Aunque las intenciones eran buenas, las casetas para compartir libros que se instalaron en la Dehesa en verano de 2023 han sufrido desde el primer día el vandalismo, la desatención y las inclemencias del tiempo.
Era el verano de 2023. El Ayuntamiento de Soria instalaba en el popular y céntrico parque de la Alameda de Cervantes dos puntos en los que los ciudadanos podían dejar sus libros leídos o viejos y el que quisiera se los podría llevar para leerlos. El Bookcrossing llegaba a Soria y lo hacía con dos cuquis casetas de madera, una enfocada en los libros infantiles — y situada junto a los columpios — y otra para literatura adulta.
La iniciativa era una de las propuestas ganadoras de los presupuestos participativos. En ellos los ciudadanos pueden proponer sus ideas directamente y votarlas y la ganadora, siempre con unos condicionantes, se lleva a cabo. Los planes municipales hablaban de instalar otros dos puntos similares junto al río Duero en el Soto Playa, pero que yo sepa nunca llegó a ocurrir.
Lo que sí pasó es que el consistorio puso sus primeros libros (entre los que figuraba poesía, publicaciones del consistorio, literatura infantil sobre Soria o los premios Avelino Hernández) con el fin de que "la ciudadanía pueda compartir literatura" y el objetivo de "llevar la cultura a la calle y que siempre esté accesible".
Participación ciudadana, cultura, vida social al aire libre… Todo sonaba perfecto. Pero poco duró la alegría cuando la triste realidad comenzó a imponerse. Las puertas con cristales apenas sobrevivieron a los primeros días y poco a poco aquello se fue degradando. El paso del tiempo, la falta de mantenimiento y los actos vandálicos convirtieron pronto aquellas cuquis casetas de colores en un guiñapo de madera. Las condiciones climáticas (¿tal vez no se pensó en ellas?) tampoco han ayudado nada.
Los libros tampoco fluían como les hubiera gustado a los autores y en la mayoría de ocasiones estas casetas estaban vacías o con obras en un flagrante mal estado. Hoy, apenas dos años y medio después, las casetas han quedado reducidas a aquello que puede verse en las imágenes que acompañan a este artículo. Una es ya solo el poste principal, la otra sobrevive mientras puede en el suelo.