CAPITAL
Actualizado 23/04/2021 12:21:00

Castilla y León celebra este viernes 23 de abril su día, coincidiendo con la conmemoración de la derrota de la batalla de Villalar, un hecho crucial para el movimiento comunero o Guerra de las Comunidades de 1520. ¿Pero, por qué este suceso se considera un elemento identitario esencial de los valores de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.?

Soria también se incorporó a ese movimiento, extendido por lo que ahora son Castilla y León, Castilla La Mancha e incluso Murcia. Una rebelión que rechazaba al nuevo y desconocido rey Carlos I llegado de Flandes, y que se oponía a la visión de la sociedad del poder absolutista e imperial, de la oligarquía noble y de los grandes comerciantes que monopolizaban, por ejemplo, la venta de la lana. Algunos politólogos e historiadores consideran esta revuelta como una ‘revolución’ adelantada a su tiempo, precursora de los movimientos sociales del siglo XIX. Supone el final de una concepción feudal, ya en decadencia.

¿Pero que aportó esa revuelta para que se considere un primer guiño impulso a los valores democráticos que disfrutamos ahora? Aunque la revuelta no triunfó, el movimiento comunero sirvió para empezar a transformar la sociedad de esa época.

La insurrección comunera aportó la base de la concepción de la actual monarquía parlamentaria de España, o la idea de la descentralización del gobierno y de la autonomía administrativa local. Y nada menos que en 1520. Fueron unos visionarios.

El movimiento comunero, que no acataba la autoridad real de Carlos I, estableció un incipiente gobierno de base democrática en las juntas donde se instauró. Se incorporó la participación de los ciudadanos de los diferentes estamentos, o la elección democrática de los representantes en las juntas nacional y locales.

Por primera vez, se puso al pueblo, al ciudadano o comunero, por encima de los poderes del rey, de su corte y de su nobleza e incipiente y fuerte ‘burguesía’ económica. Querían una monarquía con límites, para evitar abusos del monarca que afectara a los bienes del Estado y de los propios ciudadanos normales, los pecheros que estaban obligados a pagar impuestos al rey, frente a los ricoshombres, nobles o clérigos que estaban exentos de esas cargas.

La Guerra de la Comunidades de 1520 llegó en un momento social y económico muy difícil para el centro de España, para los territorios de las mesetas, donde el equilibrio y la estabilidad del reinado de los Reyes Católicos se había roto. La abusiva presión tributiva y fiscal, a unos gremios de las ciudades y a unos campesinos muy castigados, avivaron la llama del descontento. La llegada del reinado de Carlos I fue la tea definitiva que prendió el fuego. La corte flamenca del nuevo rey, acaparando los puestos de poder de Castilla, que temía quedar relegada, también ayudó a la insurrección, que se llevó a cabo después de que Carlos I decidiera poner un nuevo ‘servicio’ (impuestos) que le permitiera sufragar sus gastos para viajar a Alemania, y tomar posesión del nuevo cargo de emperador del Sacro Imperio Romano Germano.

Soria se incorporó a la revuelta de los comuneros en agosto de 1520, meses después de haberse iniciado en Toledo, y haberse extendido por Madrid, Salamanca, Segovia o Valladolid. Luego se adhirieron, además de Soria, Burgos, Guadalajara o Cuenca. La insurrección acabó con la derrota de los comuneros en Villalar y el ajusticiamiento de Juan Padilla, Juan bravo y Francisco Maldonado. En Soria, el comunero más representativo fue Bartolomé García Platero, que también fue ajusticiado tras conocerse su plan de dar un golpe de fuerza en la ciudad de Soria.

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