Báculo Santa María Huerta


PROVINCIA
Actualizado 19/05/2012

La Diócesis de Osma-Soria aportará tres piezas a la exposición ‘Monacatus’ de Las Edades del Hombre que en esta edición se celebra en el Monasterio de San Salvador en Oña (Burgos) y que inaugurará la reina Sofía el próximo martes, 22 de mayo, según informaron la Fundación de Las Edades del Hombre y la Vicaría Episcopal de Patrimonio de la Diócesis oxomense-soriana.

Talla de Santo Domingo de Silos
¿Pedro de Cicarte?
Comienzos del siglo XVII
Madera policromada
103 x 38 x 30 cm
Colegiata de Santa María del Mercado. Berlanga de Duero (Soria)

Uno de los tres retablos situados en el trascoro de la Colegiata de Berlanga de Duero se encuentra presidido por esta escultura de Santo Domingo de Silos.
Santo Domingo de Silos fue una de las figuras más populares en el santoral medieval español. Nacido en torno al año 1000, después de ser pastor y ermitaño ingresó en el monasterio de San Millán de la Cogolla de la orden benedictina hacia el 1025. Pronto destacó por su caridad y prudencia, recibiendo el encargo de restaurar el ruinoso priorato de Santa María de Cañas, donde demostró su habilidad en la administración. Cumplida la misión, regresó a San Millán, de donde siendo prior fue expulsado al negarse a entregar al rey García de Nájera los beneficios del monasterio. Acogido en Castilla, el rey Fernando I y el Obispo de Burgos le confiaron la reconstrucción del antiguo monasterio de San Sebastián en Silos, donde murió en el año 1073. La fama de santidad y los milagros obrados ante su tumba convirtieron este cenobio en un importante centro de peregrinación que cambió su antiguo nombre por el de su reformador. Desde allí irradió su culto a toda Castilla, dedicándosele numerosas cofradías.
A falta de documentación, el análisis estilístico revela afinidades con las obras del arquitecto, ensamblador y escultor Pedro de Cicarte.

Báculo pastoral de Medinaceli
Anónimo
¿Siglos V-VII?
Bronce
17 x 7,2 cm
Colegiata de Santa María. Medinaceli (Soria)
Procedencia: ¿Toledo?

Las primeras referencias de las que tenemos constancia de este báculo corresponden al Dr. de Contreras, quien en 1754 daba a conocer una serie de hallazgos detectados al exhumar en 1581 los Cuerpos Santos de Medinaceli: “Cabóse mas adelante hacia la pared del muro, y adarve, que por aquella parte cerca la Villa, donde la Capilla se acaba,…, y la Ayjada, o Vara de un Báculo Pastoral, al parecer de metal, y asidos en el dos Anillos de plata”. Las reliquias se encuentran en un Relicario en la Colegiata de la citada localidad.
En Hispania estos báculos se vienen usando desde el siglo VII, pero su origen se remonta a los primeros momentos de la Iglesia. Y si además tenemos presente el resto de los materiales detectados, estaríamos en torno a la data de los vidrios, siglos IV-VI. Por todo ello, y con ciertas reservas, podemos situar este báculo a momentos anteriores al siglo IX.

Báculo de San Martín de Finojosa
Anónimo. Taller de influencia lemosina
Siglo XIII
Cobre sobredorado con cabujones
40 x 19 cm
Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta (Soria)

La estructura del cuerpo de este báculo consta de caña, nudo y voluta. La caña es de forma hexagonal y su decoración se nos presenta en dos cuerpos con figuras grabadas que representan a los Apóstoles, algunos de ellos portan en sus manos un libro. El nudo, en forma de esfera, está compuesto por dos pequeños cuerpos con una decoración en cuyo interior alternan cabezas mitradas, en actitud frontal, y un ornamento de hojas en forma rómbica. El tema central de la voluta es la Anunciación, la cual finaliza en una cabeza de serpiente o de dragón. En la escena principal el ángel porta en su mano izquierda una filacteria indicando con la derecha la presencia de la Paloma, que mira a la Virgen.
San Martín de Finojosa, a quien se atribuye la propiedad de este báculo, fue abad de 1166 a 1185, Obispo de 1186-1192 y murió en 1213. Fechas que pueden ser claves para establecer la fecha del báculo habiéndose establecido su realización a lo largo del siglo XIII.

Título de la Exposición

El título de la decimoséptima edición de las Edades del Hombre es ‘Monacatus’, transcripción fonética de “monachatus”, término tomado del latín “monachus”, y que a su vez deriva del griego “μοναχóς”, cuyo significado es “solitario”. Con esta palabra se ha querido expresar y condensar la realidad histórica del monacato en la Iglesia Católica en el territorio de Castilla y León, y los diversos carismas de vida consagrada monástica, un don del Espíritu Santo para la comunidad eclesial y para la sociedad humana de ayer y de hoy.

El guión

La elección de Oña como sede de la decimoséptima edición de Las Edades del Hombre se debe a la celebración del milenario de la fundación del Monasterio de San Salvador (1011) por el Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González. Dado que el lugar de la muestra es el citado monasterio, y que para su desarrollo se ocupará la iglesia, la sacristía, la sala capitular y el claustro (obra de Simón de Colonia, 1503-1508), se ha decidido tomar como argumento la vida consagrada en la Iglesia Católica.

La Exposición estará compuesta por seis capítulos:

Capítulo I

Este capítulo ofrece las claves interpretativas de toda la Exposición, pues en él se expresa el significado teológico y eclesial de la vida religiosa. Está inspirado en las aportaciones más destacadas del capítulo sexto de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia (1964) y del Decreto Perfectae caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa (1965), del Concilio Vaticano II, así como en las reflexiones del Beato Juan Pablo II en su Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo (1996).

Capítulo II

Personajes bíblicos y santos que marcharon al desierto, personajes históricos de Castilla y León y de Burgos, en particular, que, sin dejar el mundo, se retiraron de él buscando un camino de mayor perfección cristiana, viviendo solos o en comunidad. También se abordan las primeras fundaciones cenobiales acontecidas en nuestra comunidad, con especial atención al Monasterio de San Salvador de Oña.

Capítulo III

Dedicado al “Ora” clásico de la vida religiosa: a la oración, la celebración litúrgica, la Lectio divina y las devociones de los monjes.
La oración pertenece a la esencia íntima de la Iglesia, que sigue el ejemplo y el mandato de Cristo y de los apóstoles de orar siempre, insistentemente, y sin desfallecer. Y como no podía ser de otra manera, la oración ha sido y es uno de los pilares fundamentales de la vida monástica.
La suprema vocación de monjes y monjas es estar siempre con el Señor, y velar orando ante su próxima venida. El rezo o canto del Oficio Divino o Liturgia de las Horas (actualmente oficio de lectura, laudes, hora intermedia -tercia, sexta, nona-, vísperas y completas), conforme a la antigua tradición cristiana, tiene como característica y finalidad propia la de dar culto a Dios, y santificar el curso entero del día y de la noche, y toda la actividad humana. Dicha oración está vinculada especialmente a la celebración del misterio eucarístico, la máxima expresión litúrgica de la Iglesia, centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana.

Capítulo IV

Abordará ese “Labora” mediante subcapítulos dedicados a la regla, el abad, el scriptorium, los horarios, la hospitalidad, la comida, el territorio… y todas aquellas cosas que conforman la vida comunitaria cotidiana de los monjes.

Capítulo V

A lo largo de la historia, el Espíritu Santo ha suscitado a personas que han consagrado su vida a Cristo por el Reino de los Cielos. Unos han sido fundadores de órdenes monásticas, otros han sido sus seguidores. Unos y otros cantan la grandeza de los designios divinos, y muestran en la tierra los dones reservados para el Cielo.
En este capítulo se presentan, de modo sintético, a los fundadores y/o difusores de los carismas monásticos suscitados por el Espíritu, para bien de la Iglesia y del mundo, en el transcurso de los siglos. Teniendo especial relevancia las órdenes monásticas presentes en Castilla y León, benedictinos, cistercienses, premostratenses, cartujos y jerónimos.

Capítulo VI

Dado que la Exposición se celebra en Oña, en cuya iglesia está el panteón real y condal, no debía faltar en esta muestra un capítulo dedicado a las relaciones históricas existentes entre ambas instituciones, el monacato y la monarquía, entre los reyes y los monasterios, especialmente en el ámbito castellano-leonés.
En diversas ocasiones, los reyes y la nobleza escogieron la paz de los monasterios para que el descanso de sus restos mortales y los de sus familiares, por lo que las iglesias monasteriales se constituyeron en verdaderos panteones reales, como es el caso del paradigmático monasterio de San Salvador.
En el monasterio oniense se conservan ocho sepulcros condales y reales: en el lado de la epístola, los del fundador, el conde Sancho García, su esposa Urraca, y su hijo García Sánchez, además del de los infantes Alfonso y Enrique, hijos de Sancho IV; y en el lado del evangelio, los de los reyes Sancho II de Castilla y Sancho Garcés III de Pamplona -también conocido como Sancho III el Mayor de Navarra- y su esposa Munia, y el del infante don García, hijo de Alfonso VII el Emperador.

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