OPINIóN
Actualizado 26/02/2024 09:54:24
Patxi Irigoyen

La quinta columna de Patxi Irigoyen para Soria Noticias.

Las imágenes de estos días, con Juan Carlos Unzue en una de las salas del Congreso de los Diputados para hablar del ELA, ha sido el mejor reclamo para demostrar la falta de empatía y la despreocupación por sus conciudadanos que el congreso de los diputados demuestra día a día.

Que nadie se pueda manifestar ante la cámara que elige, y que ésta cámara esté absolutamente blindada para cualquier reclamo no es sino la muestra de que el político español vive lejos de su pueblo, y que sólo el reclamo que cada cuatro años exige una elección es lo único que acercará a unos y otro.

Unzue llevó a la cámara baja una vez más el llamativo mensaje de que las leyes protejan a los más desfavorecidos. Unzue sólo es el arma más llamativa de un colectivo abandonado a su mala suerte, y que en muchos casos encuentra en el fallecimiento su única salida: la pena enorme que nos acecha es, en todo caso, que dichos fallecimientos pueden ser más por no poder aplicarse todos los tratamientos que se están poniendo para frenar la ELA, y todo ello porque la legislación no contempla algo tan sencillo como facilitar una salida digna a un túnel tan tenebroso.

Ciertamente, los Diputados, Senadores, Procuradores o políticos en general viven lejos del pueblo. Es evidente. No sólo por su forma de actuar, sino por sus diferencias con la gente que los elegimos. Los salarios, las condiciones de trabajo, el tratamiento de que gozan, y sobre todo la inmunidad de que gozan, pasan por marcar la misma distancia entre el cielo y el infierno.

La mayor parte de los países democráticos de nuestro entorno tienen marcados límites temporales a los mandatos públicos. En España esto no es así. Hoy en día existen en el congreso diputados como Javier Arenas con trece legislaturas, otros con diez u ocho, como José Luis Ábalos. Difícil papeleta la de estos próceres si es que quisieran volver a su puesto de trabajo en la empresa privada o pública, porque probablemente el sistema del mismo habrá cambiado “un poco”.

Pero que en una comisión, en un grupo de trabajo o en una charla prevista con diputados se presenten cinco de ellos para hablar del ELA determina una negligencia grotesca, desvergonzada y casi delictiva. Que el pueblo tenga que aguantar que de los 350 diputados hayan sido cinco los que han asistido a una charla informativa para escucharle, es, cuando menos, la nefasta demostración de la preocupación que causa a esos personajes públicos lo que sufre el pueblo.

Es hora de dejar de asistir a las fiestas, las procesiones y los pregones de nuestros pueblos. Es el momento de empezar a sacar, cuando menos, todas las noticias como ésta, aunque no tengamos la posibilidad de tener gente tan valiente como Unzue, al que en Soria se le recuerda pero no por la valentía de sus ahora manifestaciones, sino por su esmerada educación y su reservado carácter. Unzue ha sido capaz de abrirnos otra vez los ojos.

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