Salón de apuestas en la capital de Soria. Carmen de Vicente


REPORTAJES
Actualizado 03/01/2019 13:06:20
Sergio García

Soria cuenta con 7 locales de apuestas físicos, uno por cada 6.000 habitantes. Los nuevos jugadores son “cada vez más jóvenes” y mayoritariamente masculinos. Los expertos piden que se prohíba el alcohol y las invitaciones, y que no se den más licencias de apertura. Conocemos como afecta a la sociedad esta “adicción sin sustancia”.

Hubo una época, allá por la segunda mitad del siglo pasado, donde el tabaco no solamente no estaba mal visto, sino que se trataba de una forma tan laxa y alegre que el impulso social invitaba a los jóvenes a tomarse su primer cigarrillo. El tabaco no tenía una mala concepción pública, el cine lo convirtió en algo glamuroso y la publicidad inundaba eventos deportivos y medios de comunicación. Ya entonces, cualquier persona podía intuir que aquello no era bueno y existían análisis científicos que alertaban de los problemas para la salud, pero medios de comunicación y gobiernos miraban hacia otro lado ante la cantidad ingente de ingresos que les suponía, a los primeros vía publicidad y a los segundos vía impuestos. Sólo cuando el tabaco paso de ser un problema de salud individual a uno de salud pública llegaron las alertas, las prohibiciones y los lamentos. Para entonces, el tabaco y el cáncer habían destrozado la vida a millones de personas. Cambien tabaco por apuestas deportivas y cáncer por ludopatía, y tendrán la cruda realidad que se cuece a diario en nuestras ciudades.

Apuestas han existido siempre, e incluso muy vinculadas a deportes como la pelota, pero su boom llegó con la regulación del juego online en mayo de 2011. La regulación de los locales de juego físicos quedó en manos de cada autonomía provocando notables diferencias. En Castilla y León, las primeras casas de apuestas presenciales se abrieron en 2014. En nuestra comunidad solo es posible apostar en locales como bingos o salones de juego, pero en otras comunidades como La Rioja o País Vasco las máquinas de apuestas están presentes en bares y restaurantes, junto a las tragaperras de toda la vida.

En la provincia de Soria hay actualmente 7 licencias de juego concedidas por la Junta. 6 de ellas en la capital y 1 en Camaretas. Una opera como casas de apuestas, cinco como salones de juego y la restante como bingo. Las marcas de juego exigen a sus franquiciados locales amplios, más de 250 m ², zonas de mucho tráfico y una inversión inicial que suele superar los 100.000€. El último local abrió sus puertas este mismo verano en el Paseo del Espolón. En 2017 fueron dos los que iniciaron su actividad. Soria cuenta con una casa de apuestas cada 6.000 personas (incluidas menores) en un sector en continua expansión.

El sector del juego ha encontrado en las apuestas deportivas la forma de frenar la sangría que la crisis provocó en tragaperras, bingos y casinos. El cambio de los productos más exitosos ha traído consigo un cambio en el perfil de jugador. El nuevo público se define principalmente por tres características: joven (muy joven), masculino y con un perfil económico medio y bajo. Un segmento de la población sobre el que se ciñe la amenaza de la palabra que nadie quiere pronunciar: ludopatía.

Ludopatía

La psicóloga soriana Carmen Terés define la ludopatía como “una adicción sin sustancia”. Soria es junto a Ávila, Zamora y Segovia las únicas provincias de la comunidad donde no hay grupos de apoyo o asociaciones de jugadores rehabilitados. Ángel Aranzana, presidente de la Federación Castellano y Leonesa de Jugadores de Azar Rehabilitados, describe la situación como “desastrosa”. Desde su experiencia personal, Aranzana relata que “te cambia el carácter de una forma tremenda y radical”, y describe como “te vas amargando poco a poco, y eso afecta a todo el grupo familiar porque se destruyen muchas relaciones”.

EL 92% de las personas que llegan a las asocaiciones de jugadores de azar rehabilitados son hombres, entre los que predominan quienes estan solteros y quienes tienen estudios primarios. Las estimaciones dicen que uno de cada tres jugadores patológicos son mujeres, pero ellas piden menos veces ayuda. De quienes llaman para pedir ayuda a la Federación Española de Jugadores de Azar rehabilitados, el 65% lo hacen para una persona de entre 18 y 35 años. El 5% de las llamadas tienen que ver con un jugador menor de 18 años. La legislación prohibe apostar a los menores de edad.

Desde la asociación realizan terapias para rehabilitar a jugadores. La media del tratamiento es de 2 años “siempre que no haya recaídas y se tenga una actitud participativa”, recalca. Aranzana señala que el principal problema es la edad cada vez más joven de las personas atendidas. “Les invitan a comer y a beber para que el poco dinero que tengan se lo dejen allí”, describe, y lanza la voz de alarma: “Estamos juntando alcohol y juego, y eso es lo peor que nos puede pasar”. Por ello, desde la federación regional han solicitado a la Junta que se prohíba el alcohol y las invitaciones en este tipo de locales. Ángel es consciente de que “el juego no hay quien lo pare” y que “prohibirlo sería una bobada”, pero sí solicita “una regulación más seria para frenar el número de casas de apuesta”. Por último, reclaman a la Junta que reconozca la ludopatía para que asociaciones como la suya puedan recibir apoyo público.

Jugadores

La mayoría comienzan apostando como un entretenimiento, una actividad social que realizan con amigos para dar un poco más de emoción a los partidos, impulsados por la enorme cantidad de anuncios que le invitan a ello. Es lo que los psicólogos llaman la etapa dorada. “Sólo ves lo que ganas y no lo que pierdes”, relata Carmen Terés.

Tener un método definido, controlar el dinero que se puede arriesgar y mantener la cabeza fría son fundamentales para no caer en problemas. Si no, poco a poco, la adicción va haciendo su efecto. “Al final acabas apostando tú solo y a competiciones que ni conoces”, relata un exjugador soriano. El apostante necesita aumentar la cantidad jugada para sentir la misma emoción. “La cosa se empieza a complicar cuando intentas recuperar lo perdido y entras en un círculo vicioso”, señala Aranzana. “Cuando eres incapaz de ver un partido de tu equipo si no has apostado, eres consciente de que la cosas se te ha ido de las manos”, apunta. Problemas económicos, psicológicos y sociales que se esconden tras las luces, las suculentas ofertas y una montaña de publicidad. El sector ha invertido en publicidad este año 80M€ en medios de comunicación, según Infoadex. Una cantidad que no solo ayuda a atraer nuevos usuarios sino también a ocultar un problema que cualquiera puede evidenciar, si pasa una tarde frente a un local de apuestas.
El `¿echamos unos eurillos?´ es el nuevo `¿quieres un piti?´. ¿Habremos aprendido algo?

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