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SAN JUAN
Actualizado 29/06/2019 23:02:09

La ganadería de la 'A' coronada hace su debut en los Sanjuanes, con apéndices para la terna y donde El Cid se despide de la afición soriana paseando su oreja. Los alamares de Manuel Escribano y Rubén Pinar se quedan en Soria.

No hay quinto malo. 'Jarretón' hacía bueno el refrán taurino en el estreno de la ganadería de Victorino Martín en el coso soriano de San Benito. Un cartel con El Cid, Manuel Escribano y Rubén Pinar como espadas. Tarde extremadamente calurosa, como pocas, con anillo polvoriento y más de tres cuartos de aforo.

Abría el festejo Manuel Jesús Cid, que se despedía de la afición soriana con un bizco del izquierdo, negro, poco fijo al engaño y sin esforzarse en babear el albero. El diestro conseguía con aseo algún pase con el trapo que agradaba al respetable, aunque sin transmitir a los tendidos por la intención del astado. Estocada trasera y tres descabellos despedían al primero. con alguna palmita para el torero tras el curso. En el segundo de su lote, el sevillano de Salteras veía más propósitos, y al igual que el primero, el cuatreño cumplía ante el caballo, con un pitón izquierdo que tenía más posibilidades. A la hora de matar, un pinchazo y un postrero volapié, esta vez con el acero en su sitio, hacían rodar al cárdeno. Oreja para decir adiós a la parroquia soriana.

Manuel Escribano entraba en faena con un enemigo sin fijeza en el anillo, aunque sí en los tendidos. con curiosidad de los devenires al otro lado del callejón y punteando en burladeros. Sin fijezas en los lances, algo más en el peto, el morlaco, con buenas hechuras, recibía los garapullos algo traseros, en encuentros algo pasados. Su pitón izquierdo daba más posibilidades con la muleta del gerenense, eso sí, sin emplearse. Un estocada algo caída y dos descabellos concluían la vida del animal. Mucho mejor para la lidia resultaba Jarretón, que daba en la báscula 618 kilos y que en su salida de toriles era aclamado por la concurrencia. Derribaba al caballo, en una romana que daba fe de las estampas propias de hechuras muy en línea de Albaserrada, y Escribano conseguía poco a poco ir a más, pareando hasta en cuatro ocasiones a su enemigo. Algo que los tendidos agradecían con entusiasmo. Bien con la muleta el sevillano, aunque sin humillar la cara del victorino, lograba de este a la postre una gran estocada que hacía rodar victorino, que daba la vuelta al ruedo ya desorejado.

El último de la terna, Rubén Pinar salía con ganas en el tercero de la tarde, con una labor donde dejaba destellos con gusto en el quite con el percal. Después, ante la muleta, el victorino se mostraba algo más cauto, y el albaceteño algo también, quien elaboraba sin mayor ligazón pases poco complicados, con la cara arriba del cuatreño, y que levantaban ánimos en los tendidos. Una buena estocada era el premio con oreja. Algo más pudo sacar Pinar del que cerraba plaza, con más fijeza demostrada en el capote y más nobleza en muleta. Series con algo de compás, aunque sin levantar los ánimos. Lo mejor, la estocada, y que el público daba por buena para premiar al diestro con una oreja.

Buen balance para esta segunda de abono, donde la puerta grande vuelve a abrirse con dos toreros si los alamares de sus trajes y con un emotivo homenaje municipal y de los aficionados al maestro que abría el festejo.

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