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2020: Un año sin vía de escape

2020: Un año sin vía de escape

OPINIóN
Actualizado 31/12/2020 08:54
Sergio García

Artículo de opinión de Sergio García Cestero, director de Soria Noticias.

Decimos adiós a 2020, un año que ha sido -más allá de los avatares personales de cada uno- rotundamente malo. En este 2020 una enfermedad nueva, de la que nos reíamos hace solo un año, ha venido a complicarnos la vida y a golpear directamente a nuestro entorno.

Unas 400 personas han perdido la vida en nuestra provincia a Causa del Coronavirus. Cerca de un millar de sorianos han permanecido ingresados a causa de la Covid-19 y en torno a un 20% de los habitantes de nuestra provincia ha, hemos, sufrido la enfermedad. Son números que asustan y que nos deben obligar a reflexionar y a comportarnos durante estas fechas; nada existe si no hay salud.

A esos 20.000 sorianos que han sufrido los efectos del Coronavirus en sus carnes, el miedo afecta hasta al más estoico de los asintomáticos, tenemos que sumar todos los que han padecido esta enfermedad desde el punto de vista económico; ERTES, ERES, ceses de actividad, préstamos, quiebras, despidos, cierres, trabajos extras, dobles turnos... 2020 no ha sido un año fácil para casi nadie. Y especialmente no ha sido un año fácil para los sanitarios que han tenido que vivir un infierno que no me atrevo ni a relatar porque estoy seguro de que no llego ni a vislumbrarlo.

Pero yo hoy quería apuntar aquí un aspecto de la pandemia sobre el cual tengo la sensación de que nos hemos enfocado poco; el del estado de ánimo y la salud mental de los ciudadanos. ¿Qué te pasa?¿Te veo como tristón? Hasta el más alegre de nosotros seguro que ha escuchado esta frase durante estos meses. Con esto no quiero decir que para que no estemos tristes haya que saltarse las restriciones y abrir las puertas al virus sino que la mental es un pilar fundamental de la salud y algo que debemos trabajar tanto a nivel social, como individual pasando por el ámbito familiar y social. Estar cerca de las personas que queremos, realizar nuestras rutinas o tener libertad para elegir lo que queremos hacer en cada momento, son cosas que nos ayudan a estar mejor y que este año no hemos podido hacer.

Y no es que ayamos tenido una mala calidad de vida en terminos absolutos, cualquier ser humano desde Atapuerca a la posguerra firmaría tener que confinarse bajo un techo seguro, con calefacción, entretenimiento y el suministro de víveres asegurados, sino que nos han sacado de unas dinámicas en las que nos encontrábamos muy a gusto.

Este 2020 los abuelos no han podido recibir la visita de los nietos de los domingos a la hora de comer y los chavales no han podido salir a ligar en las verbenas. No hemos tenido momentos de desfogue aporreando una chapa en Valonsadero, ni de reencuentro sacando a hombros el santo del pueblo, ni de sociabilidad recorriendo la comarca entera de fiesta en fiesta. Todo eso, y muchas cosas más, este año se ha ido al limbo y nos ha vuelto más tristes y más irascibles. Comprendámonos y luchemos contra ello entre todos.

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