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CAPITAL

ASDEN dice que el ‘flujo preferente’ del Duero hace inviable el restaurante del Soto Playa

Plano de ubicación de la CHD facilitado por ASDEN.
Plano de ubicación de la CHD facilitado por ASDEN.
Actualizado 29/01/2015 18:51:38

Los ecologistas aseguran que la CHD ve que en esta zona se “puedan producir graves daños sobre las personas y los bienes”.

La agrupación ecologista soriana ASDEN ha avanzado que en próximos días el Ayuntamiento tiene previsto otorgar la licencia de obras para instalar un bar y restaurante en un edificio de obra en el Soto Playa. Una licencia que debe ser otorgrada tras el visto bueno de la Confederación Hidrográfica del Duero, y según el informe preceptivo enviado por el Consistorio capitalino.

Siempre en función de lo que perciben en ASDEN, ese lugar está dentro del área denominada como de ‘flujo preferente’ del río, y se remiten al texto ‘Linde del Altoduero’, y en el cual, tal y como dicta la normativa vigente -Artículo 9, RD 670/2013-este área es “la zona donde se concentra preferentemente el flujo durante las avenidas, o vía de intenso desagüe, y de la zona donde, para la avenida de 100 años de periodo de retorno, se puedan producir graves daños sobres las personas y los bienes”.

“A esto hay que añadir”, han señalado estas fuentes, “y así lo han constatado un gran número de sorianos y medios de comunicación, que esa zona está cubierta por el agua incluso en periodos de retorno inferiores a los 10 años. Es decir, que si se actuara con rigor tales terrenos estarían dentro del Dominio Público Hidráulico”.

Para el colectivo ecologista soriano, estas cuestiones jurídicas “no son baladís”, ya que “tienen su justificación y finalidad ambiental, social y económica”, siendo que el reglamento de protección tiene como objeto “evitar el deterioro de un recurso natural imprescindible como es el agua y del dominio hidráulico como espacio público que acoge grandes valores ambientales”.

El recurso en cuestión “tiene la importante finalidad de preservar la vida e integridad de las personas y de sus bienes ante el seguro riesgo de una riada”. Así, en el futuro, los ecologistas vaticinan que la construcción del edificio en ese lugar “conllevará como mínimo el deterioro y la destrucción periódica de gran parte de las instalaciones y bienes del bar-restaurante”. Ante esta situación, el adjudicatario de las instalaciones “podrá solicitar la correspondiente indemnización, que tendrá que ser pagada por el Ayuntamiento de Soria, es decir con el dinero de todos los sorianos”.

Para este colectivo, quien lleve la gestión de estas instalaciones “no asumirá tales pérdidas, que son seguras, a sabiendas de que además no podrá realizar obras como elevaciones del terreno, muros, etc. para evitar otras futuras y seguras inundaciones, ya que están prohibidos”. Esto presupone “un fracaso de proyecto”, con el consiguiente coste económico y político “que tendrá que asumir otra corporación municipal distinta a la actual”.

Estas tesis han sido extendidas también hacia el parque multiaventura, ahora en licitación, en Valonsadero, “ya que se ubica en la zona inundable e incluso dentro del antiguo cauce del río Pedrajas”.

Sin embargo, han querido insistir en que ubicar un negocio de hostelería junto a la orilla del Duero, “que es Lugar de Interés Comunitario”, supone vez atraer la afluencia de pública e “intensificar el uso sobre los lugares más valiosos y sensibles del río”. Algo que consideran contrario a los “supuestos objetivos” del Consistorio que persiguen la declaración de Soria como Reserva de la Biosfera.

Desde el punto de vista de ASDEN, y observando cómo se proyectan los servicios hosteleros ligados a espacios naturales en otras zonas de España y de Europa, en la agrupación han aconsejado emplazar dichos establecimientos a cierta distancia de la orilla, “evitando los peligros de las inundaciones y reduciendo la presión humana sobre el río, que es uno de los más cercanos y valiosos patrimonios naturales y culturales que posee la ciudad”.

Por último, han indicado que habría que aplicar principios de eficiencia, y planificar y agrupar servicios e instalaciones en vez de dispersarlos por todo el río. “Con ello se reducen los costes y se podrían mantener abiertos todo el año”, han observado. “Lo correcto es que se ubicarán en unas instalaciones ya construidas que puedan acoger y compartir gastos, personal y ofrecer servicios que ahora faltan o son precarios: servicios sanitarios, información turística, educación ambiental, biblioteca, etc”.

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