Artículo de oponión de Vanessa García, procuradora de Soria ¡Ya!
En Valladolid, León o Burgos, la implantación de nuevos ciclos de Formación Profesional, la rehabilitación de viviendas públicas o el arreglo de una carretera se consideran lo que son, decisiones ordinarias de cualquier administración que busca responder a las necesidades de su territorio. En la provincia de Soria, en cambio, para que algo tan básico suceda, es necesario un “plan especial”. Y además, hay que anunciarlo con fanfarria institucional, titulares grandilocuentes y promesas que rara vez se cumplen. Propaganda en definitiva.
En Soria todo lo normal se convierte en excepcional. Y todo lo básico que debería estar garantizado se presenta como algo singular. Así funcionó el PAES y así funciona el Plan Soria Conectada y Saludable 2021-2027. Esta suma de actuaciones no son más que gasto corriente disfrazado de inversión extraordinaria. Crear un ciclo de FP, señalizar una ruta turística, rehabilitar un edificio, mejorar una carretera comarcal o ampliar un centro educativo no debería formar parte de un “plan especial”. Debería incluirse en el presupuesto anual, en la inversión ordinaria, como ocurre en otras provincias.
La Junta de Castilla y León ha convertido la desigualdad territorial en un sistema de gestión política. Si algo llega a Soria, tiene que anunciarse como extraordinario, aunque no lo sea. Como si esta provincia tuviera que agradecer lo que a otros se les garantiza sin más.
Mientras tanto, lo verdaderamente urgente, la despoblación, permanece sin resolverse. Los pueblos se vacían, los jóvenes se marchan, los servicios menguan. Ningún plan ha logrado frenar esta tendencia. Porque no basta con anunciar millones, hay que invertirlos bien para transformar un modelo que expulsa población y condena al olvido.
Soria no necesita más propaganda, necesita asegurar los servicios básicos, inversiones justas y planificación basada en hechos. Urgen políticas que no dependan de “planes especiales”, sino de una visión territorial equilibrada y justa. Porque lo verdaderamente extraordinario no es que Soria reciba inversiones, sino que todavía hoy tenga que luchar por conseguir lo que en otros lugares se da por hecho, lo básico. Que una estación funcione, que una vivienda pública se rehabilite, que una escuela rural no cierre, que haya transporte digno, médicos suficientes y conectividad digital, debería ser el mínimo, no el titular, no la excepción, no lo especial.