujetaba el jamón. No estamos preparados para recibir aquello que tanto queremos. El jamón y el amor son caros”. Metáfora. O el trabajo con ‘peceras’, otra prueba de su obra personal. “El juego de metáforas es lo que crea el performance. Transformar una mirada en una imagen sobre la vida misma”, sintetiza el artista mexicano.

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Comparativas

Sin embargo, el performance “tiene la mala suerte de contar con charlatanes. Alguien que hace algo y ya se cree performance. En esos casos pierde su fuerza. Se domestica”, critica López, quien da por olvidado ese arte en México. “No hay apenas festivales performance. Es casi inexistente. Hay eventos, sobre todo en el ‘posporno’, que explora lo inexplorable”. En España ese movimiento sufre un cambio respecto a lo desarrollado en México, según el creador mexicano. “Pioneros como Bartolomé Ferrando, Esther Ferrer o Paz Muro exploraron muchísimo. Hay una historia detrás que incorpora elementos tecnológicos después. Hay todo un movimiento”, compara López. “Esos artistas se lo toman en serio. Con un compromiso grande”, destaca sobre esas diferencias.

Más comparaciones entre México y España, según Pancho López. “Aun y estando en el tercer mundo, tenemos un sistema paternalista que permite generar obras, mediante apoyos públicos”, defiende López sobre su país de origen. La “unión” entre México y España se fragua a través del “idioma, la sangre, la historia o la comida”, considera. Respecto a las producciones audiovisuales, “México explota una estética más indígena, preciosista. En España se busca una perfección de la imagen”, alega.

El simbolismo de Frida Kahlo

Nombra al personaje de Cantinflas, pero mientras narra, suena ‘Limón y Sal’ de Julieta Venegas, cantante y activista mexicana. Justo después, aparece el nombre de Frida Kahlo, el símbolo mexicano. Parece hecho a posta, aunque no está premeditado: en unos instantes confluyen en su discurso, lo de Venegas sin quererlo, tres divinidades de México.

“Personalmente no he trabajado en ella. Pero he visto trabajos que me han dejado helado”, se refiere a Kahlo. Recurre a Chile: “Para mí, la pieza más impactante es la representación de ‘Las dos Fridas’ que hicieron Las Yeguas del Apocalipsis en Santiago. Se vistieron de Frida y se conectaron, entre ellos, agujas para la transfusión de sangre. El Sida y el amor estuvieron presentes”, recuerda. Un acto performance en vivo. “Frida solo hay una. Esta imagen está explotada, revisada, vendida, sobrevalorada. También inspira y provoca. Un icono mexicano”, detalla.

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