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Tener el corazón demasiado grande, el bendito problema de Manu Salvador

Tener el corazón demasiado grande, el bendito problema de Manu Salvador

DEPORTES
Actualizado 24/10/2018 17:47
Bernat Díez

La luz del líder espiritual del Río Duero se apagó ante el Ushuaïa Ibiza en Soria. La 'desaparición' del '2' mete en un lío al combinado celeste, que se resiente si el de Coslada no da síntomas de reacción. Este sábado, partido "a vida o muerte" contra el Textil Santanderina. En juego, la Copa del Rey 2019.

No es habitual ver cómo Manu Salvador, "la vara de medir anímicamente" a los celestes, se queda en el banquillo, y sin disputar ni un sólo minuto, a partir del ecuador del segundo set de un partido tan trascendental como fue el Río Duero-Ushuaïa Ibiza. El '2' de los sorianos no estaba: sí "físicamente", pero no espiritualmente. "Es todo corazón", apuntaba Elías Terés, segundo entrenador del Rio Duero, en el postpartido del pasado sábado en el Pabellón Los Pajaritos. La luz de Salvador se apagó. Manga larga, semblante serio y al banquillo. La autoexigencia vence, no muchas veces, al líder espiritual de un conjunto que va "a vida o muerte" contra el Textil Santanderina, la esperada reacción celeste para empezar a perfilarse hacia la Copa del Rey 2019.

Un set y medio, cinco puntos y "un disgusto" del mismo tamaño que el Pabellón Los Pajaritos en una contienda en la que "los finales de los sets no fueron nada buenos". Salvador seguirá exigiendo al Río Duero y autoexigiéndose a sí mismo. "¿La verdad? No estuve muy bien en el primer set. En ataque, sobre todo. Es la faceta en la que debo destacar. Tuve varios errores. Me costó. No estuve acertado", lamenta. El segundo set amagó con un resultado más esperanzador, pero nada más lejos de la realidad. Espejismos. "En el segundo set estuve algo mejor. Sin embargo, ahí tuve unos cuantos errores de recepción", refuerza el de Coslada, quien se siente un soriano más en un bloque que alcanza los 31 años consecutivos en la élite del voleibol nacional.

El funcionamiento de Salvador se rige por sus impulsos pasionales en la pista. Es garra. Es el corazón del Río Duero. ¿Pero qué pasa cuando ese músculo deja de bombear "energía"? La 'desaparición' del '2' mete en un lío al combinado celeste, que se resiente si Salvador no da síntomas de reacción. "Soy más de corazón que de cabeza. Cuando juego bien es más por eso que por otra cosa". Ante el Ibiza (1-3), se encontró con un querer y no poder. No fue, ni mucho menos, el día de Salvador. De hecho, "me cambiaron. El equipo empezó a estar algo mejor y ya no volví a entrar", corrobora. Sevillano, "el mejor jugador del equipo", entró por Salvador en la segunda manga. Hombre por hombre. Peso fuerte por peso fuerte. La sustitución fue "conveniente para mejorar la recepción del equipo", que era "lo que hacía falta".

El de Coslada dio un paso atrás por el bien del equipo. Intentó "cambiar la actitud", aunque sin los resultados esperados. No pudo "aportar" todo lo que él quería al equipo. "Cuando me meto presión y las cosas funcionan, noto que tiró del equipo". Y de la grada, a la que es capaz de contagiar su carisma. El día en el que "las cosas fluyen", la energía de Salvador corre rápidamente por las venas del Rio Duero. "El problema es cuando ocurre lo contrario: cuando no estoy bien, siento que el equipo se resquebraja bastante", manifiesta.

Salvador extrae "partes positivas" del duelo, segunda jornada de la fase regular, que les midió ante el Ushuaïa Ibiza. Pero también se queda "con las partes negativas". El cuarto set "fue muy malo", resalta. Fueron "por delante de Ibiza, un equipo igual o superior que tú, en los dos primeros sets". Sin embargo, los fatales desenlaces de las mangas provocaron que los de la isla blanca terminasen "escapándose" en el luminoso y en el global.

"Ya son muchos años" al servicio de Soria. El madrileño cumple 15 temporadas en las que hace latir al que ahora se conoce como Río Duero. "Hemos estado en circunstancias parecidas, sobre todo en las primeras vueltas", contextualiza Salvador sobre el arranque dubitativo que se ha marcado el bloque celeste en esta temporada 2018-19. "Al final, siempre hemos logrado entrar en Copa", pero lo cierto es que para acceder la siguiente (2019), "en la tercera jornada, nos metemos en un partido (Santanderina-Río Duero) a vida o muerte, absolutamente", expresa el receptor-atacante sobre el compromiso de este próximo sábado a las 18:00 horas en Cabezón de la Sal.

Sorpresas desagradables acontecidas en la primera jornada liguera, en casa del Intasa San Sadurniño. "Nadie contaba, sinceramente, con perder el primer partido ante un equipo tan inferior, bajo mi punto de vista, al nuestro", lanza Salvador. Una derrota que trastoca "toda la primera vuelta". Escuece. "Ahora mismo, el problema es que nos jugamos la vida. Es duro, pero es así: tercera jornada. Si perdemos, nos ponemos en una situación muy complicada para entrar en la Copa del Rey", narra. Es realista ante las remontadas a las que se apunta año sí y año también el Río Duero: "Algún año no sonará la flauta y nos quedaremos sin cumplir los objetivos. No podemos empezar tan mal". En octubre y en noviembre, el Río Duero "no acaba de carburar".

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