El seguro agrario registra la segunda mayor siniestralidad de su historia en indemnizaciones. La fenomenología dispara los daños un 15 % respecto al año anterior en un ejercicio de inestabilidad climática constante.
El campo español cierra un ejercicio 2025 marcado por la virulencia meteorológica, dejando un balance en el seguro agrario que invita a la reflexión sobre la vulnerabilidad del sector a cielo abierto. La siniestralidad registrada se ha elevado hasta los 804 millones de euros, lo que supone un incremento del 15 % respecto al año anterior. Se trata, según los datos facilitados por Agroseguro, de la segunda cifra más alta en los 45 años de historia del sistema, únicamente superada por la sequía extrema de 2023. Un escenario complejo donde, paradójicamente, también se ha alcanzado el mayor nivel de contratación histórico, evidenciando la necesidad de protección de los productores ante la incertidumbre.
Si en años anteriores la falta de agua fue el enemigo principal, en esta ocasión el protagonismo ha recaído sobre los fenómenos tormentosos. El pedrisco, junto a lluvias torrenciales, inundaciones y vientos, ha sido responsable de daños valorados en 530 millones de euros. Más de un millón de hectáreas se han visto afectadas exclusivamente por estas inclemencias, un registro inédito que supera el anterior techo histórico de 2018. La inestabilidad ha sido la tónica dominante, castigando cultivos e instalaciones desde el inicio de la primavera hasta los últimos compases del año, sin apenas periodos de calma para los agricultores.
El calendario de adversidades comenzó temprano, con el paso de borrascas intensas como 'Jana' o 'Konrad' ya en el mes de marzo, que dejaron precipitaciones tres veces superiores a los valores normales. La situación no mejoró con la llegada de la primavera y el verano, estaciones que resultaron muy inestables con el paso de dos DANA y constantes episodios de granizo. Tal ha sido la frecuencia de los siniestros que, entre el 6 de febrero y el 6 de agosto, se registraron daños por tormenta todos los días en algún punto de la geografía nacional, con un mes de junio especialmente fatídico que concentró medio millón de hectáreas siniestradas en apenas treinta días.
Por sectores productivos, los frutales han sido los más castigados por esta actividad tormentosa, recibiendo indemnizaciones por valor de 164 millones de euros, una cifra que se dispara un 80 % en comparación con 2024. Le siguen en volumen de ayudas los productores de cultivos herbáceos, con 128 millones, y los cítricos, que han sumado 86 millones de euros. En cuanto a la ganadería, las indemnizaciones han crecido un 11 % hasta alcanzar los 173 millones de euros, destacando los abonos al vacuno y los costes derivados de la retirada y destrucción de animales muertos en la explotación.
El final del año tampoco ha dado tregua, encadenando periodos secos con nuevas borrascas como 'Alice' o 'Claudia', y un temporal atípico en la última semana de diciembre que trajo consigo lluvias torrenciales e incluso pedrisco invernal, un riesgo muy inusual en esas fechas. Ante este panorama de clima extremo y cambiante, Agroseguro ha gestionado más de 113.000 siniestros agrícolas y 103.000 pecuarios, confirmando que el seguro agrario se consolida como la herramienta fundamental para la supervivencia de las explotaciones agropecuarias frente a una realidad climática cada vez más desafiante.