OPINIóN
Actualizado 27/10/2014 11:50:02
Si te portas bien, te cae publicidad institucional; si eres díscolo, te comes los mocos. En el ayuntamiento de Soria, es así, probablemente lo haya sido siempre, pero ahora, con el carácter sectario que caracteriza a Carlos Martínez la práctica hace años que es habitual

En estos tiempos convulsos, con la crisis capitalista sacudiendo mamporros a diestro y siniestro, en nuestra apacible Soria la vida transcurre como si nada pasase. Mientras por otros lares las mareas ciudadanas se movilizan cada vez de manera más intensa contra los partidos y los políticos que nos han conducido a esta estafa, en nuestra provincia la política se hace a golpe de publireportaje político. Basta asomarse a cualquier medio de comunicación, principalmente los gráficos, para encontrarse a diario con ocho o diez noticias de las dos administraciones más importantes de la provincia (Diputación y Ayuntamiento de Soria), ambas gobernadas por los secretarios generales del PPSOE en el terruño, Antonio Pardo y Carlos Martínez.

Fotos, fotos, fotos... Antonio Pardo inaugurando un camino de zahorra en un villorio, Carlos Martínez visitando una zanja, Pardo Capilla degustando un torreno, Martínez Mínguez en una misa con el obispo... Como buenos compañeros del PPSOE que son, se han repartido los roles, sabedores ambos de la imposiblidad de conquistar el terreno del otro, y así uno se dedica al ámbito rural y el contrario se ciñe a la ciudad de Soria. Por supuesto, las dos instituciones pertrechadas del correspondiente gabinete de prensa que pagamos a escote los ciudadanos de Soria. Desconozco en detalle el funcionamiento y el coste del gabinete de Diputación. El de Soria está formado por un amigo y por la cuñada del alcalde y nos cuesta a los sorianos aproximadamente 130.000 euros anuales.

No es ese el único gasto para las arcas públicas. Después viene el gasto en publicidad y aquí es donde se practica la omertá, la ley del silencio. Si te portas bien, te cae publicidad institucional; si eres díscolo, te comes los mocos. En el ayuntamiento de Soria, es así, probablemente lo haya sido siempre, pero ahora, con el carácter sectario que caracteriza a Carlos Martínez la práctica hace años que es habitual. Supongo que en la Diputación será tres cuartos de lo mismo, aunque la inexistencia de vida política en el ámbito rural, hace que todo sea más bucólico y amable. Menos agrio. En la capital, la batalla política es más intensa, y me consta que una de las funciones del gabinete de prensa municipal es "amedrentar" periodistas malvados.

La cuestión es que pagamos nuestro propio silencio. Bien sea pagando trabajadores y familiares colocados a dedo, bien sea vía publicidad institucional. Y pienso en lo difícil que tiene que resultar ser periodista sobre todo en lugares como Soria, donde salirte un pelo del discurso que marca el cacique puede conducirte al silencio.

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