PROVINCIA
Actualizado 23/02/2026 13:58:13
Esther Guerrero

La competencia en el mercado vitivinícola se intensifica y las bodegas de Soria agrupadas en la Asociación Viñas Viejas de Soria afrontan el reto de mantener su diferenciación dentro de la Ribera del Duero en un contexto marcado por la llegada de grandes grupos buscando viñedos en altitud como estrategia frente al cambio climático.

La llegada de grandes bodegas a Soria con el objetivo de aprovechar la altitud y las condiciones climáticas de la DO Ribera del Duero en Soria para producir vinos menos expuestos a los efectos del cambio climático introduce un nuevo escenario competitivo para las pequeñas bodegas de la zona. El riesgo que plantea esta dinámica no es únicamente comercial. La instalación de grandes grupos vitivinícolas podría desplazar el centro de gravedad económico del territorio si la transformación del producto no se realiza en la provincia.

El atractivo de los viñedos situados entre 850 y 1.000 metros —las cotas más elevadas de la denominación— reside en su capacidad para generar uvas con perfiles diferenciados gracias a amplitudes térmicas marcadas y una maduración más lenta. Esa singularidad, que históricamente ha servido para distinguir a la Ribera soriana dentro de la denominación, puede convertirse también en un foco de interés para actores externos.

Pero la Asociación Viñas Viejas de Soria, que reúne a 20 bodegas, no teme la competencia. José Manuel Ligero ha subrayado hoy en la presentación del VIII Encuentro de Viñas Viejas que el elemento diferenciador no debe limitarse a cada bodega de forma aislada, sino a la identidad colectiva de la Ribera soriana dentro de la denominación.

"La estrategia actual apuesta por la elaboración en origen, por la atracción de inversiones y por la creación de empleo, entendiendo que la competitividad no se reduce a la diferenciación enológica sino al fortalecimiento del territorio", apunta el viticultor.

Según Ligero, la asociación busca potenciar una manera de elaborar vino arraigada en la provincia y evitar dinámicas históricas en las que la uva se vendía a terceros y el valor añadido salía fuera. "Uno de los requisitos para formar parte de nuestra asociación es, precisamente, tener una bodega que elabore en la provincia de Soria y establecimos esto precisamente porque antiguamente y no tan antiguamente hace pocos años lo que pasaba es que se compraba toda la uva y se iba fuera", explica.

El objetivo, insiste, es que la riqueza generada permanezca en el territorio sin oponerse a la llegada de grandes grupos siempre que elaboren en la zona.

El debate sobre la diferenciación cobra relevancia en un contexto competitivo marcado por el trasvase de viñedos desde áreas más bajas de la denominación. Ligero plantea que la singularidad de la Ribera soriana no depende solo del viñedo viejo —cuyos vinos poseen características propias—, sino de un proyecto territorial que destaque por la elaboración local y por la calidad vinculada al entorno. En esa estrategia, cada bodega puede aportar matices, pero la marca colectiva debe posicionar a la Ribera soriana frente al resto de la DO Ribera del Duero.

La realidad climática refuerza ese discurso diferenciador. Los viñedos situados entre 850 y 1.000 metros, las cotas más altas de la denominación, experimentan condiciones extremas: amplitudes térmicas acusadas, heladas tardías —a veces en junio— y una pluviometría que, aunque más abundante, se concentra en tormentas estivales capaces de condicionar la maduración de la uva. Este conjunto de factores imprime carácter al vino y explica por qué la Ribera soriana presenta perfiles distintos respecto a otras zonas de la denominación.

El territorio de Soria representa apenas el 4,95% de la superficie total de la denominación, con 1.292,9 hectáreas frente a las más de 26.000 de la Ribera. Esa minoría cuantitativa se compensa con un valor cualitativo asociado a la altitud, la climatología y la tradición vitivinícola. Las temperaturas medias —entre 11 y 12,5 ºC— y los veranos relativamente homogéneos constituyen un marco distinto al de otras subzonas, lo que permite argumentar una identidad propia dentro del mercado.

La estrategia de atraer inversiones no resulta en sí misma negativa, asegura Ligero, siempre que se garantice que la producción se mantiene en Soria y contribuye a dinamizar la economía.

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