OPINIóN
Actualizado 28/04/2026 12:54:11
Sergio García

La carta de Sergio García Cestero, director de Soria Noticias.

La rueda, la agricultura y la ganadería, la escritura, el dinero, la imprenta, la máquina de vapor y el motor de combustión. Todos esos inventos y descubrimientos cambiaron el mundo durante siglos. Cambiar el mundo va mucho más allá de cambiar la forma de producción o modificar el sistema productivo y económico. Cambiar el mundo supone cambiar también la forma en que las personas se relacionan entre ellas y la forma en que cada ser humano entiende su propia existencia. Y el mundo también lo cambió internet en la última década del siglo pasado y lo está cambiando, ahora mismo, en tiempo real, la inteligencia artificial.

Los primeros inventos mencionados salpicaron la evolución humana durante más de 10.000 años, los dos últimos lo están haciendo en menos de 40 años. La velocidad a la que la raza humana progresa se ha multiplicado exponencialmente y eso supone un reto, de dimensiones prácticamente inabarcable, para los humanos de hoy en día. Del imprescindible libro ‘Sapiens: De animales a dioses’, de Yuval Noa? Harari, me quedó grabada una reflexión sobre como con estos cambios (la caza, la fábrica…) el individuo sufrió lo que en la práctica se tradujo como un empeoramiento de su vida en beneficio del conjunto de la especie.

Los agricultores del Neolítico trabajaban más, comían peor, enfermaban más y vivían menos que los cazadores-recolectores que los precedieron. Y sin embargo la agricultura ‘ganó’ porque permitió alimentar a diez veces más personas. La especie creció, pero los individuos concretos pagaron el precio. Algo similar pasó con la revolución industrial, donde el individuo trabajaba menos, comía mejor, era más feliz y estaba más en forma en su granja que en la fábrica. Yuval Noa? Harari, lo llama algo así como el mayor fraude de la historia.

Con esos ejemplos y viendo lo que se nos viene encima uno no puede sino tener una perspectiva negativa. Estamos en la siguiente revolución, la de la inteligencia artificial, sin haber asimilado la del internet. Sin ir más lejos, son de este mismo año los primeros juicios contra las redes sociales por volver adictos, a sabiendas, a la gente como hizo en su día el tabaco (esta carta inicialmente era para hablar de eso). Y sin haber asumido internet nos llega una revolución que más allá de los puestos de trabajo que cree y destruya nos interpela a lo más profundo de nuestra condición de ser humano. Mientras unos no quieren ver la realidad y otros se obsesionan con la hipotética ‘Inteligencia Artificial General’, los sesgos, la manipulación y la concentración de poder galopan libres a la velocidad de la luz. Y por el camino todos, como sociedades y como individuos, debemos plantearnos cómo es el mundo que queremos construir con esta nueva tecnología y qué enfoque ético, político y sociocultural le vamos a dar a estas nuevas herramientas.

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