No vivimos en la Comunidad Autónoma con peores indicadores sociales, pero tampoco entre las más prósperas. El 19,8% de los castellano y leoneses está en riesgo de pobreza y la renta media se mantiene por debajo de la nacional, con una brecha que tiende a ampliarse.
La pobreza afecta en Castilla y León a casi 1 de cada cinco vecinos (el 19,8% de la población). Es una cifra ligeramente superior a la media nacional (19,5%) y sitúa a la comunidad en una posición intermedia dentro del conjunto del país, según la encuesta de Nivel y condiciones de vida actualizada por el INE este mes.
No vivimos en uno de los territorios con peores registros, pero las familias castellano y leonesas tampoco figuramos entre las más protegidas y, eso sí, las cifras confirman la tendencia alcista de la tasa de pobreza frente a la media nacional, que se reduce en la misma proporción en la que crece en Castilla y León.
Detrás de los fríos datos hay miles de personas cuyos ingresos se sitúan por debajo del umbral considerado mínimo para vivir con estabilidad. En Castilla y León la renta media es inferior a la del conjunto de España: el pasado año, el crecimiento de la renta por persona fue de 658 euros respecto al año anterior, frente a los 813 del promedio nacional, lo que amplía la distancia de este con otros territorios.
En el análisis de la renta por hogar la brecha es aún mayor, con casi 4.000 euros menos al año que la media estatal, situada en 38.994 euros. Castilla y León se encuentra así entre las seis autonomías con menor renta por hogar.
En Soria, la realidad revela dificultades crecientes para sostener el día a día. Gabriel Ángel Rodríguez Millán, administrador diocesano, lo expresa con claridad: "No podemos hablar de hambre, no la hay. Pero sí hay muchas familias con dificultades para llegar a fin de mes".
A su juicio, el problema más preocupante es el desgaste progresivo de la clase media, como vienen anunciando los expertos en economía, que advierten de que cuando en un país se concentra el potencial económico en una minoría y aumenta el número de personas que necesitan dos o más empleos para salir adelante, la cohesión social se debilita.
Su opinión la corrobora el director de Cáritas en Soria, Ricardo Martínez Puebla, quien observa la fragmentación de la sociedad en dos estratos. "Tenemos clase alta y baja porque la clase media se está diluyendo en la baja". Entre las razones para esta transformación social, cita el acceso a la vivienda imposible para inmigrantes, pero también para jóvenes y trabajadores con salarios bajos. Una estampa que se pudo ver el pasado año en los 'sin techo' que dormían en el aeropuerto de Barajas, pese a tener trabajo y sueldo. Lo llaman "pobreza laboral". La paradoja de tener empleo, pero no acceso a una vivienda también sucede en Soria, reconoce el director de Cáritas.
Cáritas atendió el pasado año a 2.200 personas a través de sus distintos programas: alojamiento, infancia, apoyo escolar, empleo, acogida y, cómo no, ayudas directas para bienes de primera necesidad, como alimentos y vestido.
"Nuestro mayor presupuesto es la alimentación", explica su director, "ayudamos a gente de todos los ámbitos, también de Soria, no solo extranjeros, a familias de Soria que han visto cronificada su situación, gente que trabaja y que no llega con su sueldecito para pagar la renta y la alimentación del mes de su familia".
La vulnerabilidad afecta por igual a la capital y al entorno rural. En Soria, Cáritas tiene a 11 empleados y más de 100 voluntarios. "Nunca son suficientes", reconoce el director.
La fotografía general confirma que no se trata solo de una percepción. Aunque Castilla y León presenta una menor incidencia de carencia material severa que la media española —es decir, menos hogares con privaciones muy graves—, el 8% de la población reconoce tener mucha dificultad para llegar a fin de mes. Es un porcentaje similar al del conjunto del país.
Los datos macroeconómicos pueden ofrecer señales positivas, pero, como señala el responsable diocesano, "no tienen su traducción en la cesta de la compra", por ejemplo, o en la renta de la casa o en el alquiler, etc. Eso es preocupante", asegura el administrador diocesano.
Las dificultades no se limitan a cubrir los gastos básicos. También afectan al ocio y al descanso. En Castilla y León, el 29,5% de la población no puede permitirse al menos una semana de vacaciones al año. Es casi tres puntos menos que la media nacional, pero sigue representando a casi tres de cada diez personas. El dato habla de una economía doméstica ajustada, donde cualquier gasto que no sea imprescindible queda fuera del presupuesto.
Algo similar ocurre con los imprevistos. El 30,3% de los castellanos y leoneses reconoce que no podría afrontar un gasto inesperado. Aunque la cifra es inferior a la media española, evidencia que una parte importante de los hogares carece de colchón económico.
En cuanto a retrasos en pagos relacionados con la vivienda o compras a plazos, el porcentaje es del 10,6%, también por debajo del promedio estatal, lo que sugiere que muchas familias priorizan el cumplimiento de sus obligaciones incluso a costa de renunciar a otros consumos.
El conjunto del trabajo realizado por el INE dibuja una Comunidad que no se encuentra entre las más golpeadas por la pobreza, pero donde la estabilidad económica de buena parte de la población es limitada, con señales de desgaste y una tendencia que empeora en la comparativa de 2024 a 2025, frente a una realidad nacional que mejora.
Mientras en España la tasa de pobreza se ha reducido en 2,8 puntos en los últimos años, en Castilla y León ha crecido 2,1 puntos, lo que consolida una brecha social cada vez mayor.