Mons. Abilio Martínez Varea felicitando la Pascual.


PROVINCIA
Actualizado 24/01/2019 12:14:27

'Id también vosotros a mi viña' es el título de la primera Carta pastoral del Obispo de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea. El texto se presentó ayer, miércoles 23 de enero, en la Casa diocesana 'Pío XII'.

'Id también vosotros a mi viña' es el título de la primera Carta pastoral del Obispo de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea. El texto, firmado el pasado día de Navidad, acaba de ver la luz y ha sido presentado en Soria el miércoles 23 de enero a las 20:00 horas en la Casa diocesana 'Pío XII'.

La Carta está dividida en seis capítulos: una introducción, un análisis de la realidad soriana, los desafíos a los que se enfrenta la Diócesis, una propuesta en clave misionera, el recuerdo de la centralidad de la misión y la conclusión en clave mariana.

Introducción

La Carta pastoral comienza (tras la visita realizada a muchas parroquias y comunidades, tras diálogos mantenidos con presbíteros y algunos laicos, desde que el Obispo llegara a la Diócesis en marzo de 2017) con una mirada agradecida al pasado, especialmente al Sínodo diocesano (1994-1998) y a la Misión diocesana “Despertar a la fe” (2011-2014). Desde estos dos acontecimientos, el Obispo pide “transformarlos en planes de acción y métodos de formación”.

Tras recordar “lo más importante en la vida de la Iglesia, la primacía de la gracia”, Mons. Martínez Varea justifica el título de la Carta: “Dios nos llama incesantemente a trabajar en su viña, en cualquier edad y en cualquier momento”. Y anima a toda la Diócesis a “no renunciar a ser una Iglesia viva y evangelizadora en el presente” y a “no tener miedo al futuro”: “No nos conformemos en dejar las cosas como están; seamos una Iglesia cada vez más en salida, deseosa de evangelizar al tiempo que siente la urgencia de dejarse evangelizar”.

Análisis de la realidad soriana: “Ser pueblo”

Recuerda el Obispo que Soria es un pueblo con problemas: “El individualismo, la carencia de líderes o animadores, la soledad de la mujer, la despoblación y la alta tasa de edad de los pocos habitantes que quedan en muchos pueblos, la desaparición de escuelas, etc.”. Al mismo tiempo constata “una ausencia de conciencia crítica que lleva a la pasividad en la participación sociopolítica y al consiguiente empobrecimiento de la provincia”. “El problema de la despoblación, la dispersión y el envejecimiento suponen un verdadero desafío para la sociedad soriana y para la Iglesia diocesana”; por ello, Mons. Martínez Varea invita a “ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”, y anima a una pastoral rural de presencia y acompañamiento, en contacto con los hogares y con la vida del pueblo.

El Obispo recuerda que la Diócesis no es ni quiere ser “sólo una organización ni un conjunto de edificios artísticos ni siquiera una institución benéfica” sino “un organismo vivo en esta hermosa parcela de tierra en la que el Señor nos ha insertado”. “No somos un grupo autocomplaciente de seguidores de Jesús ni una élite ni una empresa con burocracia pesada y sin corazón”, asegura Mons. Martínez Varea, que se limita “a una pastoral destinada a los que ya conocen el Evangelio”; de ahí la necesidad de una revisión y renovación de las parroquias que vivan una opción fundamental por los pobres sin ningún tipo de paternalismo: “El Señor viene a nuestro encuentro también en los pobres, en los pequeños, en los que no cuentan, en los débiles y desfavorecidos, en los que carecen de lo necesario para su sustento, en quienes han perdido la esperanza porque la sociedad no les da motivos para tenerla […] Acerquémonos a los pobres que están en nuestros pequeños pueblos, vivamos cerca de los enfermos y de los ancianos que viven solos, de los inmigrantes, de los privados de libertad”.

Los desafíos que enfrenta la Diócesis

Mons. Martínez Varea arranca el capítulo pidiendo a sus diocesanos que no se asusten ni abrumen ante los muchos y apasionantes retos a los que se enfrenta la Iglesia diocesana. Ante un panorama complicado (descenso del número de los fieles, el relativismo y la apostasía silenciosa, las carencias en el despertar religioso, el abandono de la vida parroquial de la mayor parte de adolescentes y jóvenes, etc.) “se nos plantea un gran reto: seguir anunciando a Cristo con ardor y con alegría […] sin dejarnos robar la esperanza”.

La pastoral juvenil es el primero de los retos que examina el Obispo pidiendo que la Diócesis no caiga “en la nostalgia o en el desconcierto”. Y, como concreción diocesana del último Sínodo de los Obispos en Roma, pide que se lleve a cabo una Asamblea de jóvenes en la que, junto con los sacerdotes, religiosos, familias y laicos adultos, “vivamos una fecunda experiencia sinodal que permita definir de modo concreto y comunitario las etapas de un nuevo proyecto de pastoral juvenil hecho no sólo para los jóvenes sino con y desde los jóvenes”.

El segundo reto analizado es la pastoral vocacional y el presbiterio diocesano con una llamada de atención fuerte ante la “prolongada sequía vocacional: No se puede esperar que surjan jóvenes enamorados del Señor, dispuestos a dejarlo todo y seguirlo, si no ven en los presbíteros un ejemplo de felicidad en el servicio al Reino de Dios”. Mons. Martínez Varea anima al acompañamiento personal para un discernimiento serio y muestra “un sincero agradecimiento” a todos los presbíteros diocesanos: “Nuestra Diócesis cuenta con un buen presbiterio entregado con entusiasmo a la misión apostólica; es francamente admirable el esfuerzo de los sacerdotes mayores que deciden seguir al servicio de la Diócesis desempeñando algún servicio pastoral. Hay, en líneas generales, mucha entrega por parte de los sacerdotes al cuidado pastoral del Pueblo de Dios”.

A este respecto, el Obispo anuncia la puesta en marcha de nuevo de la Red de intercesores, anima a la promoción de la Adoración eucarística y da cuenta de la concreción de un plan de pastoral vocacional, y augura, “en un futuro no muy lejano, una redistribución del clero y un mejor reparto de tareas pastorales para lo cual el Señor nos va a pedir generosidad a todos”.

Anima, además, a la formación del laicado para un compromiso “con responsabilidades eclesiales a tiempo completo o parcial” así como a poner en marcha las estructuras de corresponsabilidad en las parroquias y UAP donde no las haya.

La pastoral familiar es el tercero de los retos abordados por el Obispo. Partiendo de una situación no sencilla, Mons. Martínez Varea reconoce los muchos esfuerzos puestos en este campo de la pastoral en los últimos años y anima a la renovación y potenciación de la pastoral matrimonial y familiar en la Diócesis.

Las comunidades parroquiales

El cuarto capítulo de la Carta anima a la puesta en marcha de una propuesta de vida comunitaria, las comunidades parroquiales, que superen las Unidades de Atención Pastoral desde una clara convicción: “La situación del momento presente es tan distinta a la de hace unos pocos años que nuestra Diócesis está obligada a cambiar sus métodos y estructuras pastorales para realizar una mejor tarea evangelizadora”.

“El proyecto de las comunidades parroquiales, recientemente debatido, puede contribuir a la conversión estructural, teniendo muy en cuenta nuestra realidad de pequeños núcleos y buscando una lógica que sea de integración y no de mera agregación”, sirviendo además como ocasión para reflexionar sobre el modelo de atención pastoral.

“Es urgente concretar una pastoral diocesana de conjunto de la que podemos reseñar alguno de sus rasgos. 1º. El presbítero no es ya el único y exclusivo referente de la pastoral parroquial sino que lo son todos los bautizados que desean vivir su fe de manera corresponsable. 2º. La comunidad parroquial ya no puede concebirse como una realidad autónoma y autosuficiente, sino como un conjunto de parroquias que actúan como sujeto unitario de evangelización. 3º. En la pastoral de comunión se redescubre la dimensión misionera de la fe como propia de toda comunidad y de los bautizados que forman parte de ella. Se trata de vivir la corresponsabilidad con el consiguiente cambio de mentalidad especialmente respecto al papel de los laicos en la Iglesia, que no se han de considerar como colaboradores del clero, sino como personas realmente corresponsables del ser y del actuar de la Iglesia”, afirma el Obispo.

Recuerdo a la centralidad de la misión

Citando al Papa Francisco, Mons. Martínez Varea afirma: “¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!”. Y constata: “Los cristianos estamos demasiado encerrados, unas veces por temor y otras por comodidad, en nuestros propios templos y salones. Dedicamos un tiempo muy necesario a la oveja que tenemos en el redil pero poco, muy poco, a las noventa y nueve que están fuera”. “Es preciso, afirma, no hablar mucho más de misión y empezar a realizarla, poniendo en práctica audaces y creativas experiencias misioneras”.

Mons. Martínez Varea cree que “el verdadero problema no es cuántos cristianos somos en nuestra Diócesis sino cuánto somos cristianos nosotros” y anima a evitar ser absorbidos por la desesperanza y la desilusión así como a una vuelta a lo esencial del Evangelio: “Doy gracias al Señor por la calidad humana, espiritual y pastoral de nuestra Diócesis. En una mirada superficial puede no apreciarse pero cuando intentamos mirar con los ojos de Dios, descubrimos que su Reino sigue avanzando y enraizándose en nuestra tierra soriana, que he aprendido a valorar y amar junto a vosotros”.

Mirada a la Virgen María

La Carta se cierra con algunas hermosas reflexiones en torno a la Virgen y al amor que el pueblo soriano ha demostrado y demuestra a María. Y el Obispo concluye: “Estamos viviendo tiempos apasionantes y se acerca para nuestra Iglesia un renovado Pentecostés. Nos encontramos al final de un cristianismo hecho solamente de rito. Está a punto de desaparecer el cristianismo de la mera costumbre para dar paso al cristianismo del enamoramiento”.

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