Vecinos y simpatizantes del barrio soriano vuelven a cumplir con una tradición recuperada hace un cuarto de siglo.
El barrio de Pedrajas, perteneciente al municipio de Soria, celebraba durante la noche de este sábado su tradicional luminaria. Una tradición que enlaza presente con las raíces de la localidad. La convivencia vecinal y la música de los gaiteros se fundían, con el fuego como hilo conductor, para repetir una costumbre que, aunque transformada por el tiempo, mantiene esa esencia comunitaria.
Decenas de vecinos y foráneos se juntaban torno a una gran hoguera de carrasca con la que antiguamente se elaboraba el cisco, el carbón vegetal con el que se encendían los braseros domésticos en invierno. Un proceso que tras las llamas los rescoldos no llegaban a consumirse para después, ya apagados, ser llevados a las casas para calentar los hogares.
La celebranción no siempre ha tenido la continuidad de la que goza hoy. Esta festividad fue recuperada en el año 2000 por la asociación vecinal, después de decenios sin ser convocada.
El origen tiene también carácter rural y ganadero, determinante para entender la historia de la zona. "Era una tradición de toda la vida que nuestros abuelos y bisabuelos llevaban a cabo para conseguir fondos con los que alimentar y mantener el ganado". Sin embargo, con el paso de los años y los cambios en los modos de vida, aquella costumbre ancestral "se perdió" temporalmente hasta su revitalización hace más de un cuarto de siglo.
La jornada festiva abría temprano. A las nueve de la mañana comenzaba la labor para cortar la leña y el ramaje con el que se prenderá la fogata. Un almuerzo servía para reponer las fuerzas perdidas concluidos los trabajos.
Y ya, a la caída de la tarde nacía el fuego, esto es, la luminaria, acompañando a la ceremonia con la de gaiteros que partían de la plaza principal, envolviendo el ambiene de fiesta.
Aunque la esencia del fuego permanece, el propósito simbólico de la luminaria ha evolucionado con los tiempos. Depositando las ramas sobre la lumbre los asistentes piden deseos, invocando a San Antón.
No menos importante es decir que los asistentes cumplían con la costumbre de beber vino, no solo en bota, sino también en unos cuencos de plata que se utilizan para la ocasión, acompañando así al embutido y a la panceta cocinados a la brasa en el lugar.