Carlos Martínez agradece a su familia “estar siempre, aunque yo llegase siempre tarde”, señala que la Soria actual no es su obra sino la de una ciudadanía “plural, abierta y diversa” y destaca el papel de sus compañeros concejales y de los trabajadores municipales. Asegura que ha merecido la pena. “Me quedo como un soriano más, siendo parte de una ciudad que me lo ha dado todo”, señala.
Con un largo recorrido, que ha comenzado por la oposición, de besos y abrazos a todas y cada una de las decenas de personas que, como público, abarrotaban el salón de plenos del Ayuntamiento de Soria. Así ha concluido Carlos Martínez Mínguez su último pleno como alcalde. “Lo diré una última vez, se levanta la sesión”, concluía dando paso a un prolongado aplauso.
Aplauso que, una vez concluido, volvía cuando el ya antiguo alcalde de Soria llegaba a la silla entre el público del que será sucesor, Javier Antón. Abrazos, besos y confesiones al oído en la que será una de las imágenes del día. El senador era una de las numerosas caras conocidas hoy en el salón de pleno. Además de su familia y los amigos más cercanos, han querido acompañar hoy al alcalde sus compañeros en la ejecutiva del PSOE de Castilla y León, la directora general de Protección Civil y Emergencias Virginia Barcones o la que fuera decana de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid y una de sus mentores, Mercedes Molina.
En su emotivo discurso, Carlos Martínez ha reconocido que el de hoy era uno de esos días “en que cuesta hablar” porque las “las palabras hay momentos que no llegan para expresar lo que uno siente”. Tal el así que en ese momento la referencia ha sido a algunos de los momentos más duros de su vida, como los fallecimientos de su padre, de ‘El Chicote’ o de Jesús Bárez.
El líder socialista ha mostrado una “infinita gratitud y orgullo” cuando se despide de algo más que una responsabilidad. Lo hace “de una forma de vivir”. En esa despedida, Martínez ha hablado en varias ocasiones de las veces en que “no hemos llegado” o “no hemos podido darle al vecino la solución que necesitaba” y ha señalado esos momentos como los más duros del cargo.
“Estoy seguro de que no siempre lo hemos conseguido, pero si de que nunca lo hemos dejado de intentar”, señala destacando que la política no es “gestión sino una forma de adquirir un compromiso” y que la política local “no es la hermana pequeña”. Se ha desmarcado de ser el arquitecto de la Soria actual, señalando que es el resultado de la acción de una ciudadanía “plural, abierta y diversa”.
Sus últimos párrafos han sido para dar las gracias a los trabajadores municipales por su “profesionalidad y esfuerzo” y a sus compañeros de corporación. Y, de un modo muy especial, a su familia quienes “han pagado el precio” y a quienes ha agradecido “estar siempre, aunque yo llegase siempre tarde”.
Se va “sintiendo que ha merecido la pena”, aunque siempre autocrítico reconoce que “me llevo la sensación de que siempre hay un vecino por el que podríamos haber hecho más”. Se va dolido, como lo está “cualquiera que se desprende de lo que más quiere”. Y se va negando que se vaya. “Me quedo como un soriano más”, asegura. Se queda “siendo parte de una ciudad que me lo ha dado todo”.
Tras el discurso las lágrimas eran mayores en sus compañeros y familiares. “Vamos, que no se ha muerto”, trataba de animarse a si misma una de los pesos pesados del equipo de gobierno socialista. Un “día raro” donde Martínez ha hecho un esfuerzo por “contentar la emotividad” tras momentos de “dolor y desgarro” en privado escribiendo este discurso. Se marcha seguro de que “ha merecido la pena” porque “trabajar por Soria siempre merece la pena”.