Soria tendrá más votantes dentro de 15 años, pero no será la misma Soria. El censo crecerá y, sin embargo, el peso de los mayores será decisivo como nunca. Si los sorianos mantienen en el tiempo la intención de voto que hoy declara cada franja de edad, la demografía actuará como una fuerza silenciosa que puede inclinar el tablero político autonómico.
Hay elecciones que se ganan en campaña y otras que empiezan a decidirse muchos años antes, en la pirámide de población. En la provincia de Soria, con un censo de 76.573 electores para el próximo 15M, el Instituto Nacional de Estadística dibuja un horizonte un poquito más amable: en 2039 podría haber más votantes —81.722— pero serán más mayores. ¿Cómo influirá el envejecimiento sobre el voto?
Para comenzar el análisis, tomamos la fotografía del voto por edades que ofrece el barómetro del CIS para las autonómicas del 15 de marzo en Castilla y León.
De cumplirse las expectativas de dicho sondeo, entre los 18 y 24 años, y también entre 25 y 34, el mapa está fragmentado. VOX aparece como primera fuerza en esos tramos, con porcentajes que rondan una cuarta parte del voto en cada tramo de esas edades, mientras el PP y el PSOE compiten en cifras más ajustadas. En esa cohorte, el electorado se mueve con mayor volatilidad y menor fidelidad a los grandes partidos tradicionales.
Pero a medida que se avanza en edad, el panorama se estrecha. Y no a favor de los conservadores, como reza esa regla no escrita que dice que somos menos liberales a medida que envejecemos.
Entre los 55 y los 74 años, el PSOE toma la delantera con claridad en Soria, especialmente en la franja de 65 a 74, donde supera el 34%. Y en el tramo de 75 y más años el PP se dispara por encima del 43%, muy por delante de sus competidores. VOX, en cambio, pierde fuelle conforme aumentan los años mientras que Soria ¡Ya! mantiene una presencia testimonial y bastante homogénea en todos los grupos.
Hasta aquí la foto fija.
La segunda lectura obliga a apartar la vista de las urnas y fijarla en la pirámide demográfica. Porque el dato decisivo no es solo cómo vota cada edad, sino cuántos votantes habrá en cada tramo dentro de 15 años. ¿Tendrían los partidos que revisar sus programas electorales según 'la edad' de cada provincia?
Aquí la tendencia es amargamente conocida en Soria: el censo crecerá ligeramente, sí, pero lo hará empujado sobre todo por el aumento de los mayores de 65 años, que ganarán peso hasta convertirse en el bloque claramente dominante del electorado soriano, según las proyecciones de población por edades que realiza el Instituto Nacional de Estadística.
En 2026, los mayores de 65 años representan en Soria una cuarta parte del censo. En 2039, si se cumplen las proyecciones del INE, serán más de un tercio. Pasarán de 19.227 a 29.333 personas.
El bloque de 18 a 35 años también crecerá en términos absolutos, pero seguirá siendo claramente minoritario frente al empuje del electorado sénior.
En otras palabras: Soria tendrá más votantes, pero el crecimiento estará impulsado sobre todo por quienes ya han superado la edad de jubilación, lo que también obligará a los partidos que concurran a elecciones a prestar una sobresaliente atención a los mayores si quieren captar votos decisivos.
El grupo intermedio —de 36 a 64 años— perderá peso relativo. ¿La consecuencia? El resultado de las futuras elecciones dependerá todavía más de lo que decidan los mayores, que son, además, quienes hoy muestran una mayor fidelidad a PP y PSOE.
La segunda lectura es la más delicada y, al mismo tiempo, la más sugerente para el debate público: ¿Qué ocurriría si cada franja mantuviera en el tiempo el comportamiento electoral que declara hoy? Es un ejercicio teórico, sí, pero permite intuir tendencias.
Si los jóvenes de hoy votaran dentro de quince años como votan ahora, el envejecimiento favorecería a PP y PSOE. Ambos concentran el grueso del voto en las cohortes que más crecerán y los más mayores son los más adeptos al bipartidismo, según las encuestas.
VOX, cuyo mejor rendimiento se encuentra entre 18 y 34 años, vería reducido su peso relativo no necesariamente por perder apoyos, sino porque el segmento donde es más competitivo seguirá siendo demográficamente menor que el bloque sénior ampliado.
El resultado sería un sistema más condicionado por el voto de mayor edad y, previsiblemente, más polarizado entre las dos grandes formaciones.
Ahora bien, ninguna proyección es un destino cerrado, sólo son eso, imágenes que recreamos con los datos disponibles los periodistas para mitigar tanto mensaje partidista en campaña electoral.
La incógnita clave de la demografía electoral no es solo cuántos jóvenes habrá, sino cómo evolucionarán sus preferencias cuando envejezcan.
Si las generaciones actuales mantienen su patrón a lo largo del ciclo vital, el mapa podría ser distinto al que hoy dibujan los mayores. Si, por el contrario, las cohortes tienden a aproximarse al comportamiento predominante en las edades avanzadas, el refuerzo del eje PP-PSOE sería aún más acusado.
Para un territorio como Soria, con un censo reducido y muy sensible a pequeños cambios porcentuales, estos desplazamientos pueden ser determinantes para inclinar el voto a uno u otro lado del arco político.
La campaña electoral seguirá librándose en ruedas de prensa, mítines, debates y programas, pero el tablero sobre el que se juega estará cada vez más definido por la estructura de edad. En 2039 habrá más papeletas en las urnas. La pregunta es quién sabrá leer mejor el mensaje que envía la pirámide poblacional antes de que hablen los votantes.