El empleo tecnológico se ha consolidado como uno de los motores más dinámicos de la economía española, con un crecimiento muy superior al del conjunto del mercado laboral. Sin embargo, su distribución territorial revela profundas desigualdades. Mientras los grandes polos urbanos concentran la mayor parte de estos puestos, provincias como Soria quedan rezagadas. Analizar esta brecha permite entender no solo el presente del mercado laboral, sino también el futuro del desarrollo económico y social.
Soria aparece en el mapa del empleo tecnológico en una posición claramente periférica. No es solo una cuestión de volumen, sino de tendencia: en 2025 la ciudad ha perdido 22 afiliados en actividades tecnológicas, situándose entre los pocos munipicios de España donde este empleo retrocede en términos absolutos. En la provincia, el peso de este tipo de empleo es del 6,6%, por debajo de la media nacional, del 6,9%.
El empleo tecnológico es, en estos momentos, uno de los principales motores de transformación económica. Su crecimiento sostenido y su capacidad para generar valor lo sitúan en el centro de las estrategias de desarrollo.
La capacidad de atraer y retener estos empleos determinará qué territorios ganan peso económico en los próximos años y cuáles quedan al margen. En ese escenario, Soria se enfrenta a un reto estructural: incorporarse a la economía tecnológica o asumir el riesgo de profundizar su brecha, ya acusada, con el resto del país.
Los malos datos de la provincia, recogidos en el 'Mapa del Empleo Tecnológico' de la Fundación Cotec para la innovación, resultan especialmente significativos porque se produce en un contexto de crecimiento generalizado. El empleo tecnológico en España no deja de expandirse: ha aumentado un 45,8% en la última década. En el último año, este tipo de empleo creció un 3,1%, por encima del conjunto del mercado laboral.
Así pues, el empleo tecnológico se ha convertido en uno de los principales motores de la economía. Es más estable, crece más rápido y se concentra en actividades de alto valor añadido como la programación, la consultoría o la investigación.
Sin embargo, su desarrollo en el territorio sigue un patrón muy definido: concentración en grandes ciudades y en determinadas regiones.
Este patrón deja fuera a provincias como Soria, donde la baja densidad empresarial y demográfica dificulta la implantación de actividades tecnológicas. El resultado es una doble desventaja: menor presencia inicial y menor capacidad de crecimiento.
El comportamiento de Soria no es aislado dentro de Castilla y León. La Comunidad en su conjunto forma parte del grupo de territorios que crecen por debajo de la media nacional en este tipo de empleo.
Su aportación al crecimiento nacional es limitada —en torno al 2,6% del total de nuevos empleos tecnológicos en la última década (el 0,7% en Soria)— y no logra acercarse a los grandes polos del país, como Madrid o Cataluña, que concentran más de la mitad del empleo generado .
Aunque algunas provincias castellano y leonesas han mejorado su posición, el avance no ha sido suficiente para cambiar el papel de la Comunidad en el mapa nacional.
Pero el problema no es solo que Soria esté por debajo de la media, sino que la distancia tiende a ampliarse.
El empleo tecnológico en España se concentra cada vez más: las grandes ciudades reúnen casi la mitad de estos trabajadores y siguen ganando peso. A nivel autonómico, solo cinco comunidades superan la media nacional ((Madrid, Navarra, País Vasco, Cataluña y Aragón), mientras el resto queda rezagado.
El peso del empleo tecnológico está directamente relacionado con el nivel de renta y el desarrollo económico. Allí donde crece este sector, aumentan la productividad, los salarios y la capacidad de atraer inversión.
Por eso, la situación de Soria no se limita solo a un indicador laboral. Tiene implicaciones estructurales: menor diversificación económica, más dificultades para fijar población y menor capacidad de atraer talento.
En un contexto de despoblación, la ausencia de empleo tecnológico limita las opciones de revertir esa tendencia.
Los datos recogidos en el informe también apuntan a un elemento relevante: los fondos europeos destinados a I+D+i tienen una relación directa con el crecimiento del empleo tecnológico .
Donde mayor ha sido la inversión en investigación e innovación, mayor ha sido el aumento del peso del empleo tecnológico. No ocurre lo mismo con los fondos destinados exclusivamente a digitalización, que no generan el mismo impacto en términos de empleo.
Esto sugiere que el tipo de inversión es determinante. No basta con digitalizar; es necesario generar actividad tecnológica intensiva.
El mapa del empleo tecnológico dibuja una España a dos velocidades. En una, los grandes polos urbanos concentran el crecimiento y refuerzan su liderazgo. En otra, territorios como Soria quedan al margen de ese proceso. Y la evolución reciente confirma que la brecha no se corrige por sí sola.
En un momento en el que la tecnología redefine el mercado laboral, la posición de Soria refleja un desafío de fondo: cómo incorporarse a ese cambio para no quedar definitivamente fuera de los sectores que marcarán el desarrollo económico en los próximos años. La cuestión de fondo no es únicamente laboral. Es territorial.