El paisaje lingüístico en Soria es de todo menos aburrido. Entre versos, desahogos y algún que otro ‘feo’ bien colocado, la ciudad ha montado una conversación colectiva donde todos tienen algo que decir.
Desde luego que a Soria no se viene solo a comer torreznos, tapas o limonada (aunque es un buen motivo). La mayoría de la gente que llega aprende rápido algo que no siempre se dice en las guías: Soria tiene voz propia, y habla en cualquier rincón.
Y no, no hablamos (solo) de los sorianos. Hablamos de las paredes, de las calles. De ese momento en el que levantas la vista y te encuentras una frase que no sabías que necesitabas leer, o que directamente no sabías que alguien necesitaba escribir.
Dar un paseo por ciertas zonas de la ciudad al final es parecido a abrir un grupo de WhatsApp: nadie se pone de acuerdo. Están las frases literarias con referencias a grandes autores, los poetas intensos con invenciones propias, los antisistemas con rotulador y las instituciones que tratan de transformar Soria para darle un aire nuevo pero culto a la vez.
El resultado es un popurrí de ideas, voces y mensajes, a veces contradictorios, que luchan por definir la identidad de la ciudad. Es una conversación colectiva, desordenada, pero viva y abierta.
La pregunta es inevitable: ¿quién está detrás de todo esto?
Por un lado, muchas de estas frases nacen dentro de CreaSoria, una iniciativa del Ayuntamiento de Soria junto a colectivos como la Asociación Cultural Coletas Estrelladas. A través de talleres como ‘Exprímete y pinta’, se abre un espacio para la expresión de los jóvenes sorianos.
Por otro lado, están las voces antisistema que irrumpen sin pedir permiso con mensajes directos. Son las voces que corrigen, tachan o directamente sabotean el mensaje original.
Es el caso de la pintada de ‘organízate y lucha’ que alguien remató más abajo con un contundente ‘feo’, quitándole de un plumazo el empoderamiento que trataba de transmitir al principio. Arte callejero en su máximo esplendor.
Pero, dentro de estas voces que corrigen y que cambian el sentido, no todo es reírse o hacer un mal chiste. También tenemos a los genios expertos en el giro inesperado, por ejemplo, quien decidió que los ‘peces que se van’ en realidad eran ‘pescados que se ivan’. No solo cambió una frase, cambió el sentido entero. De pronto, lo poético se volvió una crítica al consumismo, como si alguien gritara: '¡Que no, que ya no se van, que los han pescado!
Y es que hoy en día parece que todo se rebela, hasta la ortografía. En el caso de los peces que se ‘ivan’ la licencia ortográfica tiene un pase, pero claro, ¿dónde está el límite?
Al final, todas estas frases convierten la ciudad en un texto que se reescribe continuamente, que no está terminado. Pero claro, que no esté terminado no significa que no tenga que estar corregido, ¿no? Encima de que este mensaje tampoco es que sea muy trascendente, si ya lo escribes mal, ¡lo rematas!
Dentro de la selección de pintadas que más nos gustan hay algunas que, directamente, se te quedan rondando en la mente durante días, es el caso de la frase de la estación de autobuses: ‘No me iré sin recordarte lo mucho que te quiero’.
Colocada justo donde la gente se va y vuelve, el lugar perfecto. Es imposible no verlo sin pensar que, por un segundo, está hablando de ti ¿Quién no ha sentido la necesidad de leerlo cada vez que se sube o se baja de un autobús?
Por su lado, las frases del taller tampoco se quedan atrás: ‘Te echo de menos, aunque cada vez menos’, ‘Televisión, necesito que te calles para poder escuchar las calles’, ‘El orden de los recuerdos no altera el olvido’.
Llega un momento en el que ya no sabes si vas escuchando a los pajaritos o te has puesto los cascos y estás escuchando un episodio sobre ruptura emocional de un podcast. Pero oye, funciona.
Lo que sí está claro es que el paisaje lingüístico de Soria es cualquier cosa menos aburrido. Tiene humor, tiene crítica, tiene nostalgia… y tiene ese punto de ingenio que hace que una pared cualquiera pueda darte más de una conversación.
Porque al final, el sentido no es leer una frase suelta, sino entender el conjunto, el mensaje colectivo. Comprender el libro que se crea y que está lleno de anotaciones, respuestas, tachones, chistes y pequeñas discusiones.
Un libro donde el sentido no está dado de antemano: se hace al andar.
O, en este caso, al graffitear.