Fermin en la meta de Barcelona 92.


DEPORTES
Actualizado 08/08/2017 13:50:49

Más que el brillante metal dorado en Barcelona’92, el triunfo de un explosivo agredense brindó a la provincia un 8 de agosoto la ocasión de un reconocimiento infinito. Su leyenda sigue siendo una atracción.

Si las Olimpiadas celebradas en 1992 le lavaron la cara a una Barcelona desangelada y vertebraron al deporte español, estas propiciaron que un pebetero se mantuviese en llamas hasta la eternidad en Soria, que sigue viviendo del exitoso recuerdo conforme a la medalla de oro del agredense Fermín Cacho sobre la pista de Montjuic en los 1.500 metros lisos. Mucho más que un metal dorado porque el vuelo olímpico de aquel espigado atleta hizo despegar a la región: Barcelona, España, Europa y el mundo situaron el nombre de Soria en el mapa. La leyenda, la estrella de Cacho, “nunca se apagará porque al final pocos atletas olímpicos pueden tener el reconocimiento que ha tenido Cacho”, ha reconocido Ángel Hernández, concejal de deportes en el Ayuntamiento de Soria. El oro olímpico de Ágreda ha sido reconocido recientemente como el mejor atleta español de la historia.

Soria tardó 3 minutos, 40 segundos y 12 centésimas, un tiempo que valió un oro para Cacho en la Ciudad Condal, en derrumbar la inexistencia global respecto a ella, en la apertura del deporte español al planeta tierra. Las megafonías de Montjuic encumbraron el nombre de Cacho y las pancartas de ‘¡Ágreda está contigo!’ ondearon con más fuerza en las gradas del estadio olímpico. Aquel dorsal 404 que salió desde el carril número uno colocó el nombre de Soria en el cielo del planeta. Tomó físicamente la bandera de Soria y se la enseñó al mundo. “Fue su gran escaparate. Fermín fue un pionero”, destaca Enrique Pascual Oliva, su entrenador de entonces. Y no solo Cacho se situó en el aparador mundial, Soria se benefició de aquel reconocimiento, Soria ya no sería nunca jamás una desconocida, geográficamente.

Y eso que Fermín Cacho erró previamente. Pronosticó una “carrera rápida” en los medios de comunicación. Fue lenta. Supo ser paciente y cocinó su gesta a fuego lento. Asestó el mordisco definitivo, después de aguantar el ritmo. “No tenía ningún miedo. Mantenía el ritmo bien y luego, era rápido”, desvela Pascual Oliva. Se acabó lo que se daba: Cacho aprovechó una de sus máximas virtudes, la explosividad, a partir del 3:10. Voló. Asumió una velocidad estratosférica, ayudado por la gran autopista que le dejó en el carril más interior de la pista el marroquí Rachid El Basir, y ya iba solo en la última recta. Miró seis veces por el retrovisor, girando la cabeza, en la última recta y alzó los brazos antes de llegar a la meta. La eclosión final de Cacho le hizo campeón en unos últimos metros cómodos. Brincó el agredeño y provocó que los miles de sorianos que se congregaron en plazas, bares y sofás pudiesen pasear el nombre de la provincia allá donde fuesen a partir de aquel entonces.

Cacho destronó a José Manuel Abascal, referencia entonces del mediofondo nacional, y permitió que su victoria trascendiese de lo deportivo a lo social. Queriendo, ocasionó un reconocimiento permanente para Soria, que renació desde aquel 8 de agosto de 1992. Su lanzadera, a partir del principipo de los 90. “Fermín Cacho es un icono, uno de los baluartes que ha tenido nuestra provincia. Representa un icono”, reconoce el concejal de deportes.

Ese nombre perdura y atrae como leyenda viva. “Cuando hablas con nombres vinculados al deporte, en seguida te relacionan Soria con Fermín Cacho y nosotros queremos seguir reconociendo su trabajo”, manifiesta Hernández. El de Cacho es una personalidad más vinculada a la atracción hacia la provincia, a la altura de Antonio Machado.

El recuerdo de PascualOliva

Desde su retiro espiritual, Fuentetoba, Enrique Pascual Oliva analiza el derrame de toda aquella ilusión. El oro de Cachu marcó “un antes y un después en el atletismo. Fue el primer soriano que puso el nombre de Soria en el mapa”, alega el que fue su entrenador, quien solo pudo ver como su discípulo se coronaba como campeón, los últimos metros. “Algo vi, cuando entró en meta”, reconoce Pascual Oliva, que estaba ayudando a Abel Antón a preparar su prueba.

Célebre es esa imagen, en la entrega de medallas, en la que el míster vierte lágrimas de emoción. “Él entrenaba a muerte. Estaba preparado. Gozaba con la competición”, resalta Pascual Oliva.
Cacho, “el protagonista”, mandó a Soria al séptimo cielo, aunque detrás había un gran equipo. “Abel, Fermín y yo formábamos un equipo. Todos pusimos nuestro granito de arena. Él solo, seguramente, no hubiese llegado”, apunta el laureado entrenador.

Siéntate y disfruta

El pupilo, Fermín Cacho, supuestamente, invitó a su entrenador, Enrique Pascual Oliva, a “sientate y disfruta”. antes de ganar el oro en Barcelona Sin embargo, esa frase para la posteridad podría no haberse pronunciado como tal, pues Pascual Oliva no la recuerda.

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