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PROVINCIA
Actualizado 06/03/2022 13:01:00
Encarna Muñoz

Pepita es una soriana de adopción con una historia que sorprende. Puntada a puntada ha dado forma a 1.000 muñecas de tela. Al principio, este pasatiempo fue una forma de plantarle cara al dolor, pero ahora es su vida. En su residencia, la de El Royo, saben que es la mejor terapia y la potencian.

Su historia es dura, de las que ponen un nudo en la garganta, pero al mismo tiempo es de esas que devuelven la fe en el ser humano, y permiten soñar con un presente sin maldad, en el que el juego sirve para aprender y mantener la ilusión.

La protagonista se llama Josefa Delgado, pero se ha ganado que todos la reconozcan desde el cariño como Pepita. Tiene 85 años y actualmente vive en la residencia Nuestra Señora de las Mercedes de El Royo. Llegó a la provincia de Soria desde la vecina Zaragoza (es natural de Alhama de Aragón), y en la maleta trajo lo necesario para sobrevivir. Un lote que, en su caso, incluye sus muñecas Pepona y todas las herramientas y materiales para seguir ampliando la familia.

En el que ya es su hogar, pronto entendieron que lo de Pepita era un don que merecía la pena cuidarse. Ahora, presumen de él en una exposición que también refuerza la motivación de todos los residentes.

Apartar el dolor

La vida de Pepita Delgado nunca ha sido fácil, aunque ella asegura haber sido, y ser, “extremadamente feliz”. Se casó joven y tuvo tres hijos, pero la enfermedad y posterior fallecimiento de su esposo la obligaron a “sobrevivir por los tres”. Trabajó limpiando casas y en una fábrica de hilaturas, empleo que la ocupaba 16 horas al día, pero que le permitió “sacar adelante a mis pequeños”. La vida era “apretada”, pero esta aragonesa le hacía frente con la mejor de sus sonrisas.

Sin embargo, este arma se quedó sin munición con el golpe más duro de todos. “Mi hijo falleció con 44 años y perdí las ganas de vivir”, cuenta. Su hija pequeña, “el tesoro más grande que tengo”, la llevó al médico y le recomendaron buscar un hobby. Lo encontró gracias a un obsequio que se convirtió en compañero de vida. Le dio una segunda oportunidad a una máquina de coser que una amiga ya no usaba, y entonces comenzó un juego que le permitió volver a enseñarle los dientes al futuro, dar forma a sus muñecas Peponas. Paquita aprendió a coser y, después, a hacer patrones. “Las hago a mi manera y saco las ideas de mi coco”, bromea.

No guarda secretos. Afirma que lo primero es “hacer el muñeco con los materiales más bastos y rellenarlo, por ejemplo, con espuma de almohadas”. Con telas más elegantes (de vestidos, blusas o sábanas) confecciona los trajes de sus muñecas. Cada uno es diferente y único. En estos momentos, está dando forma a una nueva pepona india porque “me regalaron un tejido con flecos y es lo propio”.

Mundo de muñecas

Paquita es feliz rodeada de sus peponas. “Les hablo y les canto canciones”, asegura. No está perdiendo la cabeza, esto le ayuda a evadirse de los problemas del mundo. “No me gusta ver desastres en la televisión, prefiero sentarme a coser y aprovechar el tiempo”.

Agradece las donaciones que recibe cada día para poder continuar con su pasión. Particulares y empresas la ayudan con materiales. Manualidades Carpi, que cerró su tienda en Soria, le cedió “preciosidades que ahora me inspiran”, concluye.

La enfermedad no limita su creatividad

Pepita Delgado sufre Parkinson. Tiene las capacidades cognitivas intactas, pero sus manos acusan el avance de la enfermedad. Con toda la ternura del mundo explica que las peponas más recientes “tienen la cara muy fea porque ya no puedo dibujar igual que antes”. Tampoco son tan precisas las puntadas. Ahora necesita más tiempo y algo de ayuda para acabar sus creaciones. Sin embargo, estas han visto incrementado su valor sentimental. Quien conoce la historia de las peponas, el esfuerzo que esconde cada una de ellas, reconoce la personalidad que desprenden. De ahí su éxito entre todos los públicos.

Un pasatiempos que también es terapia

Mónica Ayuso es la terapeuta ocupacional de la residencia de El Royo. Ella acompaña a Paquita en sus labores, y señala que “las peponas la ayudan mucho porque sirven de ocupación significativa”. Explica que el esfuerzo que invierte en ellas se traduce en una importante mejora de la autonomía. “Trabaja la fuerza, el control postural y la presión, además de que le ayudan a mantener las capacidades cognitivas”.

Arroyo apunta que el objetivo de la exposición, además de mostrar el talento de Pepita, es “motivarla, que vea reconocido su esfuerzo”. Esto se ha conseguido, “ahora mismo está con un subidón total. Sonríe como nunca y eso repercute directamente en su salud. La enfermedad avanza, pero con freno”, afirma.

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