REPORTAJES
Actualizado 13/02/2021 11:44:51
Marina López

La autora estará el próximo 29 de enero en el Palacio de la Audiencia impartiendo un coloquio sobre lenguaje inclusivo.

Dice Irene Solá en ‘Canto yo y la montaña baila’, que hay disparos que suenan "como las cosas malas que pasan en el mundo, que si no le tocan a uno es porque no pasan". Con el lenguaje pasa exactamente lo mismo. Que, si no le toca a una, es porque una no existe. Un disparo auspiciado secularmente. Una bala de privilegios. Un arma inflamable cargada de política que disfrazamos de inocuidad. Como si las palabras no tuviesen el poder de contar nuestras historias. Como si el lenguaje no pudiese sacarnos del plano, dejarnos sin hueco o narrarnos a medias.

El primer diccionario de nuestra lengua apareció en 1611, el ‘Tesoro de la lengua castellana o española’ de Sebastián de Covarrubias, un sacerdote consultor de la Santa Inquisición que no se limitaba a recoger y definir las palabras; sino que añadía refranes, reflexiones y notas a pie de página. Desde entonces, ese documento se ha ido modificando, adaptando y moldeando a obra y semejanza de lo que entendemos por sociedad. Aunque en algunos casos más que en otros, claro. De esta forma, es imposible que el ‘Lisístrata’ de Gata Cattana no nos asalte a la hora de acudir al Diccionario y buscar la palabra mujer: ‘Las mujeres no somos ni malévolas, ni malignas./ No engendramos a el demonio, y tampoco somos santas’.

Entre los sinónimos de la palabra que nos da forma, que relata nuestra historia, que nos define, podemos encontrar estos (y más) incluidos la biblia de la lengua castellana. Así lo sostiene también la escritora y jurista María Martín Barranco en ‘Mujer tenías que ser’, que nos cuenta, al otro lado del teléfono, lo fácil que es desmontar los argumentos que la Real Academia pone sobre la mesa para no utilizar el lenguaje inclusivo, cómo aceptamos la patraña del masculino neutro y qué fue primero: definir la palabra o establecer su significado.

Mañana, da un coloquio sobre El Tema (así, en mayúscula), a las 17:30h en la Audiencia.

1. ¿Qué es el lenguaje inclusivo y qué no es el lenguaje inclusivo?

El lenguaje inclusivo es aquel que no excluye a nadie, como su propio nombre indica. A mí me gusta diferenciar entre lenguaje no sexista, que sería el lenguaje que no excluye a las mujeres y pone remedio a su ocultamiento secular, y lenguaje inclusivo, que no se fija solo en las mujeres, sino que tiene en cuenta a colectivos que han estado tradicionalmente discriminados, como pueden ser las personas con discapacidad o las personas que tienen identidades sexuales o de género disidentes con la norma hegemónica.

El problema está en que, en ocasiones, se quiere hacer un lenguaje inclusivo sin nombrar a las mujeres. Por ejemplo, cuando se empieza a utilizar la 'e' como alternativa a la 'a' o la 'o' tradicionales. Hay quien utiliza todes, por ejemplo, que hace un esfuerzo por reinterpretar la realidad de otra manera, pero se sigue perpetuando de alguna forma esa invisibilización, porque no se nombra a las mujeres. Lo mismo pasa cuando se utiliza todos y todes y no mencionar todas. El todos que no falte, porque ellos tienen que estar nombrados, pero ya el resto que vaya en el saco aparte. Si no construimos un imaginario en el que, además de hombres, cuando hablamos se piensa en hombres, mujeres, personas diferentes. Si pasamos del masculino genérico al neutro genérico no cambia el marco conceptual y ese es el problema. La realidad colectiva que se imagina, sigue siendo masculina.

2. Sobre la economía del lenguaje, ¿se cumple cuando utilizamos el lenguaje inclusivo?

El principio de la economía del lenguaje, al fin y al cabo, es un nombre que se le puso a algo que hacen las lenguas, no a algo que las lenguas tengan que cumplir. No la llevamos a rajatabla nunca. Por ejemplo, para decir que ‘sí’, muchas veces utilizamos, por ejemplo, ’anda que no’. ¿Cumpliríamos más con la economía del lenguaje diciendo solo sí? Por supuesto, pero nos podemos expresar así por distintos motivos: porque es más efectivo, para poner énfasis, porque resulta más comunicativo. Y la Real Academia de la Lengua Española (RAE) esto lo reconoce. Una de las cosas que dice es que ‘subirse arriba’ o ‘bajarse abajo’ no son expresiones redundantes ni van contra la economía del lenguaje porque lo que hacen es poner énfasis en la acción.

3. ¿Existen otras fórmulas además del desdoblamiento (todas, todos y todes) de cara a utilizar un lenguaje inclusivo y no sexista a la hora de comunicar?

Claro, utilizando herramientas que no sean siempre el género masculino, femenino o neutro. En un caso como, por ejemplo, ‘Buenos días a todos los alumnos y todas las alumnas’, podríamos sustituirlo por ‘Buenos días al alumnado’. Ni siquiera tienes que desdoblar las palabras, como lo llama la RAE. El problema es que nos han hecho pensar que siempre hay que usar las mismas herramientas y no es así. Las herramientas son muy variadas y no tienes que estar todo el tiempo utilizando la misma. En ‘Ni por favor, ni por favora’ hablo de cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note demasiado. No es que lo tengamos que usar a escondidas, sino que cuando se nota mucho que estamos usando una herramienta es que no se está utilizando bien el lenguaje. Si, por ejemplo, tú tienes una muletilla, que repites constantemente se nota mucho que estás utilizando ese recurso constantemente para comunicarte. Pero si se tiene una riqueza de vocabulario, fluidez y se domina el idioma, se puede hablar con lenguaje inclusivo sin discriminar a nadie sistemáticamente y, además, de forma correcta gramaticalmente hablando. A todo el mundo le preocupa mucho el hecho de usar el lenguaje inclusivo por cometer alguna incorrección y luego la gente habla fatal. Les molesta el lenguaje inclusivo, pero cuando se le pega una patada al diccionario nadie se enfada. Es alucinante.

4. Muchos catedráticos, como Pérez Reverte o Vargas Llosa, están abiertamente en contra del lenguaje inclusivo y hablan de una “desnaturalización del lenguaje” cuando este tema se pone sobre la mesa.

A ellos, concretamente, les pasa porque son unos misóginos de cuidado. Pero el caso es que el lenguaje no es natural. El lenguaje es artificial porque es cultural. Las sociedades nos dotamos de ellos para entendernos. No hay casi nada natural en el lenguaje. Si acaso, esa capacidad innata que tenemos de aprender las reglas del lenguaje y que hacen por ejemplo que una niña o un niño, cuando están aprendiendo a hablar, conjuguen los verbos irregulares de forma regular aunque sepan muy pocas palabras. Eso, si acaso, es natural y dentro de esto que es casi innato (porque ahí hay mucha discusión teórica) entra el que se muestre el masculino y el femenino. Porque cuando se está aprendiendo a hablar, lo masculino lo nombras con 'o', y lo femenino con 'a' porque pillas esa dinámica. Después te enseñan que eso no se hace así.

¿Por qué estos señores de la RAE se empeñan en defenderlo con argumentos tan peregrinos? Porque no tiene ningún argumento lingüístico. Absolutamente. Entonces tienen que irse a argumentos pseudocientíficos. ¿Desde cuándo el lenguaje ha sido natural? Es masculino genérico no es natural. Todo se basa en una resistencia a despedirse del poder de nombrar y ser nombrado, que lo han tenido desde siempre y que el hecho de que alguien se lo cuestione no les gusta, sencillamente.

5. Hablemos de ello, del masculino genérico. Hay catedráticas de la RAE y mujeres que también se sienten incluidas en él.

Claro. Y tú. Y yo. Todas nos hemos sentido incluidas en el masculino genérico. Hasta que nos damos cuenta. Es lo que nos enseñan, es lo habitual porque desde que empiezas a hablar te van encaminando a entender el mundo de una manera determinada. Necesitas una decodificación feminista para poder interpretar la realidad de otra manera. Pero a la hora de la verdad, cuando empiezas a poner ejemplos concretos, cuando empiezas a leer masculinos genéricos en titulares de periódico como por ejemplo: 'Los españoles tienen peores sueldos que los ingleses'. A priori, te sientes incluida porque lo asocias a un masculino genérico y al revisar la noticia resulta que solo habla de los datos que atañen a los hombres. Nos enseñan que estamos, nos creemos que estamos y no estamos. Esto pasa todo el tiempo.

De la misma manera que no nos sentimos incluidas cuando empezamos a buscar definiciones de la RAE y vemos que son discriminatorias. Como por ejemplo en la definición de la palabra mujer, en la que hay cinco sinónimos de la palabra prostituta. En cuanto ves la forma tan distinta en que se definen las experiencias de los hombres y las mujeres, te das cuenta de que la lengua no tiene la misma actitud con ambos. La manera en la que se nos define también es lenguaje inclusivo. No solamente una 'a' o una 'o', sino cómo se narra el mundo, quién lo hace y desde qué punto de vista se ha impuesto. Eso es lo que hace que el lenguaje no sea inclusivo.

6. En ‘Mujer tenías que ser’ hablas precisamente de ese desdoblamiento que hace la RAE en muchas palabras: Brujo-a, pendón-a parecen que incluyen ambos géneros, pero los significados peyorativos solo se asocian a la palabra en femenino, ¿nos trata el Diccionario de la RAE como ciudadanas de segunda?

Sí, opino que el Diccionario nos trata como ciudadanas de segunda. Pero además de tratarnos así, también hay que comentar que algunas de las definiciones machistas que figuran en el Diccionario están ahí porque la sociedad es sexista y no podemos hacer como que esto no sucede. Ahí la RAE tiene toda la razón. Si la sociedad da un significado diferente a zorra y a zorro no puedes obviarlo o cambiar la definición a tu parecer. Su significado es ese y el Diccionario tiene que recogerlo así. Pero también puedes indicar que zorra es una palabra discriminatoria y eso no está marcado de ninguna forma en el Diccionario de la Real Academia. La definición es sexista porque las sociedades que hablamos español somos sexistas y los significados peyorativos de las palabras en femenino deben figurar como tal, pero el hecho de que no se marque, de que no se indique de ninguna forma no depende de la sociedad, depende del Diccionario.

7. A principios de enero la RAE incluyó la palabra inseminación artificial con una definición errónea. No es la primera vez que esto ocurre con palabras porque comentas en tu libro que palabras relacionadas con la salud femenina, como útero o menstruación. Muchas de ellas tienen una definición escasa en el diccionario o incluso confusa y, sin embargo, "pejesapo" tiene una definición mucho más detallada, ¿por qué sucede esto?

Sucede porque la gente que está en la Academia, su manera de ver el mundo, se basa en dar una definición aparentemente aséptica, sin ahondar mucho más. Como cuando incluyeron feminicidio y feminicida, por ejemplo. Ambas estaban mal, cambiaron feminicidio con el tiempo y ajustaron más la definición, aunque tampoco era para echar cohetes, pero por lo menos no era 100% incorrecta. Sin embargo, feminicida no se corrigió hasta diciembre de este año y ha estado mal definido durante seis años en el Diccionario de la RAE. ¿De verdad no tenían a nadie a quien preguntar? No creo que se trate en casos como estos de una indiferencia lingüística, sino de una indiferencia ideológica y machista.

Fuente: Real Academia de la Lengua Española

En la RAE no hay suficientes mujeres como para que su voz sea tenida en cuenta. (En la Real Academia hay 40 hombres y 6 mujeres) y, por tanto, que que su voto sea tenido en cuenta a la hora de cualquier decisión es más complicado. Suponiendo, por supuesto, que no piensen como ellos, que no tiene por qué pasar tampoco. Pero imagínate que no ponemos el prisma en ser feminista o no ser feminista, sino de que les apetecen que las cosas relacionadas con su mundo se definan adecuadamente, que es su cometido en la RAE. ¿Por qué la definición de histerectomía es menos precisa que la de orquiectomía? Por ponerte otro ejemplo. Yo creo que siquiera se lo plantean y, en caso de que lo hagan, su voz, sea de hombre o de mujer no tiene peso entre ese mar de machismo que tiene la Academia. Esto no es que presupongamos. Es que sus declaraciones hacen que sepamos que son machistas a través de sus declaraciones.

Fuente: Real Academia de la Lengua Española

8. ¿Falta diversidad, entonces, en la RAE?

Absolutamente. Cada sillón de la RAE debería tener una renovación periódica. A la RAE entran los señores y las señoras y se quedan hasta que mueren. Hay personas que están en la RAE 50 años. De hecho, un académico, hoy por hoy, tiene 93 años. Tendrá una experiencia inconmensurable de la vida, pero claro, de cómo era la vida antes. Quizás para ir definiendo la sociedad de hoy en día, para hacer una revisión en profundidad del Diccionario sería necesario como mínimo que las personas que entren estuvieran por un tiempo limitado, que no se quedasen para siempre porque, entre otras cosas, se trata de algo antidemocrático. A mí me pone enferma que se lleven tanto dinero público y que sea una institución tan sexista y tan poco transparente. Sabemos algunas de las palabras que entran en el Diccionario porque tienen a bien comunicárnoslas desde hace unos años, pero nos dan una muestra de las palabras que entran al Diccionario. No las dicen todas y si quieres saber un poco más de las palabras tienes que descargarte una aplicación de pago. Es muy fuerte. A mí me indigna profundamente porque me parece que habría que proteger esa cultura, pero habría que buscar la manera de que sus estatutos fuesen más democráticos y menos opacos. Sería tan sencillo como que quienes estuviesen dentro lo hiciesen por voluntad propia o quienes les financiamos exigiésemos que, antes de darles dinero, eso cambiara.

9. ¿Para que el lenguaje sea inclusivo hay que acabar primero con la sociedad patriarcal o para acabar con la sociedad patriarcal hay que cambiar primero el lenguaje?

Yo creo que tienen que ir las dos cosas de la mano. Si la sociedad no cambia no es posible que el lenguaje cambie. Pero ya hay un cambio en la sociedad. Ya hay una buena parte de la sociedad que habla de otra manera. Sin embargo, estamos frente a una institución que se niega a aceptar esos cambios y que, además de negarlos, nos dice que nos callemos y que no hablemos así. Los catedráticos de la RAE tienen la obligación de recoger el uso para que la lengua no se disgregue, que todo el mundo al decir una palabra sepa lo que significa aquí y en la Conchinchina. Ese es su trabajo. ¿Por qué nos dicen que no hablemos de determinada manera, si el lenguaje y la sociedad cambia todo el tiempo? ¿Para qué se actualiza, si no, el Diccionario todos los años? Si se crean unas palabras y mueren otras será por algo. La RAE se niega a colaborar en la cristalización en norma de esos cambios. Y lo que se hace desde el feminismo es elaborar las propuestas que la RAE se niega a dar. Se supone que es la gente que sabe, pero no contribuyen en nada. Sin embargo, cuando se hacen propuestas para que, quien necesita herramientas y no las encuentra pueda tener algo, intentan echarlas por tierra. Yo no estoy diciendo a las personas cómo tienen que hablar, estoy dando soluciones que he encontrado porque nadie me las daba a mí. Herramientas que yo he encontrado para poder hablar de una forma inclusiva porque nadie me las daba. Yo creo que la sociedad está avanzando muy rápido y la RAE va muy por detrás. En algún momento el lenguaje será cada vez más inclusivo y lo utilizarán cada vez más personas. Pero creo que no se puede hacer una cosa sin la otra. Por eso cuando dicen aquello de ‘habrá cosas más importantes’. Pues mira, igual sí, pero seguramente no puedas hacerlas sin palabras.

Si interpelo tanto a la RAE es porque me parece que tiene un papel fundamental. Yo he sido la fan número 1 de la RAE. Yo era apasionada de la institución, del Diccionario, de su trabajo, pero de la misma manera de ver lo que hacen bien soy perfectamente capaz de discernir lo que hacen mal. Creo que necesita evolucionar y situarse en el siglo XXI porque la institución sigue anclada en el Siglo XVIII. Piensan que como han incluido a algunas mujeres ya han hecho lo que tenían que hacer y no es así.

10. ¿Se puede cambiar el mundo que conocemos a través del lenguaje, entonces?

Estoy completamente segura de que sí, porque si el lenguaje no fuese tan importante nadie se enfadaría tanto porque quisiésemos cambiar el prisma desde el que se narra todo lo que conocemos. Si hay reticencia es porque hay conciencia de que eso puede ser efectivo. Solo hay que pensar en la controversia que se produce cuando por una palabra en una ley. Una palabra puede hacer que se rompa un acuerdo de paz. Si el lenguaje no fuese importante no nos inventaríamos palabras para designar realidades, utilizaríamos de manera indistinta una u otra. Como por ejemplo, la palabra desescalada, ¿tú habías oído hablar de ella antes de la covid-19? A las montañas se escalaba y se bajaba. Pero como ahora también es un objetivo el descender, aún más importante que el de llegar a la cima, hemos utilizado una palabra porque nuestra lengua nos lo permite porque es flexible, dúctil, riquísima, maravillosa y no podemos decir que no es importante. Yo creo que quien dice que la inclusividad en el lenguaje no sirve para nada porque no tiene ningún efecto lo que tendría que hacer es dejar de utilizarlas todas y si es su herramienta de trabajo con más motivo. Que un o una lingüista infravalore así el lenguaje… no te dediques a trabajar con las palabras, entonces. Yo creo que la gente que reivindica el lenguaje inclusivo, reivindica también la palabra como herramienta política, además del reconocimiento de que todas las personas que formamos parte de la sociedad y eso es peligroso. Un montón de gente pensando por qué se nombra el mundo como se nombra es gente peligrosa. Yo misma renegaba del lenguaje inclusivo hasta que empecé a ver el mundo desde una perspectiva feminista y el lenguaje fue lo último a lo que empecé a darle importancia precisamente, porque para mí era importante, porque me suponía el trabajo de revisar todo de mí. Mi forma de ver el mundo pasaba por las palabras. Esa resistencia en ver la importancia muchas veces se produce porque nos exige analizarnos y no nos apetece la mayor parte del tiempo, porque es muy cómodo vivir en un mundo en el que haces lo que hace todo el mundo.

11. Hay palabras que utilizamos a día de hoy y cuyo origen es profundamente racista, como mulato o mulata, que viene de la época del colonialismo para compararlos con mulas. Aunque ese significado, por así decirlo, ya no está presente ¿Qué hay que hacer con ellas?

Yo creo que aquí hay que diferenciar: por un lado, necesitamos aprender que el origen de estas palabras es racista. Mucha gente habrá estado utilizando esta palabra porque pensaba que era una forma de no utilizar una expresión racista y no era consciente de ello. Primero hay que poner en conocimiento a las personas de que el origen de una expresión es racista, homófoba, machista, etcétera, para que cada persona tome la decisión de usarla o no. Y, por otro lado, que el Diccionario las recoja e indique de manera expresa esta información para que las personas, cuando lo consulten, lo puedan saber. Es una forma de extender el conocimiento para que, los que tomamos la determinación de hablar de una forma determinada, para que si alguien decide hablar así sea por decisión, no de manera inadvertida. Ahí el Diccionario pierde la oportunidad de hacernos ver que tras el origen de algunas palabras hay una historia que quizás no queremos seguir viendo.

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