Solo el 29 % de los conductores europeos elige piezas de recambio ecológicas cuando tiene la oportunidad, y el 30 % ni siquiera sabe que existen. Así lo revela un reciente estudio realizado por AUTODOC a través de Instagram Stories, que recogió más de 15 000 respuestas entre septiembre y noviembre de 2025.
El principal obstáculo no es la falta de conciencia medioambiental, ya que el 31 % de los encuestados estaría dispuesto a pagar más por productos sostenibles, siempre que el precio resulte asequible. Mientras Soria avanza con proyectos como la planta de biometano en Langa de Duero, los conductores de la provincia se enfrentan al mismo dilema que el resto del continente: elegir entre el cuidado del bolsillo o el del planeta.
El 32 % de los conductores prioriza exclusivamente el precio al comprar piezas de recambio, frente a apenas un 14 % que apoya iniciativas ecológicas. Esta brecha explica por qué el mercado de piezas sostenibles crece lentamente, a pesar de que el sector europeo de remanufactura ya genera alrededor de 20 000 millones de dólares anuales, según datos de la Asociación Europea de Remanufactura (ERA), cifra que se espera duplicar en la próxima década.
Las piezas ecológicas no son simples estrategias de marketing. Hablamos de componentes fabricados con materiales reciclados, procesos que reducen la huella de carbono, aceites biodegradables que evitan la contaminación de suelos y aguas, embalajes de cartón reciclado en lugar de plástico, métodos de fabricación con menor consumo energético y sistemas de logística optimizados que minimizan las emisiones derivadas del transporte.
Optar por alternativas ecológicas supone pagar entre un 15 % y un 30 % más que por las opciones tradicionales. Por ejemplo, un cambio de aceite biodegradable puede encarecer el servicio entre 10 y 15 euros, mientras que los frenos fabricados con compuestos de baja emisión pueden costar entre 40 y 50 euros más por eje. El 42 % de los conductores declara que los vehículos ecológicos "no son para ellos", principalmente por razones de presupuesto.
Los usuarios comentan en redes sociales un problema recurrente: cuando seleccionan una pieza ecológica que no está disponible, algunos distribuidores la sustituyen automáticamente por una convencional sin previo aviso. Para quienes buscan productos con certificación ambiental, esta práctica contradice su intención de compra.
La industria está empezando a abordar este problema. Algunos distribuidores online ya implementan sistemas de notificación cuando una pieza ecológica no está en stock. AUTODOC, por ejemplo, presenta al cliente tres opciones: esperar al producto sostenible con una fecha estimada de disponibilidad, seleccionar una alternativa ecológica de otro fabricante, o aceptar conscientemente un componente convencional. Otras plataformas europeas, como Oscaro y Mister Auto, también han mejorado sus niveles de transparencia, aunque los estándares aún varían considerablemente entre operadores.
José Luis Martínez, mecánico con 25 años de experiencia en Soria capital, señala una realidad incómoda: "Muchos clientes ni siquiera miran las etiquetas ecológicas. Preguntan el precio y ya está. Si cuesta 15 euros más, aunque sea mejor para el medioambiente, lo rechazan".
Soria impulsa proyectos renovables, como Costa Lobera Bioenergía en Langa de Duero, que prevé producir 80 GWh de biometano anuales a partir de 2026. Sin embargo, según datos de la DGT, el 68 % de los vehículos matriculados en la provincia funcionan con diésel, y solo el 2,3 % son híbridos o eléctricos, por debajo de la media nacional del 4,1 %.
Carmen Ruiz, que recorre a diario 45 kilómetros entre Almazán y Soria capital, resume el dilema: "Me gustaría comprar piezas ecológicas, pero cuando te dicen que el aceite biodegradable cuesta 15 euros más, y ya estás pagando 80 euros por el cambio completo, lo piensas dos veces. Aquí los sueldos no son los de Madrid".
El salario medio en Soria (22 400 euros anuales según el INE en 2024) está un 18 % por debajo de la media nacional, lo que hace que cada euro extra en el mantenimiento del coche tenga un mayor impacto. La geografía tampoco ayuda: resulta complicado localizar talleres especializados en productos sostenibles, lo que en muchos casos obliga a realizar desplazamientos que anulan parte del beneficio medioambiental.
Los datos sobre hábitos medioambientales son reveladores: apenas el 33 % de los conductores europeos revisa regularmente las emisiones de su vehículo, mientras que un 20 % admite que el tema no le preocupa. En el ámbito de los servicios ecológicos, la división es clara: frente a un 14 % que muestra un apoyo activo, un 32 % prioriza exclusivamente el precio.
"Realizamos recientemente un sondeo entre nuestros clientes en AUTODOC, y los resultados fueron reveladores: el 30 % desconocía por completo que existen componentes ecológicos para automóviles. Otro 42 % declara abiertamente que no está interesado en vehículos ecológicos. Al mismo tiempo, esta industria ya está en pleno funcionamiento", explica Stanislav Prokhoda, supervisor de soporte técnico y experto en automoción, en un análisis publicado en LinkedIn. "Es una desconexión clásica entre lo que se decide a nivel industrial y lo que realmente ocurre con el consumidor final".
Algunos indicadores apuntan a futuros cambios: el 17 % de los conductores europeos planea adquirir un vehículo ecológico próximamente, mientras que otro 22 % sigue la evolución del mercado con interés creciente. Son porcentajes modestos, pero duplican las cifras de hace cinco años.
No obstante, María González, consultora en sostenibilidad automotriz, lanza una advertencia clara: "Los sistemas de notificación son un paso adelante, pero mientras las piezas ecológicas cuesten entre un 25 % y un 30 % más, seguiremos hablando de un mercado de nicho. La verdadera revolución llegará cuando los fabricantes consigan reducir los costes de producción, no cuando mejoremos el etiquetado".
El camino hacia la movilidad sostenible en Soria será gradual. Tres factores determinarán el ritmo del cambio: la reducción de costes de producción mediante economías de escala, el establecimiento de incentivos fiscales que equiparen precios, y la mejora de la educación del consumidor sobre el coste total a largo plazo. Mientras estos elementos no converjan, provincias como Soria seguirán moviéndose entre la voluntad de avanzar hacia modelos más sostenibles y una realidad económica que obliga a priorizar el gasto inmediato.
Las cifras actuales muestran una apertura con condiciones: sí a la ecología, siempre que no comprometa el presupuesto familiar.