PROVINCIA
Actualizado 18/02/2026 16:46:00
Lucía Peña Gracia

La forma de ver el mundo que tenemos en la península es parecida, todos nos entendemos de una forma o de otra, pero, ¿qué pasa cuando cruzamos el océano y nos encontramos con personas que se supone que hablan nuestra misma lengua pero nos da la sensación de necesitar subtítulos, como en las películas?


Valderrama nos cuenta su experiencia

Las diferentes formas de hablar la lengua española a un lado y otro del océano es un problema al que lleva años dándole vueltas Manuel Ramiro Valderrama, profesor titular jubilado de la Facultad de Traducción e Interpretación de Soria (Universidad de Valladolid), en la que también ejerció como decano.

“Me gusta mucho la lengua, me gusta desde chico, es como mi vida”, nos cuenta mientras su cara se ilumina como si hablara de un viejo amor. Y es que se nota que el profesor no habla solo de normas gramaticales, sino de algo más profundo, habla de cultura, de identidad, de formas diferentes de ver el mundo.

En su conversación con Soria Noticias, nos cuenta una historia que vivió en su 'segunda patria' que nos podría haber pasado a cualquiera perfectamente al otro lado del gran charco: “Cuando yo estaba en Argentina cantaba una canción que me parecía preciosa, la canción de El Jangadero, el jangadero era el que conducía una pequeña balsa de troncos a través del río”, explica con emoción.

Con el tiempo entendió que aquella imagen poética escondía una verdad dolorosa: “me di cuenta de que estaban arrasando los bosques de madera y entonces ya no puedo cantarla sin tener la sensación de que es una traición” termina por confesar con tristeza.

La canción era la misma, las palabras también, lo que cambió fue su forma de percibirla.

Descubrimos que el lenguaje no vive solo en el diccionario, sino que respira dentro de una cultura y el contexto lo es todo. Por eso resulta tan complicado entendernos aunque hablemos ‘el mismo’ español.

Su teoría: ¿Qué pasa si hablamos de diferente manera la misma lengua?

La teoría de Manuel Ramiro es clara: no basta con traducir palabras, hay que traducir el sentido completo de la frase, sobre todo entre distintas variantes de una misma lengua: “yo busco que la traducción sea fiel al origen, que el receptor final perciba lo mismo que el receptor inicial”, explica.

Imagina que estás hablando tan tranquilo y sueltas: “no tengo pasta”. Frente a ti, tu amigo argentino frunce el ceño y piensa ¿qué tiene que ver la carbonara en todo esto?

Ahí está el caos del idioma, si lo traducimos por dinero parece que se pierde algo por el camino, ¿no? pierde la chispa, el guiño cultural. La solución es saber que allí lo natural es decir plata, igual que en México es decir lana. Estas son las palabras que debemos usar para que lo entienda. Hay que encontrar la palabra que suene 'de casa' para él.

La clave para el profesor es comprender, no solo entender: “Si eres fiel al significado, pero no al sentido de la frase, en realidad no eres fiel a lo más importante de la lengua”.

Esto nos obliga a cambiar el chip y mirar el lenguaje con otros ojos. Palabras que creemos idénticas pueden cambiar por completo su significado dependiendo de dónde nos encontremos. Por ejemplo, no es lo mismo decir la palabra coger en España que en Argentina, pues allí tiene connotación sexual y a lo mejor te ganas un rapapolvo si la usas en el contexto equivocado.

Todo esto nos lleva a preguntarnos… ¿Puede el sentido del humor ser una barrera cultural? Manuel Ramiro lo tiene claro: sí. Lo que para ti es algo inocente, en otra parte del mundo puede no tener ninguna gracia, ¡o incluso demasiada!

Sin embargo, siempre se puede hacer una buena traducción si se busca el equivalente exacto de una palabra, es lo que hicieron dos estudiantes con este ejemplo, el cual él mismo recoge en uno de sus artículos:

Es entonces cuando uno entiende que hablar una lengua no es solo dominar la gramática, es aprender la cultura del territorio, las bromas compartidas, una identidad diferente.

Quizá es por eso que no parece que Manuel Ramiro esté hablando solo de lingüística, sino de algo mucho más profundo, de todo lo que las palabras parecen esconder y que reservan solo para aquellos que se atreven a aprender de verdad.

Así que ya sabes. Si viajas y quieres comprender de verdad, no basta con llevar el idioma aprendido, hay que empaparse del lugar, escuchar, equivocarse, preguntar y reírse.

¿Quién sabe? Quizá descubras y te enamores de una forma nueva de ver el mundo.

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