CAPITAL
Actualizado 12/04/2026 14:40:25
Carla Matute

Este encuentro reafirma un sentimiento de identidad compartido donde, a pesar de la distancia, los socios logran sentirse como en casa a través de sus sabores de siempre.

En este rincón de Soria, el aroma a anís, limón y aceite caliente consigue acortar los más de quinientos kilómetros que separan a este grupo de su tierra natal. No es solo el olor de los rosquillos y las floretas recién hechas, es el sentimiento de una comunidad que, tras una década de vida, ha logrado que Extremadura no sea solo un recuerdo, sino un hogar compartido. "Al entrar y ver estos colores, nos sentimos en casa", confiesa Maika, una de las impulsoras de esta asociación, que ya cuenta con 45 socios.

Su esencia reside en una unión de encuentros fortuitos en Los Pajaritos y nostalgias compartidas entre paisanos que se fueron reconociendo unos a otros en la distancia. El origen de todo se remonta a un 8 de septiembre, coincidiendo con el día de su comunidad, cuando el director de la Banda Municipal de Soria tuvo el gesto de proponerles tocar el himno de Extremadura.

Aquella iniciativa prendió una mecha emocional: “Enseguida nos juntamos para elaborar 200 rosquillos y floretas, y fue en ese momento cuando decidimos que no podíamos estar separados”, recuerda Maika. A raíz de aquel encuentro se gestó el nacimiento oficial de la asociación porque como ellos mismos explican, "la sangre se lleva por dentro". Un sentimiento de pertenencia que no se desvanece con los años y que hoy se manifiesta con fuerza en cada receta y plato tradicional que preparan en su sede soriana.

El alma culinaria de estas jornadas tiene nombre propio: María, natural de Llera (Badajoz). Para ella, cocinar no es seguir una receta de libro, sino recuperar un legado familiar. "Los ingredientes que yo echo siempre van medidos con la cáscara del huevo", explica. Aunque ella no es “mucho de dulce”, su verdadera recompensa es ver disfrutar a sus paisanos.

En sus manos sostiene un tesoro: un molde para floretas que perteneció a su abuela y que ella cuida con devoción, aunque a veces el "tira y afloja" sobre si las migas deben llevar pimentón o si los dulces son mejores en Cáceres o Badajoz sea parte de la diversión del grupo. Aunque discutan entre risas por las variantes de cada pueblo, el objetivo es el mismo: "Es la ilusión que se pone y las ganas de estar juntos".

Otra figura fundamental y curiosa dentro de este engranaje es el marido de Maika, quien, a pesar de ser soriano de nacimiento, es definido como “el miembro más implicado de la asociación”. Su historia comenzó hace 37 años, cuando él se encontraba en Mérida realizando el servicio militar. Allí se conocieron y, tras un año de noviazgo, Maika se trasladó a Soria “por amor”.

Actualmente, él vuelca su dedicación de forma artesanal: ha fabricado el cartel de la sede, una guitarra y una gran bellota decorativa que utilizan tambien en sus camisetas, además de encargarse de ambientar los encuentros con música de Extremadura. Aunque como apuntaba su mujer, "la sangre se lleva por dentro", él vive las fiestas y tradiciones extremeñas con la misma felicidad y entrega que los propios paisanos.

Porque, al final del día, “no se trata solo de cocinar dulces”, sino de esa emoción compartida que surge al reencontrarse y compartir sus propias historias, además de ver el aceite saltar y la bandera de Extremadura al final del local, recordándoles que, aunque estén en Soria, su tierra siempre camina con ellos.

Etiquetas

Leer comentarios
  1. >SoriaNoticias
  2. >Capital
  3. >Diez años sintiéndose "en casa": La ilusión de 45 socios que han hecho de Soria su propia Extremadura