OPINIóN
Actualizado 03/12/2017 15:18:52
Carlos Castro

Un artículo de opinión de Carlos Castro.

Reserva Regional de Caza de Urbión, de los paisajes más bonitos de Soria, con los hayedos ya desnudos y las hojas decorando el suelo entre areniscas grises salteadas de líquenes, en un mar de pinos y robles que se entremezclan en una paleta de colores suaves que regalan la vista entre verdes, ocres y rojizos serbales. El río Razón que languidece entre las piedras que ahora dominan el cauce después del largo y seco verano intenta ser el de antes con las pocas lluvias caídas y saltar con brío al Chorrón para deleite de fotógrafos. Desde una balconada que asoma al valle espero la entrada de algún “navajero” que se precipite al cortafuegos, después de una larga y helada espera con el frío que da la altura y casi-diciembre, con olor a pino, a hojas húmedas en el suelo..., de arrendajos chillando de aquí para allá y pequeños trepadores picoteando agarrados a la corteza de los pinos, de aire limpio que duele al respirar en estos días previos del invierno en esta serranía ibérica que ahora te lo muestra todo sin pudor, palabras mayores...

Hoy se escucha todo, ha salido la mañana limpia y serena, ni una nube en el cielo, con buena helada mañanera los rehaleros un día más acompañados por una enjambre de perros patean monte arriba y abajo al unísono de las voces y caracola del dueño que los dirige por brezales, arroyos y zarzales, teniendo que pasar a gatas por los sitios más “pretos” de maleza, o escalar las “cuerdas” de piedras que adornan la ladera, para levantar los “macarenos” que se resisten a abandonar el encame tirando de su fino olfato y no peor oído para escapar por algún “regato” para atrás.
De repente un ladrido fino de un podenquillo a lo lejos que corre entre los robles con algo delante alerta a toda la rehala que corre en una única dirección y rompen el silencio del valle con sus latidos apretando al jabalí hasta el “cortadero”, donde le espero con el corazón en la boca y salta a lo limpio a la velocidad del rayo intentando ganar el refugio de la maleza del otro lado y, esta vez, me ha ganado el lance y se me ha colado, los perros lo pierden al rato…., otra vez será...

El ritual se repite en nuestros montes estos días en batidas, ganchos y monterías que ayudan a regular la superpoblación de animales, que tantos accidentes y daños provocan en la agricultura.

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