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Bendita vuelta a la política

Bendita vuelta a la política

OPINIóN
Actualizado 27/07/2018 11:32
Sergio García

Carta de opinión de Sergio García, director de Soria Noticias

Pablo Casado ha ganado las primarias del Partido Popular con un discurso lleno de contenido ideológico, de ideas y de valores. Y más allá de que estés de acuerdo con ellos o te sitúes ideológicamente en las antípodas, la vuelta del debate político es una buena noticia. Porque cuando no hay discurso se crea un vacío que se llena de gestos, de marketing, de personalismos. Y se llena, sobre todo, de partidos políticos de ideología extrema que se adueñan del debate público por incomparecencia de los demás. “Un giro a la derecha” parecen denunciar algunos alarmados porque el partido tradicional de la derecha española haya elegido a un candidato de derechas.

Y Soraya Sáez de Santamaría ha perdido justo por todo lo contrario, porque hasta dentro de su partido la han visto como una persona carente de ideología a la que lo único que le importaba era el poder. De gestión y previsibilidad es de lo que siempre ha presumido el anterior ejecutivo. Pero cuando tu único valor es ostentar el poder y lo pierdes… no tienes nada con lo que defenderte. Por eso tras la moción de censura, el marianismo estaba perdido y la enmienda a la totalidad que le han hecho sus propios afiliados supone el fin de una etapa en el PP y en la política española.

El marianismo pasará a la historia como la sorprendente capacidad para ponerse de perfil ante los problemas esperando que el simple paso del tiempo traiga mejores circunstancias. Y durante más de una década le ha funcionado. Ahora bien, dice la sabiduría popular que el mal que no mejora empeora y eso es justo lo que le ha pasado a Mariano Rajoy y al PP. Se ha visto en dos temas principales, Cataluña y la corrupción. En Cataluña, como comentábamos antes, la inacción ha dado vía libre para que el discurso independentista copase el debate sin encontrar réplica. Los potenciales votantes de derechas han interpretado que el PP no ha defendido con suficiente contundencia la unidad del estado. Pecado mortal para un partido conservador. Sobre la corrupción, el Gobierno de Rajoy también se ha quedado a medio camino sin atacarla frontalmente y, a la vez, sin defender al partido. Cada vez que Rajoy decía aquello de “esa persona de la que usted me habla” fuera del PP se reían y dentro del PP se enfadaban. Ponerse de perfil y esperar que el tiempo solucionase los problemas, de nuevo, no era la mejor opción que hubiese pasado por reconocer sin ambages los errores y hacer una dolorosa limpieza interna.

Pablo Casado ofrece un discurso y una cosmovisión a una parte de la sociedad que se siente huérfana de ella, fuera de la forma de entender la realidad que predomina en la sociedad. Y predomina no por ser mayoritaria sino por, como hablábamos antes, la ausencia de otras ideas con las que confrontar.

La necesidad de una bajada general de impuestos, una liberalización de la economía, la defensa sin cortapisas de la unidad territorial, importantes cambios electorales, la defensa de la vida y la familia, una paz en el País Vasco con vencedores y vencidos, un estado de bienestar sostenible o un papel clave para España en la política internacional. Esas son alguna de las ideas defendidas por Pablo Casado, postulados con los que se puede estar o no de acuerdo pero que, en cualquier caso, siempre será bueno debatir. Porque donde no hay un discurso alternativo al de la izquierda es donde ganan los Trump, los Le Pen y los Salvini. Bienvenido sea el debate, bienvenidas las ideas, bienvenida la vuelta a la política.

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