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El verano se salda con un 25% más de trastornos alimentarios

El verano se salda con un 25% más de trastornos alimentarios

ESTILO DE VIDA EN SORIA
Actualizado 04/09/2018 11:31

El comparador de seguros Acierto.com explica las razones de este incremento y ofrece pautas de tratamiento al respecto: el culto al cuerpo tiene mucho que ver.

A pesar de que el verano lleva aparejados múltiples beneficios, son muchos los ciudadanos que no llevan demasiado bien las altas temperaturas. Y no estamos hablando solamente del calor, sino del mero hecho de aligerar el vestuario y dejar al descubierto ciertas partes de su anatomía. Sí, porque la preocupación por el aspecto físico y los kilos de más son motivo de preocupación entre los españoles.

Tal es así que, según el último informe del comparador de seguros de salud Acierto.com, casi la mitad de los españoles aseguran haberse puesto a dieta alguna vez en la vida, y no solo eso, sino que hasta al 61,5% le preocupan las calorías que ingieren. Y si bien el 54% solo trata de llevar una alimentación equilibrada, un preocupante 7,5% cuenta las calorías que se lleva a la boca. Este comportamiento, por desgracia, podría acabar derivando en problemas más graves como los trastornos de la alimentación.

Precisamente, la entidad ha registrado un incremento de hasta el 25% de casos atendidos este verano; un aumento que no es nuevo cada año y que cada año se produce en especial durante las primeras y últimas semanas del verano. Aunque se trata de cifras globales, la bulimia y la anorexia se postulan como las grandes protagonistas de los ingresos hospitalarios, sobre todo esta segunda, cuya incidencia es también mayor en núcleos rurales -versus núcleos urbanos-.

En cifras más amplias, se estima que hasta 70 millones de personas en todo el mundo sufren patologías alimentarias, y que el 85% son mujeres. El perfil de afectado tipo, precisamente, es el de mujer joven entre los 13 y los 25 años, aunque el espectro (tal y como viene fraguándose los últimos años) se está ampliando y se ha apreciado un aumento del número de varones.

De hecho, más de la mitad de los encuestados por el comparador de seguros admitió que se apunta al gimnasio por estética, para “lucir tipazo”, en lugar de ir motivado por mejorar su salud. El culto al cuerpo y a la alimentación sana, la importancia de la imagen y la asociación de conceptos como la delgadez al éxito tienen mucho que ver, pero, por supuesto la autopercepción y disfunciones afectivas del propio paciente. Los trastornos de la alimentación más habituales en ellos son la vigorexia y la ortorexia.

En la antesala de su desarrollo solemos encontrar abusos sexuales, desestructuración familiar, dietas excesivamente estrictas y más. Los síntomas son variados y dependen de cada enfermedad concreta, pero en términos generales los pacientes emplean la comida como una forma de control o satisfacción. Las restricciones, ingestas compulsivas, vómitos, etcétera resultan frecuentes.

Trastornos alimentarios desconocidos

Más allá de la anorexia y la bulimia, existen otros trastornos alimentarios poco conocidos como la ortorexia, la diabulimia, la pregorexia, drunkorexia, la ingesta compulsiva, etcétera. De hecho estos dos primeros se encuentran en pleno auge. Pero, ¿en qué consisten exactamente? ¿Cómo podemos tratarlos?

Respecto a la ortorexia, se trata de la fijación por "comer bien". Los afectados controlan al milímetro la composición nutricional de lo que ingieren, memorizan calorías y tablas de forma compulsiva y llevan a cabo ciertos rituales (uno habitual es cortar los alimentos solo con cuchillos de cerámica. La consecuencia más inmediata tiene que ver con su sociabilidad -dejan de salir para llevar a rajatabla la dieta, y tienen a sentirse superiores por su forma de control-. A largo plazo pueden darse carencias nutricionales y otras parecidas a las que tienen los pacientes bulímicos y anoréxicos.

En cuanto a la drunkorexia, los pacientes dejan de comer para “poder beber” y “compensan” las calorías -incrementando las posibilidades de daño hepático-. Está muy ligado a la anorexia. La pregorexia la sufren aquellas embarazadas que tratan de no engordar durante la gestación por todos los medios, incluso a costa de poner a su hijo en peligro; y la diabulimia la sufren los diabéticos que deciden prescindir de la insulina para adelgazar.

La potomanía, asimismo, resulta también muy frecuente. Consiste en la obsesión por hidratarse. Los pacientes lo hacen hasta tal extremo que acaban teniendo desequilibrios electrolíticos, es decir, que afectan a los minerales que necesita su cuerpo para funcionar con normalidad. Es también un trastorno de la ansiedad multicausal.

Un correcto abordaje, clave

Si bien un tratamiento temprano resulta primordial en la mayoría de enfermedades, todavía lo es más en aquellas que pueden alargarse en el tiempo y tienen implicaciones físicas y psicológicas devastadoras para el paciente. En el caso que nos ocupa, el reconocimiento del propio afectado será fundamental. De nada sirve decirle que tiene un problema, sino que se trata de hacérselo ver del modo más cariñoso y asertivo posible. Aquí hay que tener en cuenta que suelen ser perfiles con un nivel de autoexigencia muy alto.

El primer abordaje, además, deberá ser psicológico, pues los síntomas son solo eso: síntomas; la manifestación de que existe un problema más profundo se ha ido labrando, creando un trauma, desarrollo afectivo disfuncional, etcétera; que ha acabado afectando a la percepción de la propia imagen del enfermo.

Un punto en el que un seguro de salud privado nos resultará de gran ayuda, sobre todo si tenemos en cuenta las dificultades de acceso y tiempos de espera en algunas áreas con los que cuenta la Seguridad Social. No obstante, no todas las compañías aseguradoras están dispuestas a cubrir a pacientes con estos problemas y la mayoría cuentan con ciertas limitaciones en lo que se refiere al psicólogo en el seguro de salud. Habitualmente estas se refieren al número de consultas anuales a las que puede acceder el cliente. Pero las condiciones pueden variar mucho según la entidad.

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