El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, protagonizó un mitin en el Centro Cultural San Agustín de El Burgo de Osma dentro de su gira de campaña por la provincia.
Veinte segundos de aplausos y público en pie. Así recibía el auditorio del centro cultural de San Agustín de El Burgo de Osma al presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, este martes.
"Tenemos la mayor crisis de vivienda de los últimos 40 años" (críticas al PSOE), "nada está ganado, nada está hecho, todo está por suceder" (animando al voto), "no somos Vox, pero la inmigración tiene que estar regulada", "sabemos lo que hay que sembrar porque sabemos gobernar", "a España se viene a trabajar, no a vivir de las ayudas de los demás" (sobre la inmigración) o "con eslóganes no se llena el depósito de gasolina" (en alusión al "No a la guerra"), entre otras, fueron parte del lapidario utilizado por Feijóo.
Pero antes, habían pasado por el micrófono el alcalde de la villa episcopal, Antonio Pardo, el presidente provincial del partido, Benito Serrano, y la candidata a las Cortes por el PP, Rocío Lucas. Tres intervenciones con las que hicieron las veces de teloneros y que dibujaron el marco habitual de la campaña electoral que está desarrollando el PP: gestión, orgullo territorial y advertencias sobre lo que vendría si gobiernan otros.
Pardo abrió el acto con el tono cercano de quien juega en casa. Recordó que Feijóo había pasado la noche en la localidad y habló de la visita casi como si fuera un acontecimiento familiar. "Necesitamos que vuelva la sensatez y el sentido común a España", dijo ya en clave política, mirando de reojo a la primera fila donde estaba sentado el líder nacional. También evocó aquel "vuelco" político de 1996 con José María Aznar, un guiño a los votantes veteranos que llenaban buena parte del auditorio.
El presidente del PP de Soria, Benito Serrano, alargó su intervención más de un cuarto de hora. Su discurso giró en torno a una idea clásica en la política soriana: el agravio Territorial. Recordó que la provincia tiene "más superficie que Madrid y las tres provincias vascas juntas", pero con una población mucho menor, lo que complica sostener servicios públicos.
De ahí, el también presidente de la Diputación de Soria, saltó a la reclamación de las ayudas Funcionamiento, que —según denunció— el Gobierno central no aplica con toda su intensidad. "No pedimos privilegios, pedimos igualdad de oportunidades", repitió, en una frase que provocó los primeros aplausos del acto.
Rocío Lucas cerró la parte local con un discurso discreto. En una intervención similar a la de Serrano, Lucas reivindicó los buenos datos de educación en Castilla y León y repasó las inversiones realizadas por la Junta en materia de Sanidad o infraestructuras.
Feijóo cambió el tono al subir al atril. En lugar de arrancar con política, empezó con una escena casi literaria: su paseo nocturno por el casco histórico de El Burgo. "Parecía una maqueta sacada de una película, pero no, eran siglos de historia", dijo. Incluso añadió que había "conversado con una lechuza", que —bromeó— le aseguró que el alcalde volverá a ganar dentro de un año. La ocurrencia arrancó sonrisas en un auditorio que, hasta entonces, escuchaba con silenciosa disciplina.
A partir de ahí, el líder popular construyó un discurso que mezclaba cercanía personal y crítica nacional. Recordó que él también procede de una provincia pequeña, Ourense, para reforzar la idea de que entiende la realidad de territorios como Soria. Pero el grueso de su intervención estuvo dedicadao a cuestionar la acción del Gobierno central y, en general, la forma de hacer política de sus adversarios. Al fin y al cabo, era un mitin.
El líder del Partido Popular dibujó un país encadenado a varias crisis —territorial, social, institucional— y responsabilizó de esa situación al Ejecutivo. Según dijo, España atraviesa "la mayor crisis de vivienda en cuarenta años" (y le imputó al PSOE el estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008), con autónomos "asfixiados por cuotas e impuestos" y familias que han perdido poder adquisitivo.
A su juicio, el problema no es solo económico, sino también político: reprochó al Gobierno no haber sido capaz de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado en tres años y gobernar más pendiente de la comunicación que de la gestión. "Ese señor no preside el Gobierno, tiene una agencia de publicidad en la Moncloa", ironizó, aludiendo a los 700 asesores del presidente del Gobierno, en uno de los ataques más directos de la tarde.
Feijóo también lanzó dardos al resto del tablero político. Cuestionó que tanto el PSOE como Vox hayan recurrido a candidatos nuevos en esta campaña, insinuando que ni sus propios partidos confían ya en quienes los representaban antes. "Los de antes no les valían ni a ellos", afirmó.
Sin citarlo de forma explícita, criticó además la salida de Vox del gobierno autonómico y la actitud de quienes, según dijo, prefieren bloquear antes que permitir que gobierne quien gana. Frente a ese escenario, trató de proyectar al PP como la única opción de estabilidad y de gestión, en un contraste constante entre lo que llamó "la política de los eslóganes" y la política de resultados que reivindica su partido.
Ahí aparecieron algunas de sus propuestas más repetidas en campaña. Prometió construir "un millón de viviendas en cuatro años", facilitar la contratación de autónomos o aumentar el número de médicos formados. También defendió controlar la inmigración con una fórmula que buscaba marcar distancias con Vox sin alejarse demasiado de su electorado: "No somos Vox, pero tiene que estar regulada. A España se viene a trabajar".
El discurso tuvo momentos de improvisación que revelan el estilo de Feijóo. Corrigió a Serrano cuando este habló de las 13 Champions del Real Madrid. "Son quince", dijo, asegurando que acababa de recibir un mensaje "desde el Bernabéu". Fue un guiño a las cámaras y al público que siguiera el acto por streaming. También hubo lapsus: atribuyó erróneamente el origen burgense a dos políticos veteranos, Lucas y Posada, este último no es nativo de la villa episcopal, lo que provocó murmullos en el auditorio.
El mitin de El Burgo de Osma dejó la sensación de una campaña muy reconocible: reivindicación de la gestión autonómica, críticas al Gobierno central y advertencias sobre los riesgos de dividir el voto en la derecha. Un guion que el PP repite con eficacia.
Feijóo lo resumió en la frase final: "Nada está ganado, nada está hecho, todo está por suceder". Una llamada a la movilización que, en el fondo, revela la preocupación que siempre acompaña a cualquier campaña: que los aplausos del mitin no siempre se traducen después en votos.