REPORTAJES
Actualizado 30/10/2021 11:25:39

El Grupo de Óptica Atmosférica está registrando y procesando datos sobre la estructura vertical del penacho y los aerosoles que emite, claves para tomar decisiones informadas en materia de aviación o salud pública.

Desde que el Cumbre Vieja, en La Palma, entrara en erupción el pasado 19 de septiembre, ni los gobiernos, ni la comunidad científica y ni los ciudadanos han podido dejar de mirar con preocupación al penacho o columna de gases que está originando permanentemente el volcán.

Los efectos destructores de los ríos de lava son claros y se observan a simple vista: arrasan con viviendas, comercios y con todo tipo de infraestructuras. Pero el penacho, cargado de cenizas y de dióxido de azufre (SO2), entre otros gases, puede tener también un impacto devastador que no es tan evidente, originando problemas en la aviación o afectando gravemente a la salud de las personas.

Para monitorizar el penacho, investigadores del Grupo de Óptica Atmosférica (GOA) de la Universidad de Valladolid (UVa) han desplegado instrumental científico en la isla. Su objetivo es claro: vigilar y caracterizar las emisiones del volcán en tiempo real y aportar información relevante para la toma de decisiones.

Como explica a DiCYT Carlos Toledano, investigador del GOA, la contribución del Grupo ante esta catástrofe natural se inicia de manera casual. “Nos encontrábamos en Tenerife, en el Observatorio de Izaña, cuando comenzó la erupción y no nos lo pensamos. La situación tenía dos aspectos importantes: por un lado, el impacto que podía tener la erupción en la aviación, la salud pública y la calidad del aire y, por otro, la faceta científica, ya que es un evento único para realizar medidas. Así que nos fuimos a La Palma”, recuerda.

En colaboración con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el 22 de septiembre instalaron un fotómetro y ceilómetro al sur de la isla, en el centro de visitantes del volcán San Antonio. Este emplazamiento, según los expertos, es idóneo para observar la columna de humo de la erupción, ya que es el lugar de La Palma que presenta menor nubosidad.

Mejorar las predicciones

La AEMET está vigilando la columna de humo mediante modelos de dispersión atmosférica, herramientas que sirven para predecir la evolución del penacho a diferentes niveles de presión en la atmósfera y que necesitan información sobre su altura y tasa de emisión. La incorporación de los datos combinados del fotómetro y del ceilómetro al modelo, gracias al equipo de la UVa, está suponiendo una mejora en su capacidad de predicción.

Mientras que el ceilómetro es una herramienta láser que permite determinar la altura de la base de nubes, el fotómetro (perteneciente a la red AERONET de la NASA) ayuda a conocer las propiedades ópticas y físicas de los aerosoles –las partículas que se encuentran en suspensión-. “El ceilómetro nos aporta un perfil vertical, un parámetro que nos sirve para medir la altura del penacho del volcán. Conocer ese perfil vertical es fundamental para saber por dónde lo va a llevar el aire, ya que la dirección del viento es diferente en función de la altura”, apunta Toledano, quien subraya las peculiaridades del comportamiento de los vientos en altura en La Palma debido a los alisios, entre otros factores.

Además, ambos equipos están conectados a Internet, lo que les permite registrar y analizar los datos en tiempo real. Una información continua que es clave para tomar medidas de emergencia a tiempo y evitar riesgos. “Las cenizas volcánicas son muy abrasivas, pueden estropear las turbinas y otras partes de los aviones”, recuerda el investigador de la UVa, además de los problemas que estas partículas y que los gases emitidos por el volcán pueden llegar a causar en la piel, en los ojos y en el sistema respiratorio de las personas.

Los datos del fotómetro y del ceilómetro son abiertos y están disponibles para su consulta a diario en la página web del GOA, junto con las sorprendentes imágenes de la cámara de cielo con ojo de pez que también han instalado en esa estación de medidas ‘improvisada’. “Se observa la luminosidad del volcán y se distingue muy bien la ceniza, una información también valiosa para saber el estado del cielo”, concluye Toledano.

FUENTE: Cristina G. Pedraz/DiCYT

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