Abilio Martínez Vera.


OPINIóN
Actualizado 24/12/2017 16:27:24

Primera carta navideña del obispo de la Diócesis Osma-Soria.

Abilio Martínez Varea, obispo de la Diócesis Osma-Soria, redactó su primera felicitación navideña, ya que asumió el cargo el pasado 11 de marzo en detrimento de Gerardo Melgar. Martínez Varea, quien ya fue el encargado de pregonar la Navidad durante el sábado 23 de diciembre en El Burgo de Osma, se dirige a sus “queridos diocesanos” con una solemne carta.

Esta es la epístola, titulada ¡Ven, Señor, que te esperamos', redactada con el puño y letra del obispo de la Diócesis Osma-Soria:

“Queridos diocesanos:

Hace pocas semanas celebramos la Solemnidad de Cristo, Rey y Señor del Universo; el 3 de diciembre dimos comienzo a un nuevo Año litúrgico con el I Domingo de Adviento; y ya, ¡está muy cerca!, nos llega la Navidad.

Estas semanas ha sido un tiempo de gracia, un tiempo de esperanza, un tiempo de preparación. ¡Cuántas veces nos dedicamos a decorar nuestras calles y nuestras casas, ponemos luces y adornos navideños, el nacimiento o el árbol de Navidad, pensamos en el menú de estos días pero nos olvidamos de lo más importante: “adornarnos” por dentro!

Son tres las miradas que podemos lanzar en estos últimos días de Adviento, ya muy cercana la Navidad:

1. Tenemos que mirar al pasado, a un hecho que sucedió hace más de dos mil años en la aldea humilde de Belén. El Papa emérito Benedicto XVI, al explicar el Adviento, recuerdaba que la palabra latina “adventus” se refiere a ese movimiento de Dios hacia la humanidad pues, siendo Dios, se hizo hombre. Ahí, desde la fragilidad e inocencia de un niño, Dios sigue mostrando su grandeza y amor por nosotros al hacerse hombre para salvarnos.

2. Tenemos que mirar al presente, vivir siempre vigilantes. El Evangelio del I Domingo de Adviento, lo recordaréis, nos decía: “Mirad, vigilad, orad”. Es una invitación a seguir el camino que nos muestra Dios, a dejar que irrumpa en nuestra vida y sea Él el que guíe nuestros actos cada día. Que esta recta final del Adviento no sean unos días más en nuestras vidas sino el Adviento en el que hago posible que Dios se adueñe de mi persona y nazca en mi corazón y en mis obras.

3. Tenemos que mirar al futuro pues esperamos la venida gloriosa de Cristo; por eso, nuestra vida es prepararnos constantemente para ese momento, viviendo como hijos del Padre y hermanos de los demás. No vivir en el desánimo o la tristeza sino en la esperanza y la alegría que nacen de sabernos amados por Dios. Sin esperanza todo se nos hace cuesta arriba, aburrido e insoportable.

El Adviento nos ha resumido en cuatro semanas la Historia de la Salvación. Una historia que comenzó con la promesa de un Mesías al pueblo de Israel, un Mesías que se hará hombre en Belén y un Mesías que regresará como Señor y juez de la Historia. De esta manera, el Adviento nos ha preparado no sólo para celebrar la fiesta de la Navidad sino que nos dispone para mucho más, para la Parusía, para el retorno triunfante de Cristo.

Mis queridos diocesanos: Pidamos la gracia de experimentar que Dios está siempre con nosotros, nace para nosotros, se hace hombre por nosotros. Y, si Jesús está con nosotros, ya no tenemos que tener miedo, podemos seguir esperando incluso cuando el presente se nos muestre lleno de dificultades. Que María, Madre de la Esperanza, modelo perfecto de respuesta a Dios, nos acompañe, nos guíe y nos muestre el camino que Ella misma siguió confiada en Dios, y nos lleve a decir como Ella dijo: “Fiat”, “Hágase”.

Para todos ¡feliz y santa Navidad!”

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