Caco fue de los pocos que se atrevió a meterse con Hércules. Robó sus bueyes y los intentó esconder en su cueva, ubicada en un pequeño pueblo de la provincia de Soria. No le salió bien y acabó bajo una gran piedra.
En la provincia de Soria la historia y el mito se entrelazan en cada rincón formando un mapa de relatos ancestrales que han sobrevivido al paso del tiempo susurrados de generación en generación. Más allá de las conocidas brujas de Barahona, existe un universo de criaturas legendarias, deidades olvidadas y seres fantásticos que pueblan lagunas, sierras y pueblos.
Para muchos, este fascinante patrimonio inmaterial eleva a Soria como “una de las mecas de la España mágica”, algo que debería valorarse y preservarse. Álvaro Anula, responsable del pódcast ‘Enclaves de Leyenda’ anima a los sorianos a “asumir la responsabilidad de la transmisión” de las narraciones que forman la cultura popular de la provincia, pues asegura que “es uno de los puntos más importantes en cuanto a etnografía, folclore y tradiciones populares”.
Esta cultura resulta un pilar fundamental de la identidad local, pues las leyendas no solo han servido para entretener y enseñar a lo largo de los siglos, sino que han dado nombre a lugares, han explicado la orografía del terreno y han mantenido viva la llama de pueblos que, de otro modo, podrían haber caído en el olvido.
Un ejemplo de todo ello es la historia del gigante Caco, que sirve para explicar el nacimiento de una de las montañas más emblemáticas del país y que, aunque pocos lo recuerdan, tenía su morada en un pequeño pueblo de la provincia.
Según la mitología, Caco, hijo del dios Hefesto, era un gigante mitad hombre y mitad sátiro que vivía en una cueva en cuya puerta colgaba las cabezas de los hombres que devoraba. Su hogar, conocido como la Cueva de Caco, dio nombre al pueblo de Cueva de Ágreda y desde allí se dedicaba a su principal ocupación, que no era otra que robar el ganado del vecino (se comprueba también aquí la huella del lenguaje, pues de esta figura deriva el sinónimo de ladrón).
Un día cualquiera, Caco descubrió unos esplendorosos bueyes pastando cerca de su sima. Lucían lustrosos y bien alimentados, pues su dueño era el mismísimo Hércules. Caco no pudo resistirse y puso en práctica una estrategia prácticamente perfecta para no ser descubierto. Hizo entrar marcha atrás a los animales, de forma que se pensara que salían de la cueva y no que estaban ya dentro.
No contaba Caco con la reacción de los bueyes, a quienes no les gustó nada la idea de caminar marcha atrás. Sus bramidos pusieron en alerta a Hércules que castigó a Caco sepultándolo bajo el monte que hoy conocemos como Moncayo, la cumbre más alta del sistema Ibérico y que los romanos conocían como Mons Caius.
Muchos afirman que la derivación etimológica daría como resultado ‘Montecano’ o ‘Monte nevado’ debido a la nieve que cubría su cumbre gran parte del año. No obstante, también está bien descubrir historias como la del gigante Caco para soñar con una Soria mágica que, afortunadamente, podemos redescubrir para amarla y cuidarla.
Volviendo a Álvaro Anula, sostiene que debería ser “obligado” conservar un “legado” que “ha conformado nuestra forma de ser”. El investigador reivindica que “lo que se pierde, desaparece” y alerta de que, con él “se irán también tradiciones, leyendas, el sustrato y la raíz del pueblo”.
Cree que este patrimonio inmaterial encierra una oportunidad en forma de turismo mágico que podría suponer toda una revolución en la provincia. “Soria se llevaría la palma” porque “muchos lugares mágicos, con leyenda o con personajes legendarios quedan cerca y dan para conformar una ruta importante”. Para él, lo necesario es que “alguien se preocupe por los enclaves que están esperándonos” y “sepa ponerlos en valor”. Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial podrían convertirse en los aliados perfectos para dar forma a experiencias inmersivas que atrapen a los visitantes.