Artículo de opinión de Javier Jiménez Santamaría, concejal del Ayuntamiento de Soria y senador nacional del Partido Popular.
Nada sorprendente en el adelantado mensaje de final de año del número uno. Ni siquiera el bono transporte como limosna electoral para jóvenes y mayores podrá camelar a la mayoría decente de este país.
Fue un conejo guardado en una chistera con un fondo roto por la corrupción y el falso feminismo que acorrala a su Gobierno, a la dirección de su partido y a su familia.
No hubo ninguna felicitación navideña a los españoles, pero sí una buena gama de eructos a la oposición. Está claro que si la sanidad, la educación, las ayudas sociales o la vivienda no van bien; eso es por culpa del resto.
Pero claro, ¿qué íbamos a esperar de quien tiene la insolencia de decir que han sido contundentes frente a la corrupción y los abusos sexuales en su partido?
Lo mejor de la contundencia con el mamoneo fue recolocar a Ábalos en una lista electoral pese asegurar que casi no le conocía. Debe ser que lo de viajar con él en el Peugeot, dormir en su casa de Valencia y asistir con su familia a todo tipo de fiestas y saraos no fue suficiente para asentar la relación.
Con los abusos cambió de estrategia ya que decidió proteger al monclovita Salazar frente a las denuncias de todas las mujeres afectadas. Eso sí, dijo que se avergonzaba de sus acosos pese a que a este no pudo negarle porque bien le conocía desde los tiempos en que le ayudó a prostituir, presuntamente, las primarias del partido.
Pese a llegar a bostezar en el discurso navideño, él mismo es conocedor que ni su partido ni sus falsos aliados le saben toser. Removerá la basura de tal manera que al final salga bien parado pese a que desde Ferraz amaguen con algún movimiento cuando las urnas dicten una hecatombe en tres Comunidades Autónomas.
Está claro que Pedro Sánchez no se va a ir por voluntad propia. O le echan los tribunales o las urnas.