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CAPITAL

El torero soriano Rubén Sánz preparó la temporada en la ganadería de Monte La Ermita

Actualizado 15/05/2012

Un grupo de aficionados sorianos, sobre 25 personas, pertenecientes a la Peña Taurina Soriana y a la propia del matador Rubén Sanz, en viaje organizado por ésta, acudieron en la mañana del sábado a las instalaciones ganaderas que los Hermanos González García (Ángel, Pablo y Tomás) tienen en el término municipal madrileño de Villamantilla, donde se crían astados del hierro denominado ?Monte La Ermita?, comprado a D. Manuel Martínez Flamarique que anunciaba como ?La Ermita?. Junto al hierro, allá por 1999 los nuevos ganaderos adquirieron un lote de 70 vacas de vientre de Sepúlveda, más añojos, añojas y el semental ?Cubo?, todo procedencia de dicha vacada. Además de este semental, adquirieron varios entre los que destacaron ?Bilbalero? y ?Argelito?.

Con el tiempo fueron tentando y seleccionando hasta conseguir más bravura, fijeza y recorrido. Más tarde deciden adquirir un lote de cuarenta y siete vacas del Torreón además de los sementales ?Señorito?, ?Barbalarga? y ?Andasolo?, los cuales fueron prestados por el matador de toros y actual ganadero César Rincón.

Ambas procedencias se mantuvieron por separado, es decir sin cruce alguno, cuidando el encaste puro. Posteriormente se refrescó la ganadería con reses de Jandilla con el fin de aumentar la movilidad y el fondo de los bovinos durante la lidia. El ganadero Borja Domecq les cedió varios sementales de nombres ?Afilado?, ?Pantalán?, ?León?, ?Lavandero? y ?Protestón?.

Les atendió D. Pablo González García, hombre afable y exquisito anfitrión (apoderado a la vez de ganadero del diestro Víctor Barrio), que les enseñó los cercados donde pastan tanto hembras con sus rastras, así como becerras, añojos, erales y utreros y sementales varios...

El motivo principal del viaje fue presenciar la lidia y muerte de un utrero de romana, al que solo le faltaba un mes para cuatreño, último reducto que en esta ganadería quedaba de los de sangre ?atanasia?, a cargo del matador de toros soriano Rubén Sanz (que se integró en la propia expedición), y que le regaló su peña taurina.

El animal cumplió, sirviéndole al matador para afianzarse en sus virtudes, tras estar poco toreado, e ir midiéndose en sus evoluciones para, dentro de las escasas oportunidades que le dan las empresas, por no decir nulas, conseguir limar defectos. Cuestión que solo se consigue así, toreando todo lo que sea le ponga por delante ya que los recursos son extralimitados. Si las oportunidades fueran del calibre de su afición y sacrificio, Rubén estaría hoy más toreado que toda la historia de la cabaña brava mundial.

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