ESPAñA
Actualizado 09/04/2026 16:46:45

Luis Jacinto explica los fenómenos meteorológicos que se pudieron producir en esa fecha tan importante para el cristianismo.

Quiero aclarar y matizar algunas dudas que han surgido a raíz del artículo sobre el día de la crucifixión de Jesús, sobre todo en lo referente a la oscuridad de la crucifixión. La gran duda es: ¿cómo se originó la oscuridad que se produjo el día de la crucifixión? Para Luis Jacinto, autor de este artículo, hubo tres fenómenos naturales que le dieron un aura especial a la crucifixión: un eclipse parcial de luna, un terremoto de gran magnitud y una tormenta descomunal de arena.

Muchos piensan que, como consecuencia del eclipse parcial de luna, el sol desapareció y se hizo de noche. Pero un eclipse parcial de luna no explica una oscuridad diurna. Así que no, no fue por un eclipse parcial de luna, sino por una violenta tormenta de arena, que hizo que el sol se ocultase y se hiciera de noche.

Los investigadores dicen que pudo tratarse de una tormenta de arena común en la región, en la que el sol desaparece tras nubes de polvo gris que bloquean la luz y pueden oscurecer el cielo por completo. Otros lo describieron como una oscuridad que se originó por un fenómeno relacionado con los terremotos.

Además, la luna al anochecer salió de un color rojo sangre, como decía Poncio Pilato en el informe que mandó al emperador Tiberio. Esto ocurre únicamente con la luna llena, fase en la que tienen lugar los eclipses de luna. Se hicieron estudios sobre los eclipses habidos entre los años 26 y 36. Estos fenómenos naturales que acompañaron la lenta agonía de Jesús de Nazareth infundieron un gran temor en la gente, sobre todo el hecho de que la tierra se oscureciera.

Sin embargo, no es el eclipse de luna el que oscurece la tierra, sino el eclipse de sol, como el que tendremos el día 12 de agosto. En un eclipse de sol, la luna se interpone entre la Tierra y el sol, haciendo que la tierra se oscurezca. En cambio, en un eclipse de luna, la Tierra se sitúa entre el sol y la luna, haciendo que sea la luna la que se oscurezca. Es decir, con el eclipse de luna se hace ‘de noche’ en la luna, y con el de sol, en la Tierra.

Los evangelios cuentan que, durante la crucifixión de Jesús de Nazareth, hubo tinieblas desde la hora sexta (las 12 horas) hasta la hora nona (las tres de la tarde). Hablan, por tanto, de una oscuridad sobrenatural, que algunos interpretan como una oscuridad divina. La crucifixión fue el viernes anterior a la Pascua judía, conocido como el día de preparación, ya que la Pascua se celebraba en sábado, día en el que estaba prohibido realizar trabajos.

Los geólogos realizaron un estudio exhaustivo de las capas de sedimentos en las orillas del mar Muerto, cerca de Jerusalén. El análisis de los sedimentos permite fechar terremotos de hace miles de años, y han encontrado evidencias de dos grandes terremotos entre los años 26 y 36, coincidiendo con el periodo en que Poncio Pilato fue procurador de Judea.

En conclusión, la gran oscuridad que se originó el día de la crucifixión de Jesús de Nazareth pudo deberse a una gran tormenta de viento con arena y polvo, junto con un terremoto de gran magnitud. Tras un terremoto así, es muy común la aparición de grandes nubes de tierra, polvo y partículas en suspensión que pueden durar minutos o incluso horas.

El acontecimiento debió de ser tan impresionante, extraordinario y sobrenatural que Poncio Pilato y su esposa Prócula se convirtieron al cristianismo. Durante el juicio, ella incluso le envió un mensaje advirtiéndole: “No te metas con ese hombre justo, porque anoche tuve un sueño terrible por su causa”, en lo que se considera uno de los pocos intentos de defensa de Jesús. Sin embargo, Pilato no le hizo caso.

Tras el informe que, según algunas versiones, envió al emperador Tiberio, existen distintas teorías sobre el destino de Pilato: algunos sostienen que fue desterrado y que se suicidó al tomar conciencia de la injusticia cometida; otros afirman que fue ejecutado. No obstante, estos hechos no están confirmados.

Durante la Semana Santa, que se celebra todos los años entre el 22 de marzo y el 25 de abril, se producen en muchas ocasiones fenómenos naturales similares a los que tuvieron lugar el día de la crucifixión de Jesús, como eclipses, terremotos o una gran inestabilidad climatológica.

Por ejemplo, este mismo año: durante la Semana Santa tuvimos una tormenta de viento del norte, con mucho frío; el Domingo de Pascua hizo calor; y el próximo fin de semana regresará de nuevo el invierno, con lluvias e incluso nieve, sobre todo en zonas de montaña, aunque con pocos acumulados. Después, el jueves, volverá la primavera. Así es el tiempo típico de la Semana Santa.

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