Las enfermedades respiratorias se sitúan como la principal causa de hospitalización en Soria, seguidas de cerca por las patologías cardiovasculares. El envejecimiento de la población condiciona la demanda asistencial, que es superior a la que registra el resto del país, según los últimos datos consolidados publicados por el INE la semana pasada.
Los sorianos hacemos un uso intensivo del sistema sanitario. Frente a las 10.189 altas hospitalarias de media por cada 100.000 habitantes, en Soria se dieron 12.077. El volumen se explica en gran medida por la elevada incidencia de enfermedades no transmisibles, especialmente las relacionadas con el aparato respiratorio, circulatorio y digestivo.
Los datos proceden de la Encuesta de Morbilidad Hospitalaria del INE, una operación estadística que analiza las altas hospitalarias con ingreso. Se considera alta el momento en que un paciente deja de ocupar una cama —por curación, mejoría, traslado, fallecimiento o decisión voluntaria— tras haber pasado al menos una noche hospitalizado.
El estudio, publicado la semana pasada con datos, eso sí, de 2024, se centra en el diagnóstico principal que motiva el ingreso, determinado por el criterio clínico, y permite conocer tanto el perfil sanitario de los pacientes como el uso de los recursos hospitalarios.
En 2024 (último dato publicado), la estancia media hospitalaria en Soria se situó en 6,85 días, con una clara progresión asociada a la edad. Los valores más bajos se registraron en la infancia —2,20 días entre 1 y 4 años y 2,25 entre 5 y 14—, mientras que a partir de los 45 años se inicia un incremento sostenido: 5,11 días entre 45 y 54 años y 6,47 días entre 55 y 64.
El dato se intensifica en los grupos de mayor edad, alcanzando 7,69 días entre 75 y 84 años y superando los 9 días en los tramos más avanzados. Este patrón refleja una mayor complejidad clínica y necesidad asistencial en los pacientes de edad más avanzada.
El sistema respiratorio encabeza la morbilidad hospitalaria con 1.779 casos, consolidándose como el principal motivo de ingreso.
Dentro de este grupo, la neumonía destaca como la causa individual más frecuente, con 482 casos, seguida de la bronquitis y bronquiolitis agudas (306), la EPOC y las bronquiectasias (247), y las infecciones respiratorias altas, incluida la gripe (162).
El patrón parece responder a una combinación de factores bien definidos: el envejecimiento de la población, la estacionalidad de las infecciones y la mayor vulnerabilidad de los pacientes ante procesos respiratorios, que siguen teniendo un impacto notable en la actividad hospitalaria.
Las enfermedades cardiovasculares constituyen el segundo gran bloque asistencial, con 1.634 ingresos. Se trata de patologías de fuerte carga estructural, también estrechamente ligadas a la edad y a la acumulación de factores de riesgo. Entre ellas sobresalen las enfermedades cerebrovasculares (318), los trastornos del ritmo cardíaco (271), la hipertensión (224) y el infarto agudo de miocardio (170), configurando un perfil clínico que exige una atención continuada y compleja.
El aparato digestivo mantiene también un peso significativo, con 1.590 casos. Las principales causas de ingreso son la hernia inguinal (215), la colelitiasis (205) y la obstrucción intestinal (136).
En paralelo, las neoplasias suman 1.199 casos, lo que evidencia la relevancia del cáncer en la actividad hospitalaria. La diversidad de localizaciones —vejiga (120), mama (109), colon, recto y ano (107), próstata (91) y pulmón (83)— confirma su carácter transversal dentro del sistema sanitario.
Las lesiones y traumatismos alcanzan 1.088 casos, mientras que las enfermedades del sistema osteomuscular se elevan a 881 y las complicaciones del embarazo o partos ascienden a 616.
Las enfermedades infecciosas presentan un menor peso relativo, con 584 casos, aunque incluyen cuadros de gran gravedad. La septicemia, con 269 casos, sobresale por su impacto hospitalario, junto a la COVID-19 (150) y las enfermedades intestinales (99 en conjunto). Estos datos subrayan la importancia de las infecciones sistémicas en pacientes vulnerables o en entornos clínicos complejos.
Finalmente, la salud mental y las enfermedades del sistema nervioso mantienen una presencia sostenida, aunque más moderada. Los trastornos mentales suman 387 casos, con predominio de otros trastornos (190), esquizofrenia y trastornos delirantes (92) y trastornos afectivos (53). Las patologías neurológicas alcanzan 297 casos, destacando la epilepsia y las isquemias transitorias.
Menos frecuentes son las hospitalizaciones por envenenamientos por drogas o medicamentos (31) y las quemaduras (11).
El conjunto de los datos dibuja un perfil sanitario claramente condicionado por la elevada edad media de la población provincial. La prevalencia de enfermedades crónicas, degenerativas y procesos agudos asociados a la edad avanzada no solo define la estructura de la morbilidad hospitalaria, sino que también anticipa una presión sostenida sobre el sistema sanitario y la necesidad de adaptar los recursos a una demanda cada vez más compleja.