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REPORTAJES
Actualizado 30/04/2026 09:58:42
Esther Guerrero

El ‘Viaje al centro de la Tierra’ no es solo una de las grandes aventuras imaginadas por Julio Verne; es también una forma de interpretar el territorio y de convertir el conocimiento en experiencia. Nantes, la ciudad que vio nacer al escritor, ha convertido la intuición de Verne en política cultural. Soria lo pudo hacer en los albores de este siglo.


Sin renunciar a su pasado industrial, Nantes ha construido alrededor de Julio Verne una identidad contemporánea basada en la creatividad, donde incluso una línea pintada en el suelo —la conocida “línea verde”— articula un relato urbano que conecta memoria, arte y futuro. No es solo señalética: es una narrativa pública que ha redefinido la ciudad y la ha situado en el mapa.

A comienzos de los años 2000, Soria tuvo sobre la mesa un proyecto que, desde otra escala y sin respaldo institucional, apuntaba en una dirección similar: convertir su paisaje en relato, su patrimonio geológico en experiencia y su territorio en centro de interés.

La propuesta, ideada por la arqueóloga Marian Arlegui, nunca llegó a ejecutarse. Su desarrollo frustrado se suma a una secuencia de oportunidades perdidas que han marcado el devenir reciente de la provincia: desde la incapacidad para liderar el sector de la trufa frente a Teruel hasta la ausencia de un proyecto vertebrador en torno a las icnitas, pese a su relevancia científica y mediática en los años 90.

La génesis de aquella iniciativa responde a la doble mirada: técnica y territorial de su creadora. Por un lado, Arlegui acumulaba una amplia experiencia en gestión cultural dentro de la administración autonómica, con una visión global de la distribución de equipamientos en Castilla y León.

Por otro, observaba que no existía una planificación estratégica en el territorio con una distribución equitativa de equipamientos culturales en el espacio autonómico: León contaba con el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León y la incipiente inversión en el Museo de la Minería, Zamora con el Museo de la Etnografía del occidente de la Comunidad, Burgos con el Museo de la Evolución Humana y su Centro de Investigación.

Pero la provincia carecía de una instalación cultural de referencia comparable a las existentes a estos territorios capaz de estructurar un discurso, vertebrar culturalmente el territorio y atraer público.

Verne se revela en Tierras Altas

Esa ausencia resultaba especialmente significativa si se tiene en cuenta el potencial de Soria. La provincia atesora un patrimonio geológico singular, con yacimientos de icnitas y una riqueza geológica y paisajística que, en palabras de la propia impulsora, “invita a explicar la Tierra”.

Fue en uno de sus recorridos por Tierras Altas —la zona más afectada por la despoblación— donde comenzó a tomar forma la idea: un centro que permitiera simular un descenso al interior del planeta y, a través de ese viaje, narrar su origen formativo, su evolución y su presente.

Inspirado en la obra de Verne, planteaba una experiencia inmersiva en la que el visitante recorrería las distintas etapas geológicas, desde la formación de la Tierra a la aparición de la vida y el desarrollo de los dinosaurios, las sucesivas extinciones de vida, hasta llegar a la época actual, en la que el hombre afecta y amenaza formas de vida en el planeta. No se trataba de un centro anclado en tiempos paleontológicos. Uno de sus rasgos distintivos era la voluntad de conectar ese relato con el presente, incorporando una dimensión medioambiental y ética.

En ese sentido, el diseño incluía un sistema de información en tiempo real que permitiría seguir fenómenos naturales a escala global: erupciones volcánicas, tsunamis, eventos climáticos extremos o crisis medioambientales.

El objetivo era que el visitante no solo comprendiera el pasado del planeta, sino también su fragilidad actual y la responsabilidad colectiva en su conservación. Para la época —2006-2007—, esta apuesta por la conectividad y la actualización permanente resultaba especialmente innovadora.

Una interpretación dinámica del territorio

El centro no estaba concebido sólo como un museo expositivo. El núcleo del proyecto residía en la interpretación dinámica del territorio. En esa línea, se planteaban también usos complementarios como la proyección de documentales y cine de temática científica o de ficción, especialmente orientados al público familiar.

La dimensión educativa ocupaba un lugar central. El proyecto estaba diseñado para atraer a escolares y universitarios no solo de Soria, sino de comunidades cercanas como Aragón, La Rioja o el País Vasco. Se concebía como un centro de referencia para la formación en ciencias de la Tierra, con programas específicos para distintos niveles educativos.

A ello se sumaba la organización de recorridos guiados por el entorno de Tierras Altas, donde los visitantes podrían aprender a interpretar huellas, identificar especies vegetales o desarrollar técnicas básicas de orientación es decir, a establecer una relación directa con la tierra, saber caminarla, escucharla, comprenderla.

Otro de los aspectos más avanzados del planteamiento era su enfoque inclusivo. Arlegui incorporó desde el inicio la necesidad de adaptar el espacio a personas con discapacidad, tanto física como sensorial. El proyecto contemplaba áreas específicas donde, por ejemplo, personas con dificultades visuales pudieran experimentar el entorno natural a través del sonido, el tacto o la percepción del ambiente, en condiciones de autonomía y recogimiento.

En la comarca más despoblada de España

La ubicación respondía a una lógica clara de reequilibrio territorial. El centro debía situarse en Tierras Altas, favoreciendo la dinamización de una de las zonas más despobladas de España.

Se barajaron dos posibles emplazamientos, próximos a núcleos habitados para garantizar servicios básicos, San Pedro Manrique y Yanguas, pero siempre en contacto directo con formaciones rocosas que permitieran integrar el edificio en el propio discurso geológico. La arquitectura, de hecho, debía adaptarse a ese condicionante, aprovechando paredes rocosas como parte del recorrido expositivo. Se rataba, al fin y al cabo, de viajar al centro de la Tierra.

El nivel de desarrollo del proyecto fue notable. Se elaboró un estudio de viabilidad de modo que el riesgo o la incertidumbre se redujera y eliminara con una evaluación de potencialidades: se analizaban públicos potenciales y la formas de su captación el modelo y ritmo de funcionamiento —con aperturas adaptadas a la estacionalidad— y se llegó a diseñar un preproyecto arquitectónico.

La inversión prevista para la construcción del edificio rondaba los 2,5 millones de euros de los de hace 20 años, incluido el presupuesto estimado del proyecto museográfico. El crecimiento previsible del Centro vendría determinado por incremento de actividad demandada, flujos de visitantes y económicos.

La competencia entre territorios no favorece a Soria

Pese a ello, la iniciativa no prosperó. La falta de una planificación estratégica a escala autonómica, la competencia entre territorios y la preferencia por proyectos de menor envergadura frenaron su desarrollo. En paralelo, otras provincias avanzaban en iniciativas que consolidaban su posicionamiento cultural y científico.

El proyecto de Arlegui evidencia el problema de fondo de la provincia: la ausencia de una visión territorial integrada. Frente a modelos basados en la distribución equilibrada de equipamientos de distinta escala, Soria —y en buena medida Castilla y León— ha tendido a una lógica fragmentada, donde los proyectos compiten entre sí sin articular un sistema coherente.

A ello se suma, según el diagnóstico de la arqueóloga, una cierta falta de ambición, que ha llevado a priorizar intervenciones menores frente a apuestas transformadoras, innovadoras, integradoras. El proyecto actuaria en el entorno local, Tierras Altas, con una decisiva trascendencia provincial y evidenciando un posicionamiento de la Comunidad Autónoma en un tema esencial. Territorio y planificación estratégica.

Un proyecto que mantiene su vigencia

Dos décadas después, el proyecto mantiene, en muchos aspectos, plena vigencia. La creciente sensibilidad medioambiental, el desarrollo de tecnologías de comunicación global y el auge del turismo vinculado a la naturaleza refuerzan la vigencia de una iniciativa que buscaba, precisamente, integrar conocimiento, territorio y sostenibilidad.

Más allá de su materialización, la propuesta funciona hoy como síntoma y como advertencia. Como síntoma de una provincia que ha identificado con claridad algunos de sus recursos estratégicos, pero que no siempre ha logrado traducirlos en infraestructuras duraderas. Y como advertencia sobre el coste de esa inercia en un contexto marcado por la despoblación y la necesidad de redefinir modelos de desarrollo.

En ese marco, el ‘Viaje al centro de la Tierra’ que nunca se construyó adquiere un valor que trasciende lo anecdótico. No es solo un proyecto fallido. Es, en cierto modo, la representación de una ambición cultural que, como tantas otras en Soria, quedó a medio camino entre la iniciativa de un particular y la parálisis administrativa.

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