REPORTAJES
Actualizado 09/04/2021 15:47:18
Marina López

La ilustradora imparte un coloquio sobre su libro 'El placer' y la sexualidad femenina hoy, a las 19:30h en el Palacio de la Audiencia, dentro del I Ciclo de Encuentros para el Feminismo.

Contaba María Hesse (Sevillana de adopción, 1982) en una de sus publicaciones de Instagram, que cuando era niña, la psicóloga del colegio le dijo a sus padres tras ver sus dibujos, que “ese año, nada de juguetes” porque vivía en su mundo. Años después, María es una de las mejores ilustradoras del mundo, según ‘The Ilustrator. 100 Best around the World’ un volumen que recoge a los mejores dibujantes en todo el ancho y largo del globo terráqueo.

A través de su trazo suave y visceral habla de las luces y sombras de muchos referentes, de libertad, de amor, de amigas, de fuegos, de poesía, de imposiciones canónicas de belleza y de coños. Dice, al otro lado del teléfono, que aunque ha ilustrado el tarot de Netflix con el que Yolanda Ramos vaticina el mañana “no cree en el destino”, que el Satisfyer ha supuesto un antes y un después en la sexualidad femenina, que rinde culto a eso de hacer las cosas mal para preservar la evolución, y que cocinar y tener sexo no son dos cosas tan diferentes.

Esta tarde viene a la Audiencia para hablar de ‘El placer’, a las 19:30h. Un viaje entre flores, colores, cuerpos y trazos que desgrana, sin miedos, aquello que no sabíamos porque nunca nadie nos lo había contado. Nunca es tarde.

Ilustración de 'Marilyn. Una biografía'. Fuente: María Hesse

En tu biografía de Instagram, después de "dibujante", dices que eres "cocinera en tiempo libre". ¿Qué tienen en común el sexo y la cocina?

Son dos de las cosas que más me gustan (risas). Me gusta cocinar porque me gusta comer. Y sobre todo, me gusta cocinar para los demás. Cuando cocino para los demás me parece un acto de generosidad inmenso para mi cuerpo y para el del resto, que es como debería de ser en el sexo, ¿no?

¿Existe el llamado trazo femenino?

Cada persona tiene una forma de dibujar. El problema es que siempre se categorice algo como femenino y siquiera pensemos en que hay un trazo masculino, porque es "la norma". Esa pregunta a la inversa no se hace. Creo que depende mucho de la mujer y del hombre. Tengo compañeros que dibujan como supuestamente lo haría una mujer y a la inversa. Si hay una diferencia real no existe solo en la pintura, sino también en la escritura. Existe porque nos han educado de forma diferente. A nosotras se nos ha enseñado en los cuidados, en la belleza. A ellos en la batalla, en la fuerza, en otro tipo de estética. Nuestra forma de hacer las cosas está contaminada de alguna forma por eso que hemos vivido. Tampoco es malo, desde mi punto de vista. No creo que tengamos que huir porque ellos no se lo plantean, no tienen ningún inconveniente en escribir distinto a como lo hacemos nosotras, en narrar de otra forma. Y nosotras, si no nos sale del coño, no tenemos porque hacerlo tampoco. También creo que aporta mucho narrar las cosas desde nuestras vivencias porque si solo escuchamos una voz, la de siempre, va a ser muy difícil salir del patrón que se ha construido para nosotras.

Cuando creamos ficción también queremos construir otro tipo de personajes y desde nuestro punto de vista, encontramos otra visión. Temas como la maternidad o la sexualidad que se replantean con todas sus luces y sombras, y no en un segundo plano. Muchas veces, parece que lo que le ocurre al hombre es universal y lo que nos ocurre a nosotras es la otredad. Algo que solo nos corresponde a nosotras y que a ellos no les interesa y eso también es un problema porque creo que también deberían interesarse por lo que contamos las mujeres, como nosotras hemos hecho durante tantísimo tiempo.

El otro día hablaba con unas amigas y llegamos a la conclusión de que aprendimos antes a masturbar a un hombre que a masturbarnos a nosotras mismas, ¿crees que las mujeres recibimos una educación más basada en ser el objeto de deseo que el sujeto que desea?

Por supuesto, se está luchando porque cambie y ha habido una gran evolución en España, pero quedan muchos terrenos por conquistar aún. Yo una vez concedí una entrevista en la que hablaba sobre ‘El Placer’ y no te puedes imaginar la cantidad de insultos y de comentarios negativos que me llegaron, cuando yo creo que mi libro está hecho desde el amor y el respeto independientemente del género. Evidentemente, lo que más reivindico en el libro es la ausencia de educación sexual hacia las mujeres porque en los hombres creo que se hace más hincapié y, sin embargo, de nosotras no se habla.

Yo creo que nosotras empezamos a masturbarnos por accidente, de esto que te tocas, y dices, “uy, esto me gusta”. A mí cuando era más pequeña me daba vergüenza hablar de estos temas, no tenía en la cabeza a mi madre diciendo: “esto está mal”, pero lo tenía muy interiorizado. Por otro lado, nadie te hablaba del clítoris tampoco. Yo creo que, aunque ya existían muchos juguetes sexuales, el Satisfyer ha supuesto una revolución en todo este tema, porque se inició una conversación entre madres e hijas. Tengo muchas amigas que se lo regalaron a sus madres y que, de repente, descubrieron que no habían tenido un orgasmo en su vida. Si el orgasmo en la mujer fuese imprescindible para quedarse embarazada, lo habríamos aprendido.

En ‘El Placer’ hablas de que la estética o los cuidados que hacemos en la vagina hacen que el órgano sexual de una mujer se parezca al de una niña. ¿El patriarcado sexualiza lo infantil?

Fíjate cómo nombramos a la vagina: el toto, la pepita… Muy infantil. Creo que el patriarcado infantiliza nuestro sexo porque así nunca llegamos a ser, del todo, dueñas de nuestro cuerpo. A parte, evidentemente, influye también el imaginario. El mito de la ‘Lolita’ siempre ha estado y de una forma muy normalizada. Vanessa Springora lo narra también en ‘El consentimiento’ e incluso ahora sigue ocurriendo. Viendo el documental de Woody Allen y Mia Farrow, en la parte en la que hablan sobre ‘Manhattan’, que a mí me encantaba esa película, la protagonista con la que él tiene una relación, tiene 17 años y es algo muy común en sus películas.

Hace poco entrevisté a Yolanda Domínguez y charlamos sobre el poder sexual que, normalmente, se asocia a la mujer. En el libro mencionas a personajes como Mata Hari o Marilyn Monroe, a las que siempre se les ha asociado con este tipo de capacidad.

Marilyn como objeto de deseo no es un poder, pero Marylin como persona que disfruta del sexo de forma más libre que el resto de mujeres de su época, sí que lo es. Yo creo que la revolución sexual tenía un punto de partida maravilloso y al final se convirtió en un arma de doble filo. Esa liberación al final vuelve a transformar en objeto a las mujeres. Creo que, cuando hablamos de liberación sexual tenemos que saber a qué tipo de liberación nos estamos refiriendo: ¿a la liberación en la que yo decido lo que quiero, cuando quiero y como quiero o a la liberación en la que yo me convierto en un objeto de deseo y por eso me siento poderosa?

A mí; cuando un día voy más escotada, sin sujetador o con vestido; no me agrada la visión de los hombres hacia mi cuerpo, porque lo noto. No me resulta agradable. Si me pongo una minifalda no estoy cómoda. También te digo que yo soy de otra generación (risas). Creo que enseñar el cuerpo no tiene por qué empoderarte, cuando hablamos de elegir libremente o de las cosas que nos empoderan o no. Es un debate complicado porque yo tampoco elijo libremente depilarme y no soy capaz de dejar de depilarme, o de comprarme ropa a mi manera para estar guapa, o de maquillarme para una entrevista. Lo que pasa es que siempre cuestionamos aquello que nosotros pensamos que hemos superado y que a lo que no hemos llegado, realmente, a superar.

Expones mucho tu trabajo en redes sociales, ¿cómo te llevas con ellas?

Me llevo a ratos bien y a ratos mal (risas). Yo a las redes les debo mucho porque permitieron tener una ventana para mostrar mi trabajo, sin depender de nadie y además creo que tengo una comunicad muy bonita. También es verdad que luego se ha propiciado un comportamiento en redes que yo no entiendo y con el que no me siento identifica. Tengo la suerte de tener amigas, también conocidas en redes, que exponen su trabajo y me ayudan a relativizar. Pero yo hay comportamientos que me chocan porque hay gente que se comporta en redes como nunca lo haría en la vida real y es algo que no acabo de entender. Por lo general yo suelo tener un buen trato en redes.

¿De todos los dibujos que has ilustrados cuáles dirías que han marcado tu evolución como artista?

No podría decirte uno en concreto. Yo intento ir avanzando. Mi evolución es muy progresiva. Si comparas los dibujos de la biografía de ‘Frida Kahlo. Una biografía’ (2016) y los comparas con los de la biografía de Marilyn (2020) no tienen nada que ver, por ejemplo. Mi forma de dibujar ha evolucionado. Creo que es fácil ver que la autora de mis dibujos sigo siendo yo, pero han cambiado.

¿Qué es para ti el feminismo?

El feminismo para mí ha sido ponerme en el lugar en el que me corresponde a pesar de que duela. Yo ya no veo el mundo de la misma forma que antes y el observarlo de otra forma diferente es doloroso porque te das cuenta del lugar que ocupas, de dónde quieres estar, de la adherencia, del gesto más pequeño al más grande, pero también nos da el poder de cambiarlo todo lo que esté en nuestra mano.

He cambiado mucho. He pasado por muchas fases dentro del movimiento, además. No es lo mismo tomar conciencia cuando alguien te lo cuenta a cuando empiezas a leer teorías y llevarlas a la práctica. Es muy difícil.

‘Frida. Una biografía’, ‘Bowie’, ‘Voces que cuentan’… ¿Hay algún dibujo, ilustración o texto incluso de los que has publicado que cambiarías?

Todos (risas). Todos los haría diferentes. No podría decir que me he arrepentido de ninguno tampoco, porque creo que es necesario equivocarse y hacerlo mal para aprender. Parece que hay mucho miedo al error. Yo no reniego de lo que he hecho. Lo he hecho así en determinado momento y de esa forma porque pensaba que era la mejor manera en la que podía hacerlo y me equivoco. Y mi discurso cambia. Y si me hubieses hecho una pregunta hace unos años te habría respondido de forma distinta porque yo voy cambiando y no me puedo arrepentir de mi proceso de madurez. Creo que es lo normal. No me fío de la gente estática, me parece que es poco consecuente.

Hiciste el tarot de Netflix, también. Si te echasen las cartas ahora ¿qué crees que saldría?

Yo no creo en el destino (risas). No sé qué me saldría. He aprendido en esta vida que uno tiene que vivir el presente porque uno trabaja para que su futuro sea lo mejor posible, aunque luego la vida te lleve por el camino que quiere. Hay decisiones que no dependen de ti. Hay millones de cosas que se escapan a nuestra elección. Yo disfruto el presente e intento construir algo a mi alrededor para que mi futuro sea lo mejor posible, pero hay cosas que se me escapan.

¿Qué autores o autoras son referentes para ti en el sector de la ilustración?

Muchísima gente. No te podría decir un nombre y siempre tengo la sensación de que voy excluyendo, pero es que me gusta el trabajo de muchos compañeros. Rebecca Dautremer, por ejemplo, me descubrió el álbum ilustrado. Cuando estaba en el instituto y la universidad quería ser dibujante de cómic. Luego me di cuenta de que eso no era para mí porque no tengo paciencia para hacer viñetas. Y, de repente, volví a ver un álbum ilustrado de los que tenía de pequeña gracias a esta autora, y dije: “esto es lo que yo quiero hacer”. Después este tipo de publicaciones se fueron abriendo camino porque los adultos empezaban a comprar para niños y acababan comprando álbumes ilustrados para adultos.

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