Las hermandades sorianas del Ecce Homo y de La Entrada de Jesús en Jerusalén volvían a celebrar, con decenas de mienbros de otras cofradías y debotos en general, su procesión del Viernes de Dolores. Una manifestación de fe donde el recogimiento y el silencio han protagonizado un recorrido entre la ermita de El Mirón y la concatedral, a través de un camino que solo ha contado con las velas que portaban los cofrades, ataviados con indumentaria monacal. Un inicio en el que se pronunciaba con los primeros versos de la oración de Completas, un rezo que, a última hora de cada jornada, une a toda la Iglesia. El recorrido, lejos del centro de la ciudad, ha sido oficiado con un sigiloso andar el cual se ha visto acompañado puntualmente por la pronunciación del Miserere, cantado por uno de los presentes, y por el sonido de una campanilla. Finalmente, en el templo concatedralicio ha concluido la oración postrera de la jornada.