San Esteban de Gormaz vive un día de cielo gris viendo pasar el Duero todavía muy crecido. Del espeluznante aumento del caudal durante la mañana de ayer, el río sigue fluyendo turbio, lamiendo por centímetros la orilla del casco urbano en su margen derecha, mientras que los tajamares del puente romano frenan los borbotones del agua, que se arremolina, metros más abajo. Restablecido el tráfico, no son pocos quienes hoy atraviesan este paso por donde discurre la N-110 para ver cómo son arrastrados por la corriente troncos arrancados y otro tipo de vegetación. Una corriente que no cesa y que sigue inquietando.