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La ofensiva de Fran Valero: su Numancia Juvenil pasa al ataque

La ofensiva de Fran Valero: su Numancia Juvenil pasa al ataque

DEPORTES
Actualizado 15/08/2019 13:22
Bernat Díez

Guerra sin cuartel. “Básicamente, el equipo tiene los conceptos claros para llevar el peso del partido y para mandar desde el minuto uno y desde atrás”. El nuevo técnico, quien regresa a casa, entiende que su séquito practicará un balompié “controlado, vistoso y ofensivo”.

Cuádrense y no se atrevan a romper filas. La tropa del comandante Fran Valero, que se hace cargo del CD Numancia Juvenil, tiene el deber de dar continuidad a la emblemática temporada registrada por los muchachos de Pablo Ayuso (2018-19), tan tremenda como inusual, nunca antes cosechada en Soria. Porque este Numancia defiende esta temporada (2019-20) su campeonato en el Grupo II de División de Honor. Valero, Alfredo Ramírez y Diego Fernández, desde la torreta, procurarán que los demás (Athletic Club, Osasuna, Real Sociedad, Eibar o Deportivo Alavés) no mancillen su trono.

El ejército del madrileño Fran Valero se ha rearmado. Debía hacerlo tras ganar una guerra, compuesta de 30 batallas. Después de tal insurrección, alirón final: primera Liga en División de Honor para el Numancia de Ayuso.

Oh capitán, mi capitán. Directrices claras en la Ciudad del Fútbol, bajo el mandato de Valero. Como buen conocedor de los valores que nacen desde las Fuerzas Armadas Españolas, donde él ocupa un rango en Zaragoza, Valero pedirá “disciplina, que hará fuerte al grupo, y respeto”. El del fútbol y el del Ejército “son dos mundos parecidos”, y no exagera.

Guerra sin cuartel. “Básicamente, el equipo tiene los conceptos claros para llevar el peso del partido, para mandar en los partidos desde el minuto uno y desde atrás, que es lo difícil en el fútbol. A partir de ahí, traducirlo en ocasiones”, analiza Fran Valero. Con esos automatismos, se entiende que realizarán un fútbol “controlado, vistoso y lo más ofensivo posible”.

Valero esconde el ‘fusil defensivo’, que ha caracterizado el juego de sus equipos anteriores (Uxama y Almazán), más combativos y aguerridos, para reproducir fútbol a partir del control numantino en las contiendas del Grupo II de División de Honor. Su séquito avanza: Valero, lanzado, pasa al ataque. Este aspecto le motiva, en un sitio “donde hay mimbres” para practicar ‘el otro fútbol’. Este Numancia Juvenil se moverá sobre un “1-4-4-2”. Su cuadro ha de saber “a lo que juega desde el minuto uno”, alega.

¡Qué nadie se relaje! Valero, un tipo honesto y con principios, garantiza que “jugará el que mejor esté, el que mejor trabaje y el que lo haya merecido”. El de Madrid no se casa con nadie, más que con el conjunto en total.

Con el aterrizaje de Valero se ha acontecido una esperada vuelta a la base, a casa. El técnico madrileño recibe la propuesta de este club, por el cual siente una afinidad terrible, y ni lo reflexiona un instante, pues “donde mejor se está es en casa”. Dispone de medios y está “arropado”. Se formó como míster en el Numancia y no puede estar más encantado de regresar “a casa”. A parte, tenía una “espinita clavada”; lo de “entrenar en una categoría como esta (DH)” lo llevaba bien adentro. Para Valero, “es un privilegio volver a formar parte de esta familia”, la que ahora atenderá sus órdenes.

Gestiona “un grupo de trabajo extraordinario”, que goza de una preparación privilegiada. Valero comenta que Alfredo Ramírez, su segundo a bordo, y Diego Fernández, su preparador físico, siguen al pie de la letra las instrucciones dadas al nuevo cuerpo técnico. La nueva plantilla Juvenil ya está metida de lleno en la pretemporada veraniega de 2019.

El regreso “a casa” tras sus estancias en El Burgo de Osma y Almazán

El de Fran Valero es un viaje de ida y vuelta, por tierra, mar y aire. Guarda un muy buen recuerdo de su periplo en el Sporting Club Uxama (2015-16, 2016-17 y 2018-19). Los burgenses confiaron plenamente en su liderazgo. Valero asumió tres de las últimas cuatro estancias del Uxama en el Grupo VIII de Tercera. “Extraordinario”. Así resume Valero su paso por el Municipal de El Burgo de Osma. Allí le acogieron de maravilla. “Quitando el desenlace deportivo del año pasado" –cuando el Uxama baja de nuevo a Regional–, Valero fue feliz en El Burgo, dentro de aquellos “años intensos”. Ese descenso es la única mancha de la trayectoria de Valero en su Uxama.

Más allá de El Burgo, traspasando las fronteras de ese reino episcopal, no guarda tan buen recuerdo de La Arboleda de Almazán (2017). No se entendió –ni él a ella ni ella a él– con la grada adnamantina: “No fue por el club. Siempre tuve el respeto del vestuario, no tanto el de la afición, que se puso nerviosa desde el principio”, define Valero, quien considera “fundamental” tener paciencia en el mundo del fútbol.

La estancia de Valero en el actual banquillo numantino guarda ciertas similitudes con su desembarco entonces en la SD Almazán. En ambos casos, esos clubes venían de solventar cursos gloriosos –el Almazán rozó los play-off con Diego Rojas y el Juvenil tocó el cielo con Ayuso–. De nuevo, a Valero le toca dar continuidad a la euforia que se respira en base a un proyecto. “La verdad es que siempre me ha tocado bailar con la más fea. Lo que me gusta es entrenar con lo que tengo. Vengo a este Numancia tras un año histórico. Sé que mejor no lo puedo hacer, eso está claro. Pero puedo aportar mi experiencia y mi trabajo”, valora el técnico de Madrid. Dotará de competitividad al Juvenil rojillo. No perderá de vista el reflejo de “ese espejo”, que le muestra “un año brillante”. ¿Repetir “el éxito”? Valero es consciente “de la dificultad que eso conlleva”.

No le da reparo dirigir a un equipo Juvenil que se beatificó el pasado curso en la Ciudad del Fútbol, “pues la gente es consciente de que eso es muy difícil de que se repita”. Esa “hornada de futbolistas” fue magnífica. “No es habitual que canteras potentes como las del Alavés, Athletic Club o Real Sociedad flojeen”, dictamina. Ahora bien, Valero se resiste a pensar que aquella Liga es “irrepetible”. No quiere “quitarle la ilusión a nadie”. Valero no parte “de una situación pesimista, ni mucho menos”.

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